Floja tarde de El Cid y Perera con un interesante encierro de El Ventorrillo
San Isidro: Talavante rompe la Feria con un faenón de Puerta Grande
martes 17 de mayo de 2011, 22:00h
Actualizado: 19 de mayo de 2011, 08:37h
Un Alejandro Talavante insipiradísimo se rompió a torear a ese buen toro que fue 'Cervato', par¡riendo una faena de pura imporvisación en la que bordó el toreo al natural y los adornos. Con tanto oro puro, el extremeño, que abrió la Puerta Grnde ha reventado la Feria, que se pone muy exigente para el desfile del resto de figuras a partir de este miércoles. Buen encierro de El Ventorrillo y mala tarde de unos desdibujados Cid y Perera.
Toros de EL VENTORRILLO, bien presentados en general aunque desiguales de trapío -con 4º, 5º y 6º mayores-, edades y pelaje. Tres primeros encastados; resto, mansotes. Todos muy nobles. EL CID: pitos; silencio. MIGUEL ÁNGEL PERERA: silencio tras aviso; silencio. ALEJANDRO TALAVANTE: dos orejas; silencio. Salió a hombros. Plaza de Las Ventas, 17 de mayo. Lleno con cartel de 'no hay billetes'.
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Uno de los coletudos más irregulares de entre los denominados figuras, aunque siempre sobre la base del valor, Alejandro Talavante, sorprendió gratamente de nuevo en Madrid, como en su confirmación, hace ya cuatro años largos, y volvió a abrir la Puerta Grande con todo merecimiento. Porque el extremeño toreó. Así de fácil, así de sencillo... en teoría, claro. Pero él lo puso en práctica y descerrojó esa soñada Puerta de los sueños, que se pone cara ya para el resto del abono isidril.
Tranquilo, relajado, sin darse coba, ya se había lucido en el quite escalofriante por gaoneras al de El Cid y por ajustadísimas chicuelinas en este suyo. Tan tranquilo, relajado y feliz en la cara de 'Cervato' que sus series de naturales en el platillo no eran de tres ó cuatro, como la moda. Talavante sumaba, engarzados con la rima del temple. hasta ocho, antes de arrebatados y escultóricos pases de pecho.Además, de su creatividad surgían a borbotones los adornos, los cambios de mano, las trincherillas y los pases cambiados con los pitones rozándole la femoral.
Espadazo hasta las péndolas
Con similar ortodoxia, de fuera a adentro y de arriba a abajo, continuó en redondo, siempre por encima de las exigencias encastadas del burel. Todo era un explosión como sus manoletinas y adornos finales de cierre. Y para que no hubiera dudas, él, tan pésimo con la tizona normalmente, alumbró un espadazo hasta las péndolas al encuentro, perfecto colofón para el doble trofeo con el que recorrió feliz el anillo entre aclamaciones.
Lo intentó de nuevo en el galafate que hizo sexto -al que aplicó unos mandones y bellos delantales-, pero la escasa codicia del bicho le hizo rajarse pronto, aunque Talavante, de nuevo firme, seguro y tranquilo, nos dejó algunas series más cortas sobre todo con la izquierda. No importaba, la lección estaba explicada y a este extremeño del Atleti -de ahí su irregularidad, que esperemos no le lleve a dormirse de nuevo, a ser 'El Pupas' como los rojiblancos- se lo llevaron en volandas sus enfervorecidos catecúmenos hacia la gloria, léase la Puerta Grande.
Poco más hay que relatar del festejo en cuanto a los coletudos. Porque a un cada día más desangelado e impotente Cid, lejos del que otrora campeaba en 'sus' Ventas, se le fue otro burel encastado, el que abrió función, con el que no pudo en ningún momento por su continuo bailoteo. Y cumplió sin alardes con el marmolillo cuarto.
Porque un cada día más vulgar, despegado y ventajista Miguel Ángel Perera, 'ídem eadem ídem' con el segundo -frente al cual sí lo bordó su picador Ignacio Rodríguez-, de similar catadura. Aunque se quedó más quieto que El Cid, sus series eran la antítesis de lo que se pide en Madrid -que repase el vídeo de su paisano Talavante y aprenda o de sus magníficas tardes en 2008-. Y tampoco hizo otra cosa que ponerse pesado en el otro marmolillo del encierro, su segundo.