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Crítica de la obra 'La cresta de la ola': no somos nadie
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Crítica de la obra 'La cresta de la ola': no somos nadie

viernes 20 de noviembre de 2020, 17:07h

La Estampida, flamante Premio Ojo Crítico de Teatro, sube a la Sala Juan de la Cruz del Teatro de La Abadía dentro del 38º Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid, con ‘La cresta de la ola’, su nueva propuesta teatral en la que el disparate, la ensoñación, la ambición estéril, la ilusión de la pompa y el boato son destrozados en poco más de hora y media por José Troncoso, autor y director del montaje.

Desde que La Estampida irrumpiera en 2015 en los escenarios madrileños (Sala Kubik), con su ya legendario montaje sobre Las princesas del pacífico, nos dimos cuenta inmediata de que no convenía dejar pasar ninguno de sus nuevos trabajos porque, sin duda, seguirían siendo fuente de debate y de reflexión. Así lo hicimos sucesivamente con el resto de sus propuestas de las que hemos ido dejando rastro en estas mismas páginas electrónicas: Igual que si en la luna (2017) y Lo nunca visto (2019).

Ahora llega ‘La cresta de la ola’ llevando también al escenario a personajes rotos, a gentes anónimas que también tienen derecho a soñar que algún día serán otros, a perseguir qué se siente con eso de haber alcanzado la fama, el éxito, ser envidiados, admirados e incluso, y si llega a ser necesario, también odiados por el común de los mortales, que somos todos.

La fábula que presenta Troncoso –el texto quizás esté algo sobrado de repeticiones y reiteraciones-, la protagonizan cuatro de esos personajes perdedores que atraviesan todas las obras de La Estampida. Victoria (Alicia Rodríguez), es una mujer que no sobresale por ningún lado. Anodina, vulgar y, lo peor, es que sabe que nunca va a poder dejar de serlo. Envidia a Estella (Ana Turpin) y sueña con llegar a ser algún día como ella. ‘Qué digo: ¡como ella no, quisiera ser ella misma! Y, como alguna que otra vez en la vida, se da el milagro, la fuerza del sueño de Victoria se hace realidad y sus vidas se intercambian. Ahora Victoria es la estrella y Estella tiene que aguantar a un marido, Jacinto (José Bustos está genial en este trasunto de Hassim reconvertido en su equivalente del santoral cristiano), que no hace ascos a ninguna representante del sexo femenino. Tampoco al cuarto personaje de la dramedia, Eugenia, el representado por la también estupenda Belén Ponce de León .

Pero, al final, nada es lo que parece, y los boatos y los oropeles esconden también bajo las alfombras y las sedas las mismas miserias, las mismas limitaciones, los mismos mecanismos de dependencias y deberes que asedian al común de los mortales. Dicho en otras palabras, aún más contundentes, las del propio Troncoso en la presentación del espectáculo: “Una fantasía de volantes, flashes, purpurina y frivolidad. Yo quiero ser tú a toda costa. Aunque acabe tragando agua. ¡Qué más da! Yo también quiero estar en la cresta de la ola”.

Una amarga metáfora de nuestros días la que presenta ‘La cresta de la ola’, en donde se prima más la apariencia que la esencia, el parecer que el ser, cuando todo el mundo olvida que, al final, todas las olas acaban llegando a la playa y que, cuanto más arriba estés, más dura será la caída. Muy interesante.

‘La cresta de la ola’

José Bustos, Belén Ponce de León, Alicia Rodríguez y Ana Turpin
Diseño de escenografía y atrezo:
Alessio Meloni
Diseño de vestuario:
Miguel Ángel Milán
Diseño de Iluminación:
Ana López
Música original:
Mariano Marín
Diseño de maquillaje y peluquería:
Chema Noci
Fotografía:
Susana Martín
Prensa y comunicación:
María Díaz
Distribución:
Cámara Blanca-Amadeo Vañó
Producción ejecutiva:
Kike Gómez
Ayudante de dirección:
María Jáimez
Dramaturgia y dirección:
José Troncoso
Espectáculo coproducido por el 38º Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid

Teatro de La Abadía, Madrid

19, 20, 21 y 22 de noviembre de 2020

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