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Talavante, en los inicios por bajo de la faena a su primer toro
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Talavante, en los inicios por bajo de la faena a su primer toro (Foto: Plaza1)

San Isidro: Talavante y Ferrera cortan una oreja y cumplen y Manzanares se lleva otra pero defrauda ante nobles cuvillos

El fallo de Talavante con la tizona en el último le impidió abrir la Puerta Grande en una tarde triunfalista

miércoles 16 de mayo de 2018, 23:03h

Ya se sabe que en el país de los ciegos, el tuerto es el rey. Traducido a la crítica taurina significa que en tantas tardes isidriles que llevamos con poco que destacar, salvo Ureña, Fortes y Román y un par de toros, cuando se alumbra más toreo y no decae el interés todo parece perfecto. No es que haya que aplicar eso de que 'de torería y santidad, la mitad de la mitad', no. Pero simplemente que el balance triunfal de tres orejas, tres -las de Ferrera y Talavante indiscutibles-, algo tan difícil de hallar en las estadísticas venteñas, no significa que fuera un festejo memorable. Sólo que los extremeños aprovecharon los nobilísimos toros de Núñez del Cuvillo y Manzanares ni siquiera eso.

Cuando aparecen las figuras por el patio de cuadrillas ya se sabe que baja la presencia del toro, aunque el encierro de Núñez del Cuvillo no fuera lo que nos temíamos en cuanto a trapío, eso sí, muy justito, como de fuerzas. Como es lógico, los bureles de esta casa que tanto gustan a las figuras dieron facilidades con su nobleza generalizada y procuraron tres destacadas faenas, quién lo duda, de las que fueron autores Alejandro Talavante, por partida doble, y Antonio Ferrera, la otra. No fue el caso de un Manzanares que con su teletoreo -a distancia, se entiende- fracasó sobre todo con el boyante y nobilísimo quinto, que parecía decirle: córteme usted las orejas.

Quién duda que Talavante es del grupo de mandamases del escalafón el único con inspiración y creatividad, capaz de improvisar según las condiciones de sus enemigos. Y así lo hizo ante sus dos colaboradores, con el mérito añadido ante el primero que con su inicio de faena genuflexo y mandón prendió su celo en la pañosa de un toro que parecía no iba a dar juego y demudó en codicioso y obediente.

Lo que aprovechó el extremeño par una labor de sabor clásico y la añadidura de un punto artístico en series con ambas manos, mejor al natural, siempre templadas y ligadas en un palmo, que remató ora con pases de pecho muy marcados al hombro contrario, ora con molinetes, ora con trincherillas, antes de cerrar otra vez genuflexo con nuevos pases para cuadrarlo y enterrar el estoque.

Muy similar fue su faena al que cerró plaza, justito de fuerzas igualmente -y con el que también se cerró la Puerta Grande-, ya de menor inspiración pero igual de bonita y jaleada. En este caso, para fastidio de esa mayoría de público aplaudidor y que desea volver a casa contando que se han cortado tropecientas mil orejas y ha salido a hombros hasta el apuntador, Talavante marró a espadas.

El primer trofeo de la tarde, que ya encarriló y desbordó el triunfalismo fue para Ferrera, quizás el coletudo que más ha cambiado para bien a lo largo de su trayectoria. Al entregado y sudoroso de principio de la misma, a relajado y fácil ahora, amén de con el adorno de la torería. Por lo que dio fiesta al que abrió función en series de relajo y cierto desmayo, varias de ellas citando de frente que gustaron mucho, así como su variedad de remates, por lo que con su acierto al depsernar al burel echó en su esportón una justa oreja pedida con inmensa mayoría.

No pudo soñar con el doble triunfo porque el cuarto era un inválido que sólo le permitió dibujos inacabados y posturas de teórico riesgo con el animal ya cadavérico. En el balance estadístico Manzanares empató con sus colegas, pero no en cuanto a méritos. El alicantino está en horas bajas y se limita a su habitual elegancia citando de lejos y metiendo pico, lo que se entiende por teletoreo o toreo a distancia, lo que se le reprochó en algunos sectores del cotarro.

Así se le fue el segundo, aunque su fracaso mayor aconteció en el nobilísimo y boyantísimo quinto, con el que sí se lució en templadas verónicas de recibo y en el quite, pero después fue incapaz de sacarle partido, no atreviéndose más que a cortas y despegadas miniseries de dos o tres muletazos y el de pecho. Además, el espadazo quedó desprendido, pero el mismo usía que negó un trofeo merecido a un modesto como Fortes el pasado viernes, José Magán, cantó ahora la gallina y con idéntica petición, se la otorgó a Manzanares. Cosas de las figuras y los malos presidentes.

FICHA

Toros de NÚÑEZ DEL CUVILLO, justos de presentación, flojos y nobles. ANTONIO FERRERA: oreja; palmas tras aviso. JOSÉ MARÍA MANZANARES: silencio; oreja. ALEJANDRO TALAVANTE: oreja; ovación. Plaza de Las Ventas, 16 de mayo. 9ª de Feria. Lleno de 'no hay billetes'. Tras el paseíllo se guardó el tradicional minuto de silencio en memoria de Joselito El Gallo, fallecido hace 98 años.

Crónica del festejo anterior

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