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Es lo que hay

Es lo que hay

   José Luis Rodríguez Zapatero es un optimista. Lo es o se lo hace, tanto da. El caso es que Zapatero suele hacer gala de optimismo no importa lo adversas que sean las circunstancias o al día de hoy, las encuestas.

   Ha dejado dicho nuestro presidente de Gobierno que en un año y medio es capaz de darle la vuelta la situación. Los suyos le han aplaudido no sé si convencidos o simplemente porque es lo que toca en el guión.

   Vaya por delante que soy de las que creen que la política, como la vida, es imprevisible, y que de aquí a que se celebren las elecciones generales puede pasar cualquier cosa, de manera que no seré yo quien aseguré que el PP tiene ya ganadas las próximas elecciones.

   Pero hay numerosos indicios de que, por optimista que sea el presidente, el viento no sopla a su favor. Sólo hay que salir a la calle y escuchar lo que se dice en cualquier bar, en el mercado, en la peluquería, en la oficina, o en el tajo. Y lo que más se escucha es el deseo de que las cosas cambien, y ese cambio se simboliza sobre todo en que Zapatero haga mutis por el foro. Lo curioso es que el enfado de los ciudadanos no es tanto con el PSOE, sino con Zapatero, de manera que muchos de los que no votarían de nuevo a Zapatero sí votarían al PSOE, pero con otro candidato. Esa es la cuestión.

   El problema que tenemos hoy los ciudadanos es que no confiamos en ninguno de los dos líderes de los dos grandes partidos, el PSOE y el PP. Porque si bien es lógico que los ciudadanos expresen en las encuestas su hartazgo respecto a Zapatero, resulta asombroso que no confíen ni un poquito en la alternativa, o sea en Mariano Rajoy.

   De manera que Mariano Rajoy, si es que gana las próximas elecciones, no será porque genere confianza o entusiasmo, sino simplemente porque la animadversión hacia Zapatero es mayor que hacia él. O sea, que arreglados estamos los ciudadanos.

   Creo que desde que nuestro sistema democrático comenzó a andar allá en el año 1977 nunca se había dado esta circunstancia. Quizá por eso los estrategas del PP han optado por aconsejar a Mariano Rajoy un perfil bajo, que casi ni se note que está, para que nada de lo que diga o haga pueda irritar a los ciudadanos, sobre todo a esos ciudadanos que se mueven en el centro político, que son los que terminan determinando qué partido debe de gobernar.

   Sí, puede que el PSOE vuelva a ganar, o puede que lo haga el PP, pero lo triste es que gane quién gane, al menos al día de hoy, no despierta ni ilusión ni entusiasmo. Es como si nos resignáramos a que ésto es lo que hay.


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