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Hitchcock vuelve a casa por Navidad

miércoles 09 de diciembre de 2020, 09:46h

En esta Navidades, tan singularmente normatizadas por mor de la pandemia, posiblemente solo se sostengan en pie, como mástil y botavara de tradición en cambio continuo y festiva turbamulta, los spots y jingles publicitarios de la tele.

En Navidad, paradigma de consumo compulsivo, se puede anunciar de todo, pero es evidente que hay productos que encuentran su hábitat natural y espacio de confort justo en ese tiempo. Es el caso, por citar 4 ejemplos, de la lotería, el turrón, los juguetes o el cava. Todos ellos han legado hitos para la memoria colectiva. De entre tantos y en un pispás ilustrativo baste recordar al calvo Clive Arrindell, que estuvo varios años soplando a la cámara polvillo de la buena suerte acompañado de la música de pasacalle que Maurice Jarré integró en Doctor Zhivago; la cancioncilla que en 1980 compusieron para El Almendro Cuadrado, De la Iglesia y Nieto, y que pasados 40 años, un doble nada al decir del Morocho del Abasto, sigue siendo el santo y seña para celebrar el reencuentro con los seres queridos; el caminar patosillo de unas muñecas dirigiéndose al portal para hacer llegar al niño su cariño y su amistad, sobre villancico pergeñado por el inolvidable Luis Figuerola-Ferretti para la gran familia Famosa; o las icónicas “burbujas” de Freixenet, que desde 1977 fueron rodeando a protagonistas de belleza femenina como Liza Minelli, Sydne Rome, Margaux Hemingway, Norma Duval, Ann Margret, Shirley MacLaine, Ana Obregón, Raquel Welch, Jacqueline Bisset, Victoria Principal, Inés Sastre, Sharon Stone, Kim Bassinger, Andie MacDowell, Mar Flores, Sofía Mazagatos, Juncal Rivero, Meg Ryan, Maribel Verdú, Ingrid Rubio, Lorena Bernal, Penélope Cruz, Paz Vega, Demi Moore y Gwyneth Paltrow, que junto a Ángel Corella, bailarín y artista Principal del American Ballet Theatre de la ciudad de Nueva York, interpretaba el spot de 2006.

Aunque a las burbujas y a sus grandes divas adláteres les quedara aún alguna vida, es preciso detenerse en ese año porque en el siguiente, 2007, al principal artífice de aquellas campañas y director de comunicación de Freixenet, Pedro Bonet, se le ocurrió que ya iba siendo necesario algún cambio en la estrategia de comunicación que permitiera a la firma adaptarse a un mundo publicitario cada vez más complicado y en el que ya había eclosionado con fuerza Internet.

Decidió dirigirse a Martin Scorsese, director al que admiraba desde siempre pero que aquel año, a más a más, había recibido de la Academia de Hollywood nada menos que cuatro Óscar por Infiltrados: a la mejor película, al mejor director, al mejor montaje y al mejor guion adaptado.

Scorsese accedió pero a condición de encargarse él mismo del guion y la realización del spot televisivo. El resultado es una de las películas más curiosas, cinéfilas y, ni que decir, cortas de la historia del cine, en la que como aditamento mitómano el propio realizador hace de actor, interpretándose. Merece la pena ver una y otra vez esta pieza e ir descubriendo las mil y una claves, guiños, obsesiones y tigres dormidos que transitan por ella. Para empezar, Scorsese parte de un recurso cervantino/quijotesco mostrando una caja donde guarda las páginas, tres y media más una desaparecida, del guion de una película que Alfred Hitchcock no llegó a realizar pero que él se dispone a recrear y rodar.

Cuando empieza la cinta, The Key to Reserva, el espectador cinéfilo percibe inmediatamente que la historia y el contexto remiten a la segunda versión de El hombre que sabía demasiado que el director realizó en 1956 (la primera, rodada en el Reino Unido, se estrenó en 1934), protagonizada por James Stewart y Doris Day, pareja que para el spot Freixenet se forma con Simon Baker, guardián y mentalista televisivo, y Kelli O’Hara, actriz y cantante estadounidense más conocida en Broadway que en el cine, pero con un sugerente y en absoluto casual parecido con Eva Marie Saint, protagonista de la película Con la muerte en los talones.

The Key to Reserva comienza con una orquesta interpretando la Cantata Storm Clouds de Arthur Benjamin, como en El hombre que sabía demasiado; pero a partir de ahí la sucesión de visajes sobre escenas de otras películas de Hitchcock necesita la guía lazarilla de una gran especialista en la obra del director, productor y guionista británico como es la historiadora de cine Dra. Esperanza Alcastle: “Los nueve minutos del spot de Scorsese para “Freixenet”, además de ser un delicia visual, dan para una tesis doctoral sobre las “obsesiones” del autor. El arranque, con el protagonista subiendo las escaleras, es de “El hombre que sabía demasiado”, pero cuando llega al palco y mira hacia el patio de butacas vamos a encontrarnos con una pareja que claramente evoca a Eva Marie Saint y James Mason en “Con la muerte en los talones”. Después, en el instante en que descubre lo que busca, una llave que está dentro de la bombilla, no encontramos con varias referencias fílmicas a “Encadenados”, “Cortina rasgada”, “Sospecha”, “Psicosis” y “Sabotaje”.

El colmo de la complicidad llega en el momento en que tras intentar desenroscar la bombilla con la mano desnuda y quemarse, saca un pañuelo bordado con las iniciales “R. O. T.” que evidentemente corresponden a Roger O. Thornhill, el ejecutivo de publicidad que protagoniza “Con la muerte en los talones”, interpretado por Cary Grant. Continúa la acción y el personaje que interpreta Simon Baker en el spot está a punto de ser estrangulado rememorando al físico que interpreta Paul Newman en “Cortina rasgada”, pero consigue zafarse y el malvado acaba cayendo desde el palco al patio de butacas en planos que homenajean a dos películas: “Vértigo” y “La ventana indiscreta”. Tras los gritos y huida desordenada del público espectador, el protagonista es fotografiado con una cámara de los años cuarenta que reproduce un plano de la escena de la escalinata en “Enviado especial”, que inmediatamente lleva a un congelado en rojo que es una llamada visual a un momento de “Marnie la ladrona”.

Lo que sigue es el momento pausado en el que Simon Baker abre la caja con la llave tan arduamente hallada y encuentra en ella una botella de Freixenet Carta Nevada. La toma en sus manos y su mirada se centra en el corcho donde está impresa la leyenda Top Secret. Y de pronto su mirada extasiada se corta y en el plano aparece de nuevo Scorsese junto a su montadora de siempre, Thelma Schoonmaker, a quien le dice: “¿Y ahora qué pasa?, no se sabe, porque falta la página (…) así que lo que he hecho es rodar el último párrafo, que es esto de aquí”. Vuelve la película y su confusísimo argumento en el que parece que los policías se llevan detenidos a los “malos” mientras que el tapón de la botella ha llegado a manos de un personaje con sombrero y gafas gruesas de pasta que resulta ser un sosias del actor Leo Gratten Carroll, que interpreta un esquivo personaje en la película Con la muerte en los talones. Mientras, el espectador regresa al palco donde la pareja protagonista se ha encontrado. Brindan y se besan dulcemente mientras la cámara desciende a la cubitera donde descansa la botella de Freixenet. La historia parece concluida, pero sigue con Scorsese entrevistado por el mismo periodista del arranque de la historia que pregunta al director si cree que ha logrado conservar la misma visión que tenía Hitchcock. Martin responde que cree que sí, aunque le siente mirándole por encima de los hombros. Finalmente concluye en la confianza de que al menos el mítico director británico tenga en cuenta que hay mucho amor en el proyecto y no se tome a mal el resultado. El plano empieza a abrirse y ante los ojos del espectador va apareciendo la imagen, cada vez más nítida y completa, del edificio de La ventana indiscreta sobre el que se van posando cuervos tal y como en la película Los pájaros. La interpretación de este final podría ser muy obvia o extremadamente compleja, aunque, como dice Esperanza Alcastle: “… estoy convencida de que es Hitchcock quien envía “los pájaros”, con sorna y meditada sed de venganza”.

Lo cierto es que el spot de Freixenet en la Navidad de 2007 fue un rotundo fracaso para la parroquia televisiva habitual que se quedó con un palmo indignado ante la ausencia de la “folies” y sugerentes “burbujas”, pero héteme aquí que, en paralelo, el cortometraje se exhibió en salas de cine como publicidad previa a la película, la página creada en Internet recibió en pocos días unas setecientas mil visualizaciones y tres o cuatro veces más visitas, al tiempo que trece internautas de varios países del mundo colgaron el spot en Youtube sumando otras ciento cincuenta mil descargas. Freixenet y su creativo sumo Pedro Bonet le habían dado el banderazo de salida al futuro de la comunicación publicitaria. Entre bambalinas, otro nombre a recordar, el de Juan Barbacil, una de esas pocas manos que han mecido con cariño y cabeza la cuna de la Cultura (con mayúsculas y en todos sus ámbitos) del último tercio del siglo XX y el par de décadas que llevamos en este cuyo ordinal no alcanzo a recordar.

PE: Para seguir el argumento articular de la cosa, véase a la vez el fascinante spot de referencia.

Miguel Ángel Almodóvar

Sociólogo y comunicador. Investigador en el CSIC y el CIEMAT. Autor de 21 libros de historia, nutrición y gastronomía.

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