El escenario global continúa tensionándose a medida que el shock energético derivado del conflicto en Oriente Medio gana profundidad y empieza a trasladarse con mayor claridad a las expectativas de inflación y crecimiento. El petróleo se mantiene en niveles elevados, por encima de los 120 dólares, mientras el riesgo sobre el estrecho de Ormuz sigue condicionando la percepción del mercado. Este encarecimiento de la energía comienza a reflejarse en los indicadores de precios. En Alemania, la inflación armonizada repuntó en marzo hasta el 2,8%, frente al 2,0% anterior, en línea con lo esperado, impulsada por un aumento del 7,2% interanual en la energía, mientras la inflación subyacente se mantuvo estable en el 2,5%. Paralelamente, el índice IFO de expectativas de precios subió hasta 25,3 desde 20,3, anticipando una mayor traslación a bienes y servicios.
En Estados Unidos, el foco se desplaza hacia la Reserva Federal, donde crece la preocupación por un posible deterioro del anclaje de expectativas inflacionarias. El fuerte aumento de la gasolina y de los rendimientos del Treasury, junto con el repunte observado en la encuesta de confianza de la Universidad de Michigan, ha llevado al mercado a reducir las expectativas de recortes y a contemplar incluso una posible subida de tipos este año. Con el rango oficial aún en 3,50%-3,75%, la FED afronta un dilema cada vez más complejo entre contener la inflación y evitar un deterioro adicional del mercado laboral, obre el que el viernes conoceremos una nueva referencia con la publicación de las nóminas no agrícolas.