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Franco Gamboa Rocabado

La crítica como pasión

La crítica como pasión

Franco Gamboa Rocabado

 

La crítica como pasión

 

Siempre es fundamental desarrollar un pensamiento crítico que no pueda parar de ser pensamiento crítico, que no deje de encontrar contradicciones, que no se canse de emitir juicios divergentes en condiciones de paz y no de enfrentamiento.

 

Esta es la nueva matriz que debemos aprender con fuerza. Las viejas garantías de la ilustración racionalista demandaban sacrificios, ilusiones y actitudes míticas en pro de la modernidad. El liberalismo venera la modernidad, los mitos del mercado y exige sacrificios para la democracia representativa; el marxismo endiosa a un sujeto histórico de la revolución: la clase obrera y ahora parece incorporar a los indígenas como masas desafiantes, pero sin cuestionar a la modernidad que se basa en la edificación de una sociedad industrial.

 

Estas viejas garantías o exigencias míticas de equilibrio con el mercado capitalista o revolución para destruir el orden de la sociedad industrial, están agotadas. Un pensamiento crítico no rinde pleitesía a ninguna ilusión y, por eso, lo que ahora parece despuntar es el nacimiento de una crítica sin garantías, sin ataduras a ninguna camisa de fuerza o dogmatismo disfrazado de campañas heroicas.

 

La crítica como pasión sin garantías no puede detenerse a tomar posiciones; la nueva ética y política que quisiéramos encontrar al interior del pensamiento crítico, cuestiona las posturas intransigentes de conocimiento y pretende instaurar una oferta abierta de múltiples alternativas, más allá del culto a los movimientos sociales como portadores de trauma y ajusticiamiento, más allá de la celebración ingenua del mercado, más allá del instrumentalismo del conocimiento y la viveza de aquellos que quisieran sembrar la anarquía.

 

El ejercicio crítico también debe renovar las instituciones desde donde se practica la producción de conocimientos. Es fundamental una renovación de las universidades y las actitudes políticas al interior de éstas. La crítica actual pone en tela de juicio la forma tradicional sobre cómo se han estado produciendo los conocimientos en las universidades, centros de enseñanza o institutos de investigación, preocupados muchas veces sólo en acaparar dinero para financiar estudios que traslucen la vanidad de un grupo reducido de aprovechadores del momento.

 

El pensamiento crítico no busca la resurrección de un compromiso con ciertos actores sociales o utopías de cambio radical. Todo lo contrario, la crítica como pasión sin garantías está fuera de esta influencia romántica de compromisos al viejo estilo propuesto por el filósofo francés Jean Paul Sartre. El compromiso sartreano era un tipo de solución a lo que fue la vinculación entre producción de conocimientos y transformación social marxista, hoy totalmente caduco para comprender la situación actual.

 

El pensamiento crítico debe dejar de lado cualquier visión salvadora, lanzándose más bien a cuestionar las universidades o los centros de investigación y explicando que estas instituciones están para producir saber y no solamente tecnologías como si se tratara de fábricas.

 

El nuevo pensamiento crítico debe pasar de la producción de un conocimiento representativo, aquel producido por las élites de intelectuales versados en diferentes disciplinas, al conocimiento participativo que se abre hacia otros, sin esperar que todo dependa de los privilegios que tiene un círculo de sabios o que brinda la supuesta omnipotencia de la razón. El horizonte último de la crítica y el conocimiento participativo es un diálogo con todos y la interacción con diferentes actores sociales que nos lleve hacia una pacífica y sana transformación del sitio en que, momentáneamente, vivimos.

 

 

 

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