Hay ocasiones en las que una crónica sobre emprendedores se
convierte casi en crítica gastronómica. Es lo que ocurre cuando hablas del
propietario y cocinero de La Sopa Boba,
un restaurante no muy conocido en Alpedrete (Madrid), que, quien suscribe, se
recomienda vivamente. Fernando Limón (Valencia de Alcántara, Cáceres, 1967) siempre
quiso ser cocinero y poner un restaurante; nunca se planteó otra cosa. Dice en
su biografía (
www.restaurantelasopaboba.com) que, ya a los siete años, hacía
croquetas de la mano de su tía abuela Leoncia, que llegó a ser cocinera de
Alfonso XIII.
Donde verdaderamente empezó con los fogones fue en la 'mili'.
Luego, aprendizaje aquí y allá (Casa Paulino, con los hermanos Adriá...),
viajes de estudio y, finalmente, se independizó. Con unos pocos ahorros y un par
de colaboradoras instala una primera versión de La
Sopa Boba en un modesto caserón al borde de
la carretera, cercano a San Lorenzo de El Escorial (Madrid). Allí se gana a
unos cuantos, pocos pero entusiastas, parroquianos. La cosa va a más y, al cabo
de algunos años, se muda a la cercana Alpedrete, a un edificio con mayores
pretensiones decorativas y de elegancia, aunque los precios siguen siendo
extraordinariamente razonables. Las cenas en una improvisada terraza, en verano,
suelen ser, en lo que cabe, concurridas; pero el emplazamiento deja poco margen
a los días laborables en invierno.
Poco le importan las dificultades a Limón: para él, lo
importante es cocinar, crear nuevos platos -por inventar, hasta ha
inventado un gin tonic que es una auténtica locura--, combinar sabores en
principio incompatibles; por eso digo que Limón puede trabajar con lo ácido (no
es un juego de palabras), lo dulce, lo salado y dejarte estupefacto con las
mezclas. No quiere trasladarse a Madrid, ni masificarse, ni convertirse en un
restaurante de lujo; ni su timidez, ni su humildad -aunque se sabe
realmente bueno en lo suyo--, ni su sentido peculiar de lo que debe ser una
casa de comidas, que es su emprendimiento y su compromiso de por vida, se lo
permiten. Sigue siendo él quien ofrece la carta, aconseja platos y vinos y
frecuentemente también quien sirve; un par de dedicadas camareras y una pinche
en la cocina completan el staff.
Hay, es verdad, mucho emprendedor en el ramo de la
restauración. He conocido a bastantes de ellos; pocos con una idea tan clara de
por dónde hay que caminar como Fernando Limón. Oiremos hablar de él...si se
deja.
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