La ‘revolución’ que ha logrado Rodríguez Zapatero con los profundos cambios que acaba de realizar en su Gobierno, da un importante vuelco a la cita del Comité Federal que el PSOE celebrará este sábado en la sede madrileña de Ferraz.
Teóricamente, el objetivo del cónclave es la ratificación de los cabeza de lista de las ciudades de más de 50.000 habitantes, a lo que se suma la designación del aragonés Marcelino Iglesias como nuevo secretario de Organización del PSOE en sustitución de Leire Pajín, ahora flamante ministra de Sanidad. Su despedida del cargo va a ser emotiva, sin duda.
Pero el interés principal se centra no solo en el discurso inicial del líder socialista, que es abierto a la prensa, sino sobre todo en el debate posterior a puerta cerrada, en el que los barones, dirigentes regionales y todo aquel que lo desee, tomarán la palabra para opinar sobre cuestiones políticas internas y externas.
Si este Comité tenía de por si interés por ser el primero que se celebra tras las primarias que se han disputado en algunas federaciones, entre ellas Madrid, que han sido las que más ‘morbo’ han despertado, ahora con la ‘macro-remodelación’ de Zapatero, se redobla la expectación para ver los efectos que ha causado en el partido: la mayor parte de las intervenciones serán para alabar el paso dado por fin por el presidente; una remodelación que algunos barones venían reclamando insistentemente desde hace tiempo.
Uno de los que asistirán con una amplia sonrisa a la reunión será el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, que lo ha pasado mal ante la avalancha de reproches –entre ellos, los del propio Zapatero- y críticas que recibió después de haber ‘osado’ dar consejos en público al líder, al que le recomendó que hiciera urgentemente “algo” para remontar las malas perspectivas electorales que tiene el PSOE y sacudir el desaliento que reina entre la militancia.
Así las cosas, si el foco de atención mediática iba a estar centrado en Tomás Gómez, al que sus ‘detractores’ han decido tras su victoria perdonarle, ahora se va a dirigir –además de hacia Zapatero– hacia muchos otros 'blancos'. Pero fundamentalmente hacia Rubalcaba, convertido en el auténtico alter ego de Zapatero.