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Festival de 'Euro-risión'

Festival de 'Euro-risión'

Bueno, hay que reconocer que el festival de Eurovisión tiene sentido del espectáculo. Es un festival amañado, pero gracioso en su sinvergonzonería, en el que Andorra, cumpliendo su obligación, da la máxima puntuación a España. Y así todos: priman al vecino, al aliado…En suma, votan lo mismo cada año, independientemente de la calidad de la canción con la que un país determinado se presenta. Porque ni Rusia, a la que le tocaba este año el estrellato, ni Ucrania, ni Grecia, merecían las máximas puntuaciones, aunque acaso sí Ucrania, con mayor profesionalidad. Ni, por supuesto, el hortera de Chikilicuatre y su troupe merecían un solo punto: gracias Suiza, Turquía, Grecia, Bélgica, Chipre, Francia, Portugal y la mentada Andorra por apoyar al gran cutre. En fin: que el bodrio halla una cierta acogida en los ámbitos de la decadente –nunca más de manifiesto—Europa.

No soy un asiduo de este festival, la verdad; de hecho, no lo había visto completo hasta este año, en el que me parece que el descaro, el mal gusto y la chabacanería han batido todos los récords. Ese jeta de Chikilicuatre es un aficionado, no obstante, en comparación con los directivos televisivos que le han apoyado. Pero, en fin, esto es un juego. Un juego en el que millones de europeos ven el ‘producto’ que cada país envía. Imaginen la imagen, tan ‘divertida’, que hemos enviado a esta Europa obviamente bien nutrida, archiminifaldera, algo gay, con escotes de silicona y toneladas de mal gusto.

Lo único de verdad divertido, el cachondeo que se traía el comentarista de la tele española. Muchos años de práctica asistiendo y glosando esta coña marinera, compañero.

Im-presentable, en suma.

Por FERNANDO JÁUREGUI
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