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Muletazo de Tomás Rufo durante la faena al último toro de la corrida.
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Muletazo de Tomás Rufo durante la faena al último toro de la corrida. (Foto: Alfredo Arévalo Plaza1)

San Isidro: tarde de vulgaridad a tutiplén de bicornes y coletudos

domingo 01 de junio de 2025, 22:06h
Última actualización: domingo 01 de junio de 2025, 23:50h
Es lo que tiene el toro moderno y el torero moderno, salvo honrosísimas y escasísimas excepciones. Que, al menos en Madrid, no sólo disgustan al minoritario sector exigente, sino que también muchas tardes, como la de este domingo, aburren a los seráficos espectadores. Y es que con un encierro sin trapío, ni fuerza, ni bravura, ni casta, ni ‘na’ de ‘na’ -pésima condición de la que únicamente escapó el último, sin ser tampoco maravilla-, es difícil concitar la atención del cotarro. Y, claro, es muy fácil aumentar el sopor de la ya de por sí altísima temperatura de este estío adelantado, si, para mayor inri, sus matadores, con labores de gran vulgaridad, por supuesto moderna, los muelen -a los toros, no confundir- a pases y pases y pases sin un ápice de torería. Cual se sufrió ayer en Las Ventas con los de El Parralejo y la terna de Miguel Ángel Perera, Fernando Adrián y Tomás Rufo

A este último le tocó en suerte -o en desgracia, según se mire- el único burel encastado de la corrida, que produjo también el único momento de cierta emoción -tampoco mucha, no crean-. Un animal que figuradamente, claro, pedía a gritos una muleteo en sazón en lugar de los efectismos populistas en los siempre más facilongos tendidos de sol con los que, de hinojos, inició la faena el toledano. Es evidente que no le faltó voluntad, e incluso al final dejó algunos pases, ventajistas, de buen trazo, pero muy por debajo de la faena grande que le pedía un burel que se fue con las orejas puestas.

El resto de las faenas, es un decir/escribir, fueron fotocopias unas de otras: con bicornes nobilísimos y obedientes que iban y venían por acá y por acullá, a veces hocicando la arena por su flojera, sin demasiada entrega y con el defecto de echar la cara arriba, que por cierto, un veterano de mil batallas como Perera fue incapaz de solucionar en sus tropecientos mil pases, casi siempre fuera de cacho, sin inspiración ni ‘na’ de ‘na’.

Algo más intentó Adrián, que puso más interés y apuesta por el clasicismo en su lote, con cortas series de redondos y naturales, también con exceso de ventajismo sin despertar tampoco a la gente. Y con un Rufo que también se había abonado al vulgar pegapasismo en su primero. Eso sí, de nuevo destacó con los rehiletes Fernando Sánchez con sendos pares que sí fueron lo más artístico de la tarde. Loor a él.

FICHA
Toros de EL PARRALEJO, terciados, blandos, nobles y sin codicia, excepto el encastado sexto. MIGUEL ÁNGEL PERERA: silencio; silencio. FERNANDO ADRIÁN: palmas; silencio. TOMÁS RUFO: silencio; ovación. Plaza de Las Ventas, 1 de junio, 21ª de Feria. Lleno de ‘no hay billetes’ (22.964 espectadores, según la empresa).

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