No todos los niños tienen a alguien que les ayude a hacer los deberes. A veces, los padres no pueden porque han olvidado lo que aprendieron en el colegio. Un proyecto se ocupa de que todos los alumnos madrileños tengan esa oportunidad.
“No solo les echamos una mano con las materias de la escuela. Aquí les ayudamos a aprobar otra asignatura aún más importante: la adaptación al ritmo educativo de los españoles”, asegura Marisa, de 47 años, una de las voluntarias de Adsis que imparte clases de español para inmigrantes en el centro que la fundación tiene en la calle de Peñascales, número 14, de Madrid. “Además de nuestra lengua, les explico nuestra cultura para integrar su manera de pensar con la nuestra. Los alumnos inmigrantes tienen una visión diferente del mundo y deben adaptarse a nuestra sociedad de la manera más digna posible”, añade.

Marisa es una de los 8 voluntarios de este centro de Adsis donde se lleva a cabo el proyecto '¿Me ayudas a hacer los deberes?'. Con esta iniciativa, la fundación brinda apoyo a los jóvenes que lo necesitan mediante un educador, una trabajadora social y otros ocho voluntarios, que son los que imparten las diferentes clases y los que se dedican a completar su formación.
Los chicos entran y salen del centro como si fuera su casa, pues allí hacen amigos, comparten juegos y disponen de ordenadores donde pueden consultar internet. “Vengo porque, además de que me ayudan con mis trabajos del colegio, puedo utilizar un ordenador, conectarme a Internet y conocer a un montón de gente. Lo pasamos muy bien”, declara Araceli, una joven de 15 años.

Los martes se centran en lengua, sociales, inglés y español y los jueves toman el relevo las ciencias y las matemáticas. Los miércoles los dedican a hacer dinámicas de grupo. “Nosotros les damos una atención integral porque nos preocupa su ámbito social y familiar, además del escolar. Tratamos de acompañarles en su proceso madurativo y por eso nos gusta que puedan hablar, que se expresen con tranquilidad, para así enterarnos de todo lo que pasa en su día a día y cuáles son sus problemas, sus preocupaciones y sus alegrías”, asegura María del Mar López, directora de este centro de Adsis, organización sin ánimo de lucro dedicada desde hace dos años a la promoción integral de personas y grupos empobrecidos y excluidos.

En la medida de lo posible, las clases son personalizadas: solo hay tres alumnos como máximo, y se imparten de 16.30 a 19.00. Los responsables evalúan periódicamente a los participantes y están en contacto con sus centros escolares. “Aunque está abierto a cualquier niño, todos los chavales que acuden a este centro son inmigrantes de muy diferentes nacionalidades: ecuatorianos, chinos, dominicanos, ucranianos y rusos. Yo estoy en contacto con todos los voluntarios para ver como van los chicos en las clases pero me preocupa también la realidad social que vivan los chavales, ya que suelen ser jóvenes en situación de riesgo o conflicto social”, asegura Maribel, de 26 años y trabajadora social del centro.

Las razones que empujan a los chicos y chicas de entre 12 y 18 años a participar en este proyecto son muy diversas. Algunos conocen a los educadores en la calle, otros son derivados de otros recursos del centro y al resto los convence el boca a boca. “Creo que entre todos podríamos crear una sociedad con más justicia social. Podríamos equilibrar mucho más la balanza si realmente quisiéramos. Yo pude estudiar durante muchos años y ahora me siento muy útil al poder ayudar a estos jóvenes a ampliar su conocimiento. Mientras siga habiendo personas que me necesiten, aquí estaré”, asegura Marisa.
La Fundación Adsis, que tiene dos centros en la comunidad de Madrid, en los distritos de Salamanca y Vicálvaro, ha podido llevar a cabo este proyecto gracias a la financiación proporcionada por las administraciones estatales, autonómicas y locales, a distintas entidades privadas y a las distintas donaciones que reciben.