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Las verdades de WikiLeaks

Las verdades de WikiLeaks

jueves 02 de diciembre de 2010, 17:25h

Todo mandatario serio y responsable pone por delante los intereses de su nación

Como Colón, WikiLeaks acaba de descubrir América. Recabar información detallada es función de diplomáticos desde la formación de las naciones. Todo gobierno serio exige a sus emisarios informaciones muy precisas sobre sus aliados y más aún sobre sus enemigos.

Lo principal que devela el sainete es que una mayoría de políticos se preocupa más por temas de imagen que por lo realmente sustantivo.

El propio gobierno de Obama exageró la importancia de WikiLeaks, formando un alboroto que omite señalar que muchos comentarios publicados son simples apreciaciones de sus diplomáticos.

Estados Unidos no tiene amigos, sólo intereses. ¡Valiente descubrimiento! Solo un ignorante, ingenuo o loco -o combinación de los tres factores- se cree que decir eso constituye una descalificación internacional.

El "affaire WikiLeaks" apenas trascenderá en países desarrollados. Es probable que las opiniones de Putin, Berlusconi, Cameron, Merkel, Sar-kozy, Netanyahu, y otros, sobre Obama sea mucho más fuerte que lo que sobre ellos se dice en los cables. Son los primeros en saber que creer en el disfraz de Blancanieves ha sido un peligroso error de Jimmy Carter y del actual mandatario norteamericano.

Todo mandatario serio y responsable pone por delante los intereses fundamentales de su nación. La mayoría de los mencionados ha reaccionado con mesura, condenando la indiscreción.

El chillido de indignación emana de países del Tercer Mundo gobernados por megalómanos infantiles y autoritarios, que consideran que sus países son propiedad personal, y que creen que otros jefes de Estado son sus amigos o enemigos personales: según les pelen los dientes o se dejen manosear.

Fidel Castro lleva más de medio siglo en el poder, sin derramar ni media lágrima por Camilo, "Che", Allende, Bishop, Ortega, Ceaucescu, Noriega, Velasco, o por cualquiera que en su momento fue su "amigo". Ahora, como apenas quedó mencionado, el anciano ególatra dice patéticamente que "hay que hacerle una estatua" a WikiLeaks por confirmar que la diplomacia norteamericana no es tan ingenua como la proyecta un Obama.

Atrás no quedan sus mediocres acólitos latinoamericanos: el cínico delincuente Julián Assange debió partirse de risa ante el cretino ofrecimiento del histérico Rafael Correa, de darle residencia en Ecuador. Banana pura.

Lo más triste es la poca importancia que -salvo por terrorismo, corrupción y narcotráfico- se otorga a Latinoamérica, donde la noticia más impactante son las dudas mundialmente compartidas sobre la salud mental de algunos mandatarios. Payasos en el circo global.

aherreravaillant@yahoo.com

 

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