Escritos en libertad:León y el golpe
martes 22 de febrero de 2011, 21:57h
Treinta años es una cifra suficientemente expresiva como para que resulte lógico que estos días los medios de comunicación se hayan volcado en rememorar, que no conmemorar, aquel fallido golpe de estado del 23 de febrero de 1981. Si contamos las personas que no habían nacido y aquellos que todavía estaban en edad escolar, puede decirse que casi la mitad de la población apenas tiene otra referencia de aquellos sucesos que lo leído en los libros de historia, alguno de ellos magistrales como el de Javier Cercas, “Anatomía de un instante”.
Compañeros de profesión que se encuentran en esa franja de edad me han preguntado cómo vivimos los periodistas más veteranos aquella tarde de tensión e incertidumbre en nuestra provincia. Los jóvenes colegas plantean la pregunta ávidos, con la pretensión de recibir un relato entre la épica y la heroica.
Nada más decepcionante. Aquella tarde los periodistas, que en su mayor parte tampoco habíamos cruzado la treintena, la pasamos como todos los españoles, pendientes de la radio. En León no pasaba nada. Nada visible. O tampoco debíamos de tener mucha curiosidad por saberlo. Dos policías se pasaron por la redacción del periódico, seguramente con el único fin de informar a sus superiores del ambiente que allí se respiraba y la prueba es que al día siguiente toda la información local relacionada con el golpe se limitaba a un titular: Expectación en la calle. Una frase que tampoco recogía la realidad, porque la única expectación se registraba intramuros, en los hogares y ante el televisor.
No recuerdo que nadie llamara a los acuartelamientos de León, ni a los gobiernos militar o civil. O que utilizara el contenido de aquellas llamadas para algo más que la tranquilidad o intranquilidad propias. Pasado el tiempo se ha sabido que algún concejal se presentó ante las autoridades militares para ponerse a sus órdenes, por si las moscas, y que circulaba una lista de una veintena de personas fusilables si el golpe triunfaba. La mayoría eran cargos públicos del Partido Comunista de España, menos del PSOE y algún sindicalista.
Por lo demás, el silencio de los corderos. Seguramente es lo normal en estos casos, porque ya se sabe que donde mayor número de héroes se registra por metro cuadrado es en el cementerio. Cualquier justificación es buena. Pero la realidad es que León dio muestras una vez más de su pasotismo y que uno, pasado el tiempo, tiene la impresión de que si hubiera triunfado el golpe en Madrid, en estas tierras nuestras nos habríamos adherido masivamente al ejército golpista. Afortunadamente una serie de circunstancias por todos conocidas frustró la intentona militar en la madrugada del día siguiente. Por lo tanto, este 23 de febrero celebraremos los 30 años de la historia de un fracaso. Pero un fracaso sobrevenido.
Y es que los leoneses, ya se sabe, somos así, no nos gusta el protagonismo. Vivimos en la comodidad de que sean siempre otros los que nos marquen nuestra historia.
Fernando Aller. Periodista.