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Ministras

   Dicen los manuales del feminismo que las mujeres tenemos el mismo derecho que los hombres a formar parte de cualquier gobierno aunque seamos claramente incompetentes para desempeñar el puesto. Y es cierto que en España hemos tenido ministros tontos para repartir, antes y después de ser demócratas. Pero dicho esto, y con la incomodidad que me produce personalmente criticar a otra mujer, lo de las ministras de Zapatero es para que se las incluya en el Libro Guinnes de los Records; imposible de superar ni aunque se repartan los cargos del Ejecutivo en función del sexo y en aras de la cuota en lugar de con criterios de idoneidad.

   La ministra de Sanidad, Elena Salgado, que cuando la nombraron parecía de las más listas, se está demostrando incapaz total y no porque no sepa de Sanidad o de cómo organizar un ministerio, sino porque lo primero que debería conocer, y luego practicar, es el arte político de gobernar poniendo buena cara. ¿No sabe sonreír esa mujer? No; solo regañarnos. Por fumar, por beber, por comer cualquier cosa que produce satisfacción entre la ciudadanía es motivo de una regañina por parte de la ministra que siempre está enfadada. Ni siquiera en Navidad nos ha dejado de recordar que lo que nos estamos comiendo engorda, a la par que conseguía aumentar las colas de adolescentes ante los mostradores del Burger King.

   A Salgado le ha salido la competencia de la cuota del Gobierno con su colega de Fomento, Magdalena Alvarez. Además de sonreír -y esta tampoco sonríe- los/las componentes del Ejecutivo deberían aprender a hablar en público. También sería bueno que practicaran el reconocimiento de algunos errores, que en el caso de la titular de Fomento caerían en el capítulo de explicar por qué su departamento fue tan laxo durante tanto tiempo con Air Madrid, cómo es que no tenía previsto qué hacer con sus pasajeros cuando se estaba gestando la crisis y cómo es posible que en medio de la crisis ella culpe de querer ser turistas a los inmigrantes que se apiñaban en los aeropuertos.

   El resto de las ministras afortunadamente salen poco de sus despachos y menos aún ante las cámaras. ¿Alguien sabe de qué va la de Agricultura o ni siquiera como se llama? María Antonia Trujillo, la de Vivienda, se ha quitado de en medio y poco hemos sabido de ella desde que patinó con las zapatillas Kellyfinder. La de Medio Ambiente seguro que sigue sus pasos después de haberse declarado partidaria de suprimir la muerte de los toros en las plazas. Y la de Educación actual sigue siendo tan desconocida como su antecesora. Solo la Vicepresidenta, mujer trabajadora y capaz, da la talla. Muchos la están proponiendo como personaje del año que acaba. A ver si el próximo Zapatero concluye que hay más mujeres capaces para ocupar los sillones de su Consejo de Ministros. Las españolas en general se lo agradeceríamos.

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