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Chile: no todo es LNG

Chile: no todo es LNG

Ciertamente es admirable la capacidad chilena de armar proyectos costosos y exitosos. El caso de importación de LNG –liquid natural gas- desde ultramar para abastecer su siempre dinámica matriz industrial, domiciliar y para su desarrollo es una prueba fehaciente que en un país con estabilidad, reglas claras y apertura a inversiones internacionales los “grandes proyectos” antes sólo de “exclusividad” en mercados europeos, asiáticos o norteamericanos, pueden ejecutarse plena y satisfactoriamente en América Latina.

La segunda constatación es que sin poseer reservas importantes de gas han logrado “industrializarlo” dándole valor agregado y vender metanol en mercados spot. Otro punto a favor de la capacidad chilena de hacer negocios energéticos.

Por la importancia de la energía en su matriz económica, el gobierno de Chile creó, recientemente, un Ministerio sectorial a cargo de la materia. Se dieron cuenta que teniendo un aparato estatal eficiente y técnico sabrán proyectar fórmulas para compensar su déficit de recursos naturales.

Tras el terremoto, los cortes de gas importado desde Argentina en años pasados y su ausencia de gas en varias cuencas geológicas exploradas han hecho que Chile tome “cartas en el asunto”: primero ver la posibilidad de acceder a gas –o energía- en el Continente y posteriormente echar mano de fuentes más lejanas, habiéndose embarcado -al efecto- a dos proyectos de LNG (con plantas en Quintero y Mejillones cuyas cifras y datos técnicos hemos expuesto ampliamente en anteriores columnas) que van a paliar la demanda energética chilena por los próximos años sin cerrar, sin embargo, a otras posibles fuentes de abastecimiento de gas o valor agregado.

Sin embargo, para “suerte” boliviana, el gas boliviano seguirá siendo importante en la región. Particularmente para Chile, cuyo norte es más pobre que su región centro-sur y pese a todo el LNG que importen –con posibilidad inclusive de ofrecerlo de venta a la Argentina, o quizá animarse a industrializarlo en productos de valor agregado- el gas boliviano tendrá, en los próximos años una importancia específica en el mercado demandante de Chile.

Por eso hemos insistido en relaciones energéticas entre Chile-Bolivia, que obviamente deben ir de la mano con oportunidad de re acceder al Pacífico para Bolivia.

La energía para Chile es, en consecuencia, protagónica de su desarrollo, y el gas boliviano –como complemento- también será protagónico, al margen de la importación de LNG.

Adicionalmente a ello hay que subrayar que el Presidente Sebastián Piñera, como no podía ser de otra forma en un estadista de esa talla, presentó en su oferta electoral una Política Energética bastante agresiva que colocará a Chile en una posición de desarrollo económico y humano privilegiada en el Continente, basada en energía que debe traer desde ultramar y seguramente va a adquirir desde Bolivia.

La dimensión de crecimiento chileno es demandante permanente de gas para termoeléctricas. Además hay un claro déficit de combustibles como diesel y quizá un emergente mercado para plásticos, fertilizantes y –particularmente en el norte- de electricidad.

Esos nuevos productos energéticos citados serán suplidos, por de pronto, por el LNG, sin embargo de existir la voluntad interna en Bolivia y la posibilidad de sellar alianzas estratégicas y acuerdos de industrialización, bien podrían combinarse fórmulas de industrialización de gas boliviano, en territorio boliviano, con capitales chilenos y asegurando mercados de consumo chileno y externo, un Project finance en donde se articulen una parte de nuestras reservas (para industrializarlas en diesel, o utilizarlas para generación eléctrica, o para metanol de exportación, por ejemplo) con capitales multinacionales que actualmente operan en Chile (por ejemplo los operadores de redes de gasoductos, o termoeléctricas o exportadores de metanol) para, conjuntamente, tener la facilidad logística de la exportación del valor agregado por el Pacífico.

Ciertamente una comisión binacional de autoridades y empresarios interesados tendría que definir qué inversiones se dirigen a industrializar el gas boliviano en qué producto (sea para electricidad, diesel, plásticos, metanol, etc). Definir qué mercados serán los receptores (si el chileno o combinado con otros mercados), cómo se hará la logística de exportación desde Bolivia a Chile y desde allí a mercados de ultramar. Definición de sociedades accionarias, tipo de participaciones y otros aspectos que de seguro van a generar exitosos emprendimientos. Si en un momento se pensó en industrializar el gas con capital brasilero, se puede perfectamente pensar en una combinación de capitales con capitales chilenos para productos energéticos específicos como los señalados para la cuenca del Pacífico.

En todo caso una NPE Nueva Política Energética en Bolivia –con su respectiva ley de hidrocarburos y energía- van a señalar el rumbo de la industrialización de gas en valor agregado y a fijar las reglas de juego de futuros inversores.


(*) Boris Gómez Úzqueda, es máster en Administración, ejecutivo de una compañía de servicios en industria, energía, tecnología e hidrocarburos. 

 

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