lunes 08 de noviembre de 2010, 15:27h
El Ministro Boudou explicitó la estrategia oficial con su concepto de que hoy la inflación no es un tema para grandes porciones de la población, aunque puede ser preocupación para los integrantes de la clase media-alta.
Me explico. Como ya le conté muchas veces, la inflación argentina de estos últimos tiempos no es una consecuencia no deseada de un esquema de crecimiento. Es el corolario natural del intento de maximizar la recaudación de impuestos a la exportación con una política cambiaria a contramano de la evolución de los precios de los commodities que exportamos, por un lado, y del financiamiento del déficit fiscal con la emisión de pesos del Banco Central, en un contexto en que la demanda de dinero ha llegado al techo y, de hecho, está cayendo en términos reales, por el otro.
En efecto, como en toda la región, el tipo de cambio real se está apreciando (dólar barato) por la presión de la mayor oferta de dólares comerciales, por la suba del precio de los commodities, y por el flujo de inversiones de portafolio, en el contexto de la tasa cero en el dólar y la inyección de liquidez global.
Frente a esto, la mayoría de los países de la región, no sin problemas, eligieron bajar el precio de su moneda y privilegiar una menor tasa de inflación, para proteger a sus sectores más rezagados y renunciando a impuestos a la exportación, de manera de incentivar la producción y las exportaciones.
La Argentina, en cambio, optó por sostener el valor nominal del peso, y dejar que la apreciación “real” se diera por mayor inflación. Es decir, privilegió poder cobrar impuestos a la exportación, a costa de desincentivar producción, y decidió compensar a los sectores más afectados con la inflación, con subsidios y clientelismo.
Esto le permite cobrar impuestos a la exportación elevados, en el marco de la suba del precio de los commodities, pero al costo de una inflación alta, que se elevó aún más, con la mayor oferta de pesos del Banco Central para financiar el déficit fiscal y con el problema estructural del precio de la carne, generado por la equivocada política ganadera de estos años.
Ahora bien, la alta inflación, en una economía en cuasi pleno empleo, le genera al gobierno, paradójicamente, algunos beneficios políticos.
El primero, es su relación con los gremios aliados, la “columna vertebral” del proyecto electoral oficialista del 2011. Con inflación alta, el poder del sindicalismo aumenta, dado que son los representantes sindicales los encargados de “negociar” los aumentos salariales, en combinación con el Ministerio de Trabajo.
Durante este año, esas negociaciones han permitido que el salario formal, más o menos, le empate a la inflación verdadera. Por lo tanto, para esta “porción” de la población, “la inflación no es un tema” y si lo es el empleo, atribuido al “modelo K.”.
Lo mismo sucede para el empleo público nacional, cuyos salarios también se ajustan casi como la inflación. Obviamente que esto tiene patas cortas, a la larga la inflación siempre le gana al salario, pero mientras estas patas cortas lleguen al 2011, alcanza.
Por otra parte, como el resto de los gastos del Estado Nacional, no evolucionan con la inflación real, o se pueden “manejar”, la inflación aumenta los ingresos nominales, y unos “puntitos” se le pueden sacar a los ingresos, sobre los gastos.
Una situación diferente es la de las Provincias, que si bien reciben los beneficios del aumento nominal de la coparticipación y del Impuesto a los Ingresos Brutos (con perdón de la palabra), pagan mayormente salarios, por lo que poco pueden “ganarle” a la inflación, sin conflictos. Esto aumenta su dependencia de las transferencias del gobierno central, en especial para obras públicas.
En síntesis, la inflación termina siendo un problema para los asalariados informales, desempleados y cuentapropistas –que compensan parcialmente con más “changas” u “horas extras”-. Para los jubilados y, efectivamente, para ciertos sectores de la clase media alta a la que pertenece el Ministro.
Con miras al 2011 la apuesta es clara: “que nos voten los asalariados formales, los subsidio dependientes, y los jóvenes de primer empleo.
A parte de los jubilados ya le regalamos una jubilación, y a muchos de los otros les seguiremos ajustando con movilidad. A la clase media-alta la perdimos hace rato y si recuperamos a una pequeña parte del campo …quién te dice”.
Pero apostar a que te “salve” la inflación alta resulta siempre una apuesta de alto riesgo, si lo sabremos nosotros.