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Una legislatura muy 'guerrera'

La gente se había echado a la calle y las encuestas decían que más del ochenta por ciento de los españoles estaban en contra de la guerra de Irak, en la que nos había metido José María Aznar, sin el apoyo de la ONU ni de la Unión Europea. El Gobierno del PP había cambiado la laboriosa e importante relación lograda, al cabo de los años por gobiernos anteriores, con los países europeos por cobijarse a la sombra del “amigo americano”. Y en eso, tras el 14 M, solamente unos pocos días después, el propio José Luis Rodríguez Zapatero anunciaba a la nación que había dado la orden al ministro de Defensa José Bono para que nuestras tropas abandonaran Irak. Fue el pistoletazo de salida de la confrontación que se iba a mantener, alentada por el PP en la mayoría de los casos, entre los dos partidos en el ámbito de la Defensa, como sucedería en otros sectores. En la familia militar, en general y entre los generales, no sentó muy bien la decisión. Una retirada siempre suena a derrota, aunque ésta no lo fuera. En todo caso, acataron y obedecieron, una vez más y con la misma brillantez que habían cumplido sus misiones en aquellas tierras, se retiraron ordenadamente.

Claro que, después de Irak ha estado dando guerra la presencia de nuestras tropas en Afganiton, criticada por Gaspar Llamazares desde IU y utilizada por el “trío de los cuatro” Rajoy, Zaplana, Acebes y Aznar – para denunciar una pretendida hipocresía del Gobierno por abandonar Irak y no Afganistán. Los socialistas se refugiaban en el termino “misión de paz”, aunque hubiesen bajas – como las hubo - y en el paraguas de la OTAN y la ONU, que en ningún momento cubrió la invasión acordada en las Azores. Izquierda Unida, a pesar de todo, ha seguido pidiendo la retirada de nuestras tripas del lejano país de Oriente Medio, mientras el ministro Alonso justifica allí nuestra presencia en “misión de paz”, misión en la que hay víctimas como en todas aquellas en las que se llevan la máquina para reconstruir y las otras máquinas para matar, aunque sea en defensa propia: es decir, para combatir.

 Con el envío de tropas al Líbano, tras el alto el fuego de los israelíes, el PP volvió de nuevo a la carga, pero es de justicia señalar que el Gobierno cumplió su palabra y ni un solo soldado cruza nuestras fronteras sin el permiso del Parlamento. En la OTAN se aumentó nuestra presencia e influencia a la hora de decisiones. Dos Grupos de Combate de Intervención Ràpida son españoles y de ellos uno entró en actividad el primero de todos los previstos por la Organización Nuestra presencia en las maniobras y apoyos en misiones internacionales son constantes y lo que se ha presentado como una derrota por el PP – la elección de un general italiano en lugar del JEMAD español para el mando de las tropas – hay que verlo desde una ecuación muy simple: los italianos aportan más que nosotros. Claro que las no tan buenas relaciones con la administración Bush del Gobierno español también pueden haber operado,

José Bono, flamante ministro de Defensa, se encontró con una herencia envenenada que luego supo con habilidad, sí, pero con razones también, demostrar la suciedad con que el Gobierno de Aznar y su ministro de Defensa, Federico Trillo había administrado la tragedia del Yak-42 en el que pedieron la vida 62 militares españoles y 7 tripulantes ucranianos, procedentes de los frentes de Oriente Medio. Le ayudo – y tal vez eso le facilitó el ascenso – el general Tamarit, complicado en el 23 F y que había llegado a general de División de la mano de Trillo. El que más tarde sería teniente general Tamarit ayudó a Bono a encontrar documentación que demostró la imprudencia del contrato de aquellos aviones y lo que es mucho peor, la barbaridad de las identificaciones de los cadáveres. En algunos casos en los ataúdes iban mezclados los restos Cierto es que Bono no quiso hacer mucha sangre, pero la presión de los familiares no le dio opción y todas las investigaciones llegaron a la conclusión de que el desastre se había perpetrado por la prisas de un funeral glorioso y televisivo en Torrejón.

Los debates sobre los estatutos, y sobre todo el catalán, también tuvieron corolarios en las Fuerzas Armadas; unas declaraciones del teniente general Mena, recordando el artículo 8 de la Constitución en relación con las misiones de las Fuerzas Armadas y la unidad de España volvieron, sin fundamento, a recordar el “ruido de sables” en los cuarteles. Otro problema al que tuvo que enfrentarse el ministro fue la legislación sobre la enseñanza y el asociacionismo militar. y el de los militares profesionales que habían cumplido su compromiso y se quedaban en la calle. Este último supieron resolverlo, aunque quedan flecos para el futuro. En la enseñanza, con el cambio de ministro – Bono quiso dimitir mil veces y al final le dieron el sí - se enterró un proyecto de Universidad Militar por otro de Academias Militares adscritas a universidades. En cuanto a la falta de soldados, en esta legislatura ha cambiado la tendencia y se han cubierto las previsiones, gracias a l inmigración y a la crisis de la construcción.

El asunto del asociacionismo aún colea En la Guardia Civil se han buscado resquicios legales para asociarse, camino que también pretende seguir la sospechosa Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) que se manifestó de forma legal a finales de noviembre y que – no deja de ser curioso – está liderada por abogados. Este es un asunto que, de una forma u otra, el PSOE deber-abordar en la siguiente legislatura, si gana las elecciones de marzo.

La llamada Ley de la Memoria Histórica ha pasado de refilón por el ministerio de Defensa: aunque los militares, en general, apoyan la tesis del PP sobre lo innecesaria de la misma para “no abrir heridas” Pero ni las desapariciones de las estatuas de Franco ni la referencia- eso sí, de pasada – a la UMD en el prólogo de la citada Ley, han causado problemas.

En todo caso, el esfuerzo legislativo y reformador en los asuntos de la Defensa en esta legislatura – ahi está la reciente Ley de la Carrera Militar – ha sido prolijo pero aún quedan tareas importantes, como un mayor control de la venta de armamentos que la hipocresía comercial internacional ha tenido tanto tiempo aparcado.

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