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Un lúcido monumento al fracaso colectivo: ‘A España no la va a conocer ni la madre que la parió’, de Lucía Carballal y Víctor Sánchez

Un lúcido monumento al fracaso colectivo: ‘A España no la va a conocer ni la madre que la parió’, de Lucía Carballal y Víctor Sánchez

martes 13 de octubre de 2015, 16:09h
En la última edición del madrileño Frinje 2015, la compañía valenciana Wichita Co llamó la atención de público y crítica con una obra de título contundente y sonoro, ‘Nosotros no nos mataremos con pistolas’. Ahora ha vuelto a Madrid, concretamente a LaZonaKubik (LZK), durante los días 9, 10 y 11 de octubre con otra obra de título no menos rotundo, aunque eso sí, más evocador. Seguro que a los felipistas del Partido Socialista Obrero Español no les resulta extraña esa cita de que ‘A España no la va conocer ni la madre que la parió’… Efectivamente, la pronunció Alfonso Guerra y ahora dos jóvenes autores, Lucía Carballal y Víctor Sánchez, la han retomado para dar título a su última obra. Este último, Víctor Sánchez, es, además, el director del montaje.

En un flash de urgencia que suelo publicar en las redes sociales instantes después de terminar de ver una obra, decía de ésta que se trata de una crónica desapasionada, certera y lúcida de un período de la historia de España más reciente, el tramo que va desde 1982, fecha de la primera victoria socialista, y 2018, ese futuro inmediato que los autores de la obra imaginan -adelantándose en la ficción- como de la era Podemos o, dicho más genéricamente, la de la nueva izquierda. Me reafirmo en lo dicho pero aún me sorprende más que un montaje tan bien escrito y documentado sea fruto de dos autores tan jóvenes que, al mismo tiempo, son tan maduros y autocríticos.

Historia reciente

Víctor Sánchez, coautor y director del montaje (Puerto de Sagunto, 1985), ha confesado públicamente que “al teatro vamos para ver la vida, no para oír un texto" y, desde luego, este montaje está lleno de vida. De vida y de historia. Se trata de un drama, pero lleno de comedia porque el sentido del humor lo atraviesa de principio a fin y eso no es tan fácil tratándose de una historia eminentemente política o, mejor dicho aún, de sociología política.

En síntesis, ya para no dar más vueltas sobre algo que se desconoce, hay que decir de ella que gira en torno a dos generaciones de jóvenes en una familia española de izquierdas. La obra está dividida en dos actos, en el primero de los cuales son los padres de los chicos que treinta y tantos años después, serán ellos quienes protagonicen la historia.

La noche del 28 de octubre, Felipe González gana las elecciones con mayoría absoluta, 202 diputados. Amparo, la abuela, encerrada en el sótano de su casa, dice de él, en boca de su sobrina -una yonqui- (le robaba a su tía para chutarse, según dicen sus primos en el segundo acto-), “Felipe González, el villano sevillano”. Amparo es comunista. Su sobrina dice que cree que se ha encerrado por ese motivo, porque sabe que los comunistas no van a ganar.

La acción transcurre, tanto en el primer acto como en el segundo, en el salón de la casa de la abuela.

En el primer acto, están presentes los hijos de Amparo, Nadia (vende bisutería en una tienda del arrabal), con su chico Pablo (toca la guitarra en un grupo llamado 'Peluquería de señoras'), e Iván (soldador, un poco bruto) y su mujer, Maru (hija de un falangista), embarazada de Carlos.

Suena ‘La Internacional’. Maru dice: “Es bonita ‘La Internacional’, con lo brutos que son los comunistas”, y se dice, con cierta ensoñación, de lo que le va a contar a sus hijos recordando esa noche histórica para España en la que “estaban llenos de ilusión”. Pero la realidad es que los hijos y sus parejas respectivas están ese día reunidos para decidir qué hacer con su madre, si dejarla en casa o se la llevan por períodos de tiempo cada uno de ellos, sin llegar a ningún acuerdo...

Y, entre tanto, como colgadas en el ambiente resuenan las palabras de Pablo: “Hay que alejarse de la familia, es la droga más tóxica”. O las de Nadia a Pablo: “El proletariado es toda la gente perdida”. Y cita también una frase de su madre: “Llegará la revolución y no habremos leído lo suficiente”.

Mientras se prepara el segundo acto, se proyectan imágenes en la pared del fondo, entre otras, sobre Aznar 96; el programa ¿Quién sabe dónde?; la reunión Aznar, Blair y Bush en las Azores; la victoria de Zapatero; la pegadiza Aserejé; carteles de ‘No gente sin casa’,...

Nos encontramos ahora en los años finales de la década de 2010. La acción sigue situada en el mismo espacio, la casa de la abuela Amparo, en el salón, esta vez lleno de cajas de cartón (un LP de La Internacional, tocadiscos de los años 70, el juego de ‘Los Misterios de Pekín’).
Gobierna Podemos.

Los personajes son Lorena, hija de Nadia, que se dedica a pasear perros y está vestida con el vestido de novia de su tía Maru. Carlos, hijo de Maru e Iván, que se dedica a abrir y cerrar negocios (ha tenido un video club). Ahora está interesado en hacer una exposición analógica para inaugurar un nuevo "espacio" para volver a los 80 o 90, con los objetos de la casa de su abuela. Dice que es un proyecto cultural. También aparecen Lara, hermana de Lorena, que es publicista y vive en Londres, pero quiere volver a España porque dice que “Podemos es el partido de la ilusión”. Su proyecto con la casa de su abuela es quedársela ella porque quiere pintarla de blanco... Carlos le dice que ese proyecto no es de izquierdas. “¿Tener una casa es de izquierdas?, le contesta ella. Lara quiere un partido que la ilusione, quiere volver a España, ser madre, odia a los ingleses...

El otro integrante de la casa, Bruno, hermano de Carlos, presenta también su proyecto y es el de tirar la casa, hacer un descampado y observar qué pasa en él... con un monumento no oficial al fracaso. En su boca: “la izquierda siempre fracasa cuando dice eso de ‘seamos buena onda’”.

Los actores están fantásticos. En ellos recae la responsabilidad de hacer más que creíble la historia que está sucediendo delante de las narices de los espectadores que asisten subyugados por cuanto sucede en escena. Carlos Amador, Lorena López, Lara Salvador y Bruno Tamarit duplican personajes, mientras que Silvia Valero tiene que conformarse con un papel menor en cuanto a la extensión (la prima yonqui), aunque no en intensidad dramática. Repito, es difícil destacar a uno solo de ellos porque el conjunto cuaja una actuación irreprochable.

El montaje es ágil, directo, intenso, encandilante y hasta didáctico,y debe interesar a jóvenes, a adultos, y a mayores. Todos verán parte de sus vidas, de sus anhelos, de sus frustraciones, atravesar la escena. Y después de salir de la Sala, los flashes, los gestos, las frases volverán a resonar en los cerebros de todos para hacernos reflexionar de nuevo sobre qué ha podido fallar para que, entre todos, no siempre seamos capaces de encontrar las respuestas más apropiadas a los problemas sociales y políticos. Con muestras como esta 'A España no la va a conocer ni la madre que la parió', tenemos Wichita Co para rato. Eso que ganamos los espectadores y el teatro.

'A España no la va a conocer ni la madre que la parió', de Lucía Carballal y Víctor Sánchez
Dirección: Víctor Sánchez
Reparto: Carlos Amador, Lorena López, Lara Salvador, Bruno Tamarit y Silvia Valero.
9, 10 y 11 de octubre, en LZK
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