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El metro circula hacia la huelga

martes 31 de marzo de 2009, 09:53h
Actualizado: 06 de abril de 2009, 18:49h
Mañana volverán los paros al Metro, como lo hicieron ayer, de 7 a 9 de la mañana y de 6 a 8 de la tarde, unos paros que según los sindicatos convocantes tuvieron un seguimiento de casi el cien por cien, y que según la dirección de la Compañía, no soprepasó el 32 por ciento. En estos casos, cuando las cifras de seguimiento las ofrecen los antagonistas, me declaro agnóstico, es decir, que no creo a ninguna de las partes, ni en la exageración al alza de los sindicatos, ni en la exageración a la baja del Metro; la única realidad es que los paros afectaron gravemente a miles de ciudadanos, que independientemente del nivel de seguimiento, esos paros hicieron la cusqui a muchos trabajadores, condenados a sufrir largas esperas en los andenes y retrasos en su llegada al trabajo, porque las huelgas siempre se convocan con un sentido dañino, depredador, con la intención de producir el mayor mal posible a terceras personas, a los santos inocentes que siempre son los perjudicados por los conflictos laborales, y cuando esos paros se convocan en las horas de mayor nivel de ocupación del Metro, del mayor número de viajes, cuando más es utilizado por los madrileños para ir a trabajar, mayor daño producen.

No para aquí la cosa. Los sindicatos presionan y amenazan con pasar a la movilización de huelga total en el Metro si la dirección de la Compañía no acepta sus reivindicaciones, sin ningún ánimo de negociar, de ceder: o todo, o huelga. Los sindicalistas piden una subida lineal de 180 euros en cada una de las catorce pagas anuales de los trabajadores y que se incremente la plantilla en 500 puestos más. Supongo que esta petición tiene como objetivo llegar a la huelga, hacer posible que sea asumida, y en consecuencia, extremar el conflicto, porque de otra manera no puedo entender que esta reivindicación tenga la pretensión de ser cumplida en tiempo de crisis como el que vivimos, porque excede a cualquier posibilidad de mejora salarial que sea realista y es insolidaria con el resto de trabajadores, con esos que utilizan el Metro, que lo pagan y que probablemente se encuentren en paro o con su salario congelado, mientras que para un colectivo como el del Metro, que desde luego no es de los peores pagados (que alguien saque los salarios que cobran en sus distintas categorías), se piden subidas desorbitadas en tiempos difíciles. Me inclino por lo primero: que las exigencias se sobredimensionan para hacer factible la huelga, que es un derecho, y en ocasiones, el oscuro objeto del deseo político-sindical.
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