El Salón Internacional Trienal de Máquinas para el Movimiento de Tierras, de Obras y para la Construcción, (SAMOTER), que se celebra en Verona, Italia, otorgó su mayor galardón a Panamá, por la ampliación del Canal. El premio fue recibido por Alberto Alemán Zubieta, administrador de la vía interoceánica. “ Es un honor recibir este reconocimiento” dijo Alemán Zubieta, “y lo hago a nombre de los colaboradores del Canal”. Los panameños mantienen en operación el Canal, desde que fue transferido a la nación panameña en 1999. Todas las generaciones istmeñas lucharon por recuperar su soberanía y el Canal, desde el mismo instante en que fue concebido como una sofisticada obra para perfeccionar el paso interoceánico, que funcionó desde el siglo XV, cuando se supo que la estrecha franja de tierra comunicaba los dos océanos más grandes del planeta. Los administradores y operarios panameños han sido reconocidos por el mundo entero como excelentes, incluso superando a los norteamericanos, que operaron la vía hasta 1999.
El Canal de Panamá acorta las distancias entre puntos estratégicos para la cadena internacional de suministros. Conecta de manera eficiente, rápida y segura, las costas este y oeste de América del Sur y América del Norte; garantiza el intercambio de productos entre el noreste de Asia y la costa Oeste de los Estados Unidos, acortando además la distancia y el tiempo de transporte entre China y Japón, y la costa este norteamericana. Con la construcción de puertos sofisticados en ambas costas, pacífica y atlántica, Panamá se convierte en el país americano con mejor perspectiva de desarrollo.
Los panameños esperan ingresar 30 mil millones de dólares entre 2010 y 2025, producto del peaje canalero y de los servicios que prestará el cluster que se desarrollará en ambas riberas de la vía, incrementando la oferta de servicios a la marina mercante internacional. La ruta se construyó en la parte menos montañosa del istmo -y la más corta- con apenas 80 kilómetros de largo, pero hasta 1999, cuando se fueron los norteamericanos, no fue posible pensar en el desarrollo de otras actividades que no fuera el paso de la riqueza, que los panameños vieron ir y venir, sin que se revirtiera de manera equitativa sobre el resto del istmo. Con la recuperación de la soberanía los panameños derribaron ese muro, que les impidió además crecer urbanamente como otras ciudades importantes de América.
Pero los panameños también saben que la riqueza puede irse... de otra manera. Y su sociedad civil, cada vez más protagónica, logró la aprobación de un Plan de Desarrollo Nacional, que será la guía social para la inversión de semejante riqueza. Antes de 2025 el pequeño país podría ser otra Irlanda u otro Singapur, si su sociedad civil se enfoca y se hace beligerante en pro del desarrollo humano y social.