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Juan del Álamo sacado a hombros de Las Ventas
Juan del Álamo sacado a hombros de Las Ventas (Foto: Arjona)

San Isidro: Puerta Grande, muy grande y justa, para Juan del Álamo

jueves 08 de junio de 2017, 22:35h
Le llamaban Trinidad. Pero debió ser lo único que no le llamaron a un usía famoso por sus desafueros en el palco venteño desde hace muchos años, Trinidad López- Pastor, que a la faena más redonda, clásica y maciza del serial –sin olvidar la de Ureña dos días antes-, de Juan del Álamo ante 'Licenciado', un alcurrucén encastadísimo y exigente, rematada con un estoconazo a ley que ya de por sí valía una oreja, sólo le otorgó un trofeo. Pero hubo justicia poética, porque el salmantino, a base de bemoles –por no escribir lo malsonante otro-, arrancó otra oreja del peligroso último, y salió en volandas por esa puerta de los sueños. Con un encierro de mucho interés, El Cid se tapó con una labor aseada ante el también encastado cuarto y Joselito Adame fracasó.

Lo de Juan del Álamo, que es uno de los matadores que más orejas ha cortado en los últimos años, por supuesto con un promedio muy superior a las figuras, figuritas y/o figurones, fue de traca. Porque su concepto del toreo puro y ortodoxo, con gotas de esencia, explotó cuando tuvo enfrente a ‘Licenciado’, un clásico de la rama 'núñez' que tan bien manejan los Lozano con su divisa de Alcurrucén, por su trapío y su casta.

Incluso porque salió con tal frialdad que se acobardó ante el percal del salmantino y se repuchó en la primera vara, que tomó ante el piquero reserva en terrenos de toriles. A partir de ahí, la sangre fiera borbotó tanto en el siguiente puyazo, ya en la contraquerencia y metiendo los riñones, como en su alegría en banderillas.

Del Álamo lo vio, supo que era un burel de cara o cruz y se la jugó. Primero domeñándolo con unos mandones pases por bajo rodilla en tierra, que eran a la par látigo y caricia. Después se lo llevó al platillo para lucirse con dos series de redondos con templanza, ligazón, profundidad y arte, que remató con sendos pases de pecho marcadísimos al hombro contrario.

Con su muletita de juguete –de la de Ponce y Perera, por ejemplo, se harían dos suyas- siempre a rastras, Del Álamo repitió el fulgor de la belleza en otras tres tandas de naturales seguidas de un par en redondo, para abrochar el faenón con nuevos doblones rodilla en tierra y un par de adornos. Después se tiró a matar como un fiera colocando el estoconazo de la Feria, perfecto y entre las péndolas.

Nadie dudaba del doble premio, pero, claro, la ineptitud de Don Trinidad la dejó en una –similar premio a tantas otras regaladas sin fuste a lo largo del abono- y el público obligó al torero a dar dos clamorosas vueltas al anillo, para después llamar al usía de todo menos su nombre. Enrabietado por la injusticia, el protagonista positivo de la tarde –el negativo ya pueden intuir quién era: ¡exacto Trinidad!– salió a revientacalderas en el peligroso mansazo último, que ya había apuntado sus malas intenciones en banderillas.

Pero Del Álamo no se arredró y derrochando testosterona fue capaz de emocionar ahora con su tremebundo valor y también por las series que le robó a este ‘Bocineto’, al que despenó de una estocada algo desprendida pero jugándose el tipo, para tras una mayoritaria petición de nuevo obligar al usía a desenfundar de nuevo su moquero y salir en volandas por la Puerta Grande con toda justicia y justeza.

Todo lo contrario que el salmantino anduvo un Joselito Adame espeso, ventajista y vulgar, que no se entendió ni con el mansote pero noble segundo, ni con el otro, bravucón y manejable, que pedía una pañosa de más calidad que la que le ofreció el mexicano. Entre ambos, como en tierra de nadie, quedó El Cid, que no se confió mucho con el que abrió espectáculo a pesar de que metía bien la cabeza.

Y que hizo un esfuerzo con el cuarto, ‘Antequerano’, de encastada nobleza, con el que tanto en redondos como en la que otrora era su especialidad, los naturales, intentó parecerse, sin conseguirlo pero con algún retazo, a su mejor versión de anteriores tiempos, cuando era campeador de verdad de verdad de la buena. Al menos se tapó sin fracasar como Adame, y, claro, a años luz del triunfador de la tarde y de muchas otras: ¡Excato!, Juan del Álamo. A pesar de al que llamaban Trinidad.

Ficha

Toros de ALCURRUCÉN, de excelente y seria presencia, que dieron variado juego. Todos nobles, mansotes y manejables, excepto el peligroso 6º; 3º bravo y encastado, 4º encastado. EL CID: silencio; ovación. JOSELITO ADAME: silencio tras aviso; pitos tras aviso. JUAN DEL ÁLAMO: oreja con fuerte petición de la segunda y dos vueltas al ruedo; oreja (salió por la Puerta Grande). Plaza de Las Ventas, 8 de junio. 28ª de Feria. Casi tres cuartos de entrada.

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