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La caída de Tremón agranda en 900 millones el agujero inmobiliario

La caída de Tremón agranda en 900 millones el agujero inmobiliario

La promotora Tremón trató de salir a Bolsa en 2007 a rebufo de otras inmobiliarias que siguieron el mismo camino. Sin embargo, el ciclo estaba cambiando y la iniciativa llegó a destiempo. Desde entonces, la empresa de Hilario Rodríguez sólo volvió a aparecer en los medios por sus problemas de liquidez. La solicitud de concurso de acreedores podría dejar en suspenso deudas por unos 1.200 millones de euros.
El grupo inmobiliario Tremón ha presentado concurso voluntario de acreedores al no poder afrontar una deuda cercana a los 900 millones de euros. Probablemente se unan a la insolvencia de la matriz los concursos de las cerca de una docena de filiales que tiene. Sumadas las filiales (entre las que destaca la división de hoteles, TRH), la deuda del grupo presidido por Hilario Rodríguez Elías podría acercarse a los 1.200 millones.

El grupo inmobiliario Tremón se dio a conocer a mediados de 2007 al intentar sacar a bolsa hasta el 35% de su capital, una opción que finalmente tuvo que desechar.

Según el folleto de emisión que presentó a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) para la salida a bolsa, el grupo acumulaba a 31 de julio de 2007 una deuda de 712,3 millones de euros, de los que Cajasur había prestado 38 millones.

A continuación figuraba Banco Pastor, con unos préstamos al grupo por valor de 76,9 millones de euros, seguido de Bancaja, con 65,9 millones.

El plan de negocio presentado por la empresa suponía un incremento considerable de su endeudamiento, que le obligaría a abonar 1.842 millones de euros entre 2008 y 2013.

Una muerte anunciada

La promotora de Hilario Rodríguez intentó seguir los pasos de Realia o Parquesol, pero su salida a Bolsa pronto tropezó con la resistencia de los inversores, que no veían claro el negocio de la empresa. Veían excesiva la valoración propuesta, a la vista de las cifras y la proyección que mostraba. Las dificultades que encontró la empresa llevó a la empresa a posponer y finalmente suspender la salida a Bolsa, que le habría permitido lograr liquidez para afrontar su abultada deuda.

Anulada esta posibilidad de conseguir recursos rápidamente, la empresa desapareció de escena. Su nombre sólo volvió a ser mencionado cuando se hablaba de deudas sin satisfacer. Hace meses eran las sociedades que coordinaron la fallida OPV; hace sólo unos días era un proveedor al que se le propuso cobrar en pisos y maquinaria industrial. Ni siquiera un severo recorte de plantilla se mostró como una medida eficaz para esquivar una situación de falta angustiosa de recursos para afrontar sus obligaciones.

Una de las últimas muestras de sus dificultades aparecía en las páginas de DNI, en el número anterior: el Ayuntamiento de La Pobla (Valencia) buscaba sustitutos para urbanizar un sector adjudicado a Tremón. Los retrasos habían acabado por hacerle perder el concurso. La empresa estaba casi en punto muerto.

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