Vergüenza producen los actos violentos que se produjeron en la Universidad Central. Resultaron heridos el Rector y varios de sus colaboradores, y detenidos algunos de los estudiantes que protagonizaron los hechos y sus cabecillas.
A un alto centro de estudios se va con libros, con razones y argumentos, no con garrotes. Se va a aprender, a investigar, a humanizarse, a construir el futuro de cada uno y de todos. Gran responsabilidad histórica asume quien ejerce o desencadena la violencia.
Lo que vimos en la Universidad Central recuerda la violencia contra los diputados de la oposición en el Congreso Nacional instaurado en el primer período de gobierno de Rafael Correa.
Se les golpeó, humilló y vejó. La Hora denunció entonces esos actos de vandalismo y tuvo que enfrentar juicios, pese a que sus propios protagonistas declararon que esos actos se hacían en acuerdo con el partido gobernante.
La violencia nace de la sustitución del diálogo por la imposición. Ahora, cuando está a las puertas la discusión en la Asamblea Nacional de un proyecto de Ley sobre la Educación Superior se dan estos desmanes. Los que quieren que esa futura ley consagre al Estado como garante de las universidades, tal vez estén satisfechos con lo ocurrido.
Hay que advertirles, sin embargo, que la violencia llama a más violencia y que a todos puede tocarnos enfrentar el momento en que se la ejerza indiscriminadamente. La sociedad tiene que movilizarse contra la violencia, no importa de donde venga ni quien la ejerza, porque corre peligro la paz que nuestro pueblo ha construido con no pocos sacrificios.