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Tierra del fuego
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'Tierra del fuego': examen de conciencia al conflicto palestino-israelí

jueves 26 de mayo de 2016, 16:31h

Hay montajes que, del primer al último minuto, te tocan la fibra más íntima, te obligan a replantearte todo, te provocan una incomodidad creciente y te incrustan una carga explosiva letal en los cimientos de tus convicciones, hasta el punto de revolverlas, relativizarlas, y, una vez desordenado todo, te pongas de nuevo a construir tu óptica, tu postura, tu actitud frente a un asunto determinado. Este, justamente este, es el caso de 'Tierra del fuego', un magnífico texto dramático que ha escrito Mario Diament -argentino y periodista-, y ha dirigido Claudio Tolcachir, basado en un caso real, el de la azafata Yulie Cohen Gerstel (Yael, en el montaje), que sufrió en 1978 un atentado terrorista en Londres, que se cobró la vida de una amiga íntima, Nirit, con la que había salido a comprar. Dos décadas después de ocurrido el salvaje ataque indiscriminado, esa misma azafata superviviente tuvo la necesidad íntima y personal de acudir a la cárcel para encontrarse con Hassan, uno de los autores, cuando todavía estaba cumpliendo la pena de cadena perpetua a la que había sido condenado.

El origen de aquel atentado está en la situación creada en Oriente Medio, justo después del genocidio judío por parte de los nazis en la II Guerra Mundial, con el nacimiento del estado de Israel, en esa lucha cotidiana que la violencia, el odio, y los intereses geopolíticos internacionales del momento hicieron que un pueblo, el judío, se asentase en una tierra ocupada por otro pueblo, el palestino, y, desde entonces, no haya habido ni un solo día de paz entre unos y otros. La falta de empatía y la permanente voladura de cualquier puente de diálogo entre las partes, tanto en el nivel político como en el personal, ha enquistado un conflicto del que cada día se ve más lejos su posible solución.

Claudio Tolcachir ha sabido plasmar con auténtica maestría todo el horror que se vive en esa tierra desde entonces en el plano humano, personal, de todos y cada uno de los hombres y mujeres que viven allí, en un montaje de apenas 90 minutos, y con ayuda de unos soberbios actores, encabezados por una magnífica Alicia Borrachero, Yael Alón, en verdadero estado de gracia que, sin solución de continuidad, salta de un diálogo a otro con la fuerza y la tensión que solo una gran actriz es capaz de llevar adelante. Ya Alicia la acompañan unos también geniales Tristán Ulloa, Ilán; Abdelatif Hwidar, Hassan El-Fawzi; Juan Calot, Dan Alón; Malena Gutiérrez, Gueula Golán;y Hamid Krim, George Walid.

La contundente y sencilla escenografía de Elisa Sanz -que también ha hecho el vestuario- presenta un espacio abierto con un muro gris de fondo, que es la cárcel donde está encerrado Hassan desde hace 23 años. La efectiva iluminación de Juan Gómez Cornejo e Ion Aníbal López, dibuja distintas ventanas sobre ese muro, convirtiéndolo en nuevos espacios que transportan al espectador fuera de la cárcel: la casa de Yael, la de la madre de su amiga, el despacho de un abogado, la casa de su padre…Además del muro, sobre el escenario hay también una mesa rectangular y llena de una fina arena blanca en el centro, y en un extremo, una bola pequeña de cristal, con nieve dentro, objeto que al final cobrará una importancia vital. Girando esa mesa a varias posiciones y las seis sillas, donde se irán instalando y moviendo los seis personajes que permanecen todo el tiempo en escena, trasladan al espectador -en un bellísimo juego de distancias y movimientos coreográficos- a los distintos espacios, donde Yael interactúa, sin respiro, tratando de buscar y recomponer su historia, e intentando encontrar la sinrazón del odio entre su pueblo y el palestino ("los judíos hablan de capitulación y los palestinos hablamos de justicia", dice Hassan a Yael).

Yael

Casada con un arquitecto y madre de dos hijas adolescentes, después del atentado y durante muchos años, Yael no podía dejar de odiar a los árabes. Ahora no. De hecho, forma parte de una organización pacifista de mujeres judías que ayuda a otras mujeres, pero palestinas. Ha estado en Gaza, en Hebrón, y cree que no es justa la ocupación de Palestina. La decisión de acudir a visitar al hombre que pudo matarla después del atentado, le va a costar muy caro tanto en el terreno personal como en el familiar o en el social.

Hassan nació en un campo palestino de refugiados, y, desde muy pequeño, para escapar de la tensión cotidiana, de las constantes amenazas de soldados israelíes ("nos quitasteis todo y no nos queréis dejar el derecho a sufrir", dice Hassan a Yael), soñaba siempre con Tierra del fuego, un lugar donde vivió su abuelo, allí donde se juntan los dos océanos, el Atlántico y el Pacífico, el fin del mundo."Mi abuelo nos contaba que había ballenas y lobos de mar, y bosques subterráneos y grutas. Y que el aire es tan puro que marea". Ahora, después de 23 años entre rejas, ese sueño vuelve con tanta fuerza como entonces…

Con cantos y melodías estremecedoras de fondo, y con numerosos flashbacks en el tiempo, Yael interactúa con los otros cinco personajes: su marido, Ilán, que no está de acuerdo con su decisión de hablar y tratar de conocer los motivos que llevaron a Hassan a actuar de esa forma; con su padre, Dan Alón, historiador, teniente del ejército israelí durante la guerra del 48 ("no puede ser que la inmoralidad te sirva de justificación", le dice Yael a su padre); con Gueula, la madre de su amiga asesinada, que sigue aferrada al dolor por la muerte de su hija, y no está dispuesta a perdonar; con el abogado George Walid, que actúa desinteresadamente defendiendo al terrorista.

Los distintos puntos de vista sobre el conflicto palestino israelí están perfectamente representados en los seis personajes, todos con sus aristas, sus razones y sinrazones, con sus anhelos y sus contradicciones y se hace muy difícil discernir de parte de quien está la verdad. Lo cierto es que, día a día, el odio sigue sellando cualquier posibilidad de paz, y quizás solo la suma de decisiones individuales, personales, como la de Yael, sumadas una a una, puedan hacer que algún día cambie todo. Entre tanto, un montaje tan lúcido como este, equilibrado, pacifista y ecléctico en sus planteamientos, y brillante, ejemplar y redondo en el artístico, puede contribuir a que, desde fuera, podamos entenderlo para empezar así a intentar desactivarlo.

'Tierra del fuego' de Mario Diament

Versión: David Serrano

Dirección: Claudio Tolcachir

Intérpretes: Alicia Borrachero, Tristán Ulloa, Abdelatif Hwidar, Juan Calot, Malena Gutiérrez y Hamid Krim

Ayudantes de dirección: Maite Pérez Astorga y Nacho Redondo

Fotografías: Jean Pierre Ledos y Elena C. Graiño

Naves del Español – Matadero (Madrid)

Hasta el 12 de junio de 2016

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