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Todo va bien: ('Nosotros no nos mataremos con pistolas')

Todo va bien: ('Nosotros no nos mataremos con pistolas')

miércoles 02 de marzo de 2016, 12:31h

La obra llega desde Valencia y ha subido en Madrid a las tablas de la sala principal del Teatro Lara hace ya un par de semanas. Había pasado por el último Festival Fringe de la capital y, a pesar de que el tema es recurrente, llamó la atención del público más joven porque muchos se ven absolutamente reflejados en esta fotografía generacional de Víctor Sánchez Rodríguez.

A Víctor pudimos verlo hace unos meses en Madrid con otra obra de largo título y con el tema del fracaso (esta vez más general) en el fondo del paisaje: ‘A España no la va a conocer ni la madre que la parió’ (http://www.diariocritico.com/noticia/487619/teatro/un-lucido-monumento-al-fracaso-colectivo:-a-espana-no-la-va-a-conocer-ni-la-madre-que-la-pario-de-lucia-carballal-y-victor-sanchez.html). Pareceque el joven dramaturgo valenciano se ha abonado a los títulos kilométricos porque la que vamos a comentar en esta ocasión también lo tiene: ‘Nosotros no nos mataremos con pistolas’.

En este ‘Nosotros …’, Sánchez alude fundamentalmente a la generación de los treinta y tantos, los españoles nacidos en torno a 1980 que, por lo común, han heredado de sus mayores cierto bienestar, educación, libertad, tolerancia… todas las condiciones previas y necesarias para ser felices y, sin embargo, no lo son (“somos una generación que sobra”, dice uno de los personajes). A falta de un conflicto externo mayor, parecen haberse introducido en el laberinto, como generación, de sus propios problemas existenciales, en buena parte motivados por su frustración y fracaso colectivos.

Razones, desde luego, no les faltan, y buen ejemplo de ello son los cinco personajes -tres chicas y dos chicos- protagonistas de ‘Nosotros no nos mataremos con pistolas’. Los cinco amigos se reúnen en la casa de uno de ellos, cinco años después de haberse separado para emprender en solitario sus vidas de adultos... Son, Marina (estupenda Lara Salvador), ahora embarazada, que ha vivido en una comuna en Argentina con un antiguo novio y en México, el lugar de origen de su otro exnovio y padre de su hijo, y sin trabajo y sin saber qué hacer cuando nazca el bebé. Blanca (Laura Romero) es la anfitriona. Vivía en Londres con su novio, Gabriel, pero se lo encontró en la cama con otra, y ahora piensa quedarse en el pueblo en esta misma casa de sus padres. Elena (tremenda Silvia Valero), es una joven empresaria. Parece la única triunfadora del grupo, pero en realidad se siente muy sola. Para aliviarlo, de cuando en cuando se droga con cocaína. Miguel (Toni Agustí), escritor de poca monta, vive desde hace tres años con su novio Miguel que, al parecer, ya lo ha abandonado. Drogata habitual, practica el cruising. Y, por último, Sigfrido (Román Méndez de Hevia), casado con una mujer a la que no se decide a abandonar, ha tenido también aventuras sexuales con Miguel. Sin trabajo, sin estudios -sólo el graduado escolar-, se dedica a disfrazarse de pollo, por horas, en un establecimiento.

El montaje presenta una escenografía (Whichita Co y Jennifer Pérez), muy sencilla -exigencias de la multiprogramación-, en un escenario muy pequeño rodeado de cortinas en los tres lados de la caja escénica, por donde salen y entran los actores. El mobiliario es mínimo: una mesa con sillas, una mecedora y un sofá viejo. Allí discurren, a lo largo de casi dos horas de función, las seis escenas en las que se divide esta: la bienvenida, el vermut, la sobremesa, la procesión, se nos ha ido de las manos, y epílogo. La cita es en la casa de los padres de Blanca, un 16 de julio, cinco años después de que la hermana de Blanca, Paula, que también formaba parte de la pandilla de amigos, se suicidara.

La idílica reunión se convierte en un rosario de acusaciones, insultos, improperios y, sobre todo, de desesperanza y amargura. Lo que inicialmente parece ser una comedia, se transforma suave pero ineludiblemente en tragicomedia en donde la palabra más evidente a su término es la de desesperanza. El cuadro final no puede ser más explícito: Blanca con la guitarra, abatida en el sofá, después de una noche de borrachera y excesos por parte de todos, y los otros cuatro amigos abstraídos, hipnotizados por sus móviles. Alguien ha dicho alguna vez que esta es la generación de los sueños rotos y, de verdad, no le falta razón. Víctor Sánchez ha sabido verlo y ha dibujado un certero fresco generacional que debería hacernos reflexionar a todos. Porque a todos nos corresponde encontrarles una salida a ese desencanto en el que se han instalado…

‘Nosotros no nos mataremos con pistolas’

Texto y Dirección: Víctor Sánchez Rodríguez

Reparto: Román Méndez de Hevia, Laura Romero, Lara Salvador, Toni Agustí y Silvia Valero

Iluminación: Ximo Rojo

Diseño de Vestuario: Berta Cortina y Almudena González

Música: Jorge Pérez “Tórtel”

Espacio Sonoro: Teresa Juan

Audiovisuales: Miguel Ángel Amores

Teatro Lara (Madrid)

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