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El centro no existe

miércoles 29 de enero de 2020, 10:52h

Aún recuerdo con perplejidad cuando en 1977, meses antes de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura en España, existió una coalición de partidos al mas puro estilo macedonia de frutas, donde se mezclaban ideologías diversas bajo las siglas de Centro Democrático (CD). Previamente se habían coaligado el entonces Partido Popular (PP) de Pío Cabanillas y José María de Areilza, el Partido Popular Demócrata Cristiano (PPDC) de Fernando Álvarez de Miranda, la Unión Demócrata Cristiana (UDC) de Jesús Barros de Lis (que posteriormente se retiró de CD), el Partido Demócrata Popular (PDP) de Ignacio Camuñas (hoy en Vox), la Federación de Partidos Demócratas y Liberales (FPDL) de Joaquín Garrigues Walker, la Unión Democrática Española (UDE) de Alberto Monreal Luque y con posterioridad a estos se incorporaron el Partido Liberal (PL) de Enrique Larroque y el Partido Social Demócrata de España (PSDE) de Francisco Fernández Ordóñez. Pero a esta sopa de letras y partidos de corte testimonial y de exigua militancia, le hacia falta alguien que de verdad fuese capaz de llevarlos al poder. Ya por aquel entonces Adolfo Suarez era presidente del Gobierno y su figura levantaba las mismas esperanzas que recelos. Las primeras eran alentadas por aquellos que veían un hombre joven que parecía gozaba de la confianza del monarca Juan Carlos I y recelos de todos los demócratas de izquierdas, y sobre todo, de los que habían compartido con el de Cebreros asiento y camisa azul del Movimiento.

A esa larga lista de partidos se sumaron otros grupúsculos surgidos con la libertad de asociación política y dieron paso a la primera gran coalición posfranquista denominada Unión de Centro Democrático (UCD). A esta gran concentración de ideologías formadas por democristianos, liberales, socialdemócratas e incluso tardofranquistas reconvertidos en demócratas, les hacía falta un líder que aglutinase a todos, creando un todo de la nada que no fuese ni blanco, ni rojo, ni azul (colores que se obviaron en el logo de la coalición) y que fuese definido como sus siglas indicaban: “un partido de centro”.

En una España desentrenada en las lides democráticas, arengadas por el franquismo contra las hordas comunistas, los masones y otras fuerzas “enemigas de España” como gustaba decir por aquel entonces (Vox repite el mismo eslogan hoy en día….) ser de centro era una opción más que apetecible. El elector con ello no se alineaba ni con los rojos, ni con los nostálgicos del régimen de Franco. El votante se mantenía equidistante y expectante a lo que podía ser el devenir de la democracia y además apostaba por un hombre de amplia sonrisa que cautivó a muchos (y muchas) españoles.

Había nacido un líder y tras ganar las elecciones del 15 de junio de 1977, dos meses después, aquella coalición política se convirtió en partido; en el primer partido español de centro. Suarez era el líder incontestable, pero desde el mismo 4 de agosto de aquel año, fecha de constitución del partido, la maquinaria conspiratoria empezaba a ponerse en marcha contra el primer presidente de la nueva democracia. Primero a marcha lenta, pues no era oportuno hacerlo a calzón quitado, pero los celos son muy malos consejeros, tanto en el amor, como en la política.

Muchos de los compañeros de viaje de Suarez empezaron a cuestionar los orígenes democráticos de quien había sido discípulo de Herrero Tejedor y Ministro Secretario General del Movimiento, mientras otros alardeaban de un falso pedigrí de demócratas de salón o de aristócratas a la sombra del anterior Jefe de Estado, para decir que aquel que los había llevado a la victoria, tenía los días contados. Era algo así como la frase que Susana Diaz dijo de Pedro Sánchez en su primera etapa al frente del PSOE: “no sirve, ….pero nos sirve”.

Y como era de esperar, a Adolfo Suarez le dieron por todas partes hasta dejarlo sin apoyos dentro del partido, del propio Gobierno y además, los militares que le tenían ganas por considerarle un traidor con la legalización del Partido Comunista de Carrillo y de los socialistas del PSOE, pusieron la ultima gota que colmaba el vaso.

Suarez dimitía como presidente del Gobierno y también del partido en 1981, pero le había cogido gusto a eso de ser un hombre de centro y fundó a su imagen y semejanza un año después el Centro Democrático Social (CDS) para seguir en primera fila de la política. Suarez había ganado carisma y su actuación haciendo frente al cuartelazo que derivó en golpe de estado el 23 de febrero de 1981, le permitía seguir siendo una opción electoral apetecible……..pero menos. Con el CDS se presentó a las elecciones del 28 de octubre de 1982 y tan solo obtuvo seiscientos mil votos y dos diputados: Suarez por Madrid y Agustín Rodriguez Sahagún por Ávila tierra natal de Suarez. Peor le fue a la antigua formación centrista de UCD con Landelino Lavilla al frente, perdiendo hasta 157 diputados. El CDS poco a poco fue desapareciendo y Suarez abandonó la política finalizando una época trascendental de la transición española.

Tras la debacle de UCD, muchos optaron por pasar a Alianza Popular encabezada por Manuel Fraga, uno de los hombres que mas despreciaba a Suarez, sobre todo achacándole su escasa formación académica, algo de los que Fraga presumía con razón, pues era un hombre de gran capacidad intelectual. El líder conservador nunca aceptó no ser él el elegido por el Rey, tras la caída de Arias Navarro.

Tras aquel fracaso, se puso en marcha en 1983 la Operación Roca (Miquel Roca) con el Partido Reformista Democrático, una especie de remedo centrista y liberal que pretendía recoger el voto perdido de centro que había ido a parar a Alianza Popular de Fraga, pero el fracaso fue tan estrepitoso que acabó no obteniendo ni un solo escaño. Otra vez el centro desaparecía. Dicen los optimistas que el centro se fue creando dentro del ya denominado Partido Popular, pero esto no ha sido nunca creíble, pues el ideario conservador del mencionado partido, ha vivido mas escorado a la derecha que en la equidistancia política que se exige a un partido centrista.

Con posterioridad, una beligerante y díscola parlamentaria, entonces militante socialista, después de hacerse su propia marca personal tras una amplia trayectoria política en su Euzkadi natal, Rosa Díez funda en 2006 Unión Progreso y Democracia (UPyD) con cuya fuerza política quiere recuperar el espacio del centro político haciendo un discurso contrario a sus antiguos correligionarios socialistas y siendo critica con los fueros vascos y con los populares. Su irrupción en la política nacional fue ciertamente efervescente, pero una vez más, los personalismos no son buenos compañeros de viaje y el salto a la política nacional de un Albert Rivera de Ciutadans, su antiguo aliado mientras este estuvo solo en la política catalana, dinamitaron una vez mas a un partido que se denominaba centrista.

Y ya no queda mas que hacer referencia al reciente varapalo sufrido por Ciudadanos que tras las elecciones de noviembre del pasado año, han pasado a ser un partido residual. Gran parte de su derrota se le debe atribuir a que precisamente se ha autoetiquetado como un partido de centro y nadie se lo ha creído. Venga a colación en este momento el conocido test del pato que es una expresión humorística que se refiere a una forma de razonamiento inductivo: “Si parece un pato, nada como un pato, y grazna como un pato, entonces muy probablemente, está usted ante un pato”. Dicho esto, si hablas como uno de derechas, te alias con los populares y la ultraderecha y pones cordones sanitarios a los socialistas, entonces eres de derechas, pero no de centro.

El centro, al igual que Teruel, también existe, pero la desbandada de patos se otea en el horizonte (Ines Arrimadas, Edmundo Bal o Marcos de Quinto) y pronto harán el viaje a su lugar natural, al fondo a la derecha, dejando otra vez huérfano al centro político español.

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