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Los políticos catalanes necesitan hacer una cura de humildad

Dice el refrán castellano: para este viaje no hacían falta tantas alforjas. Para comprobar hasta qué punto los ciudadanos empiezan a desencantarse de la clase política de nuestro país, de tanta polémica, de tanto rifirrafe inútil, de tantas divisiones estériles, hubiera bastado con que esos mismos políticos que el miércoles por la noche contemplaban los resultados electorales catalanes con cara de perplejidad, hubieran dejado de mirarse el obligo, y obligados a escuchar, no lo que de ellos se dice en las radios o no en la televisión, sino lo que de ellos dice en los taxis, en el autobús, en las cafeterías, en el mercado o en las cenas de amigos. La mejor encuesta si lo que verdaderamente quieren es saber cuáles son las prioridades de los ciudadanos de a pie. Esos a los que nadie se para a escucha, pero que son los que finalmente les darán la victoria, la derrota o les ponga contra las cuerdas, obligándoles a tragarse su orgullo, su vanidad y a empezar la casa por los cimientos y no por el tejado que es lo que acostumbran a hacer en la mayoría de los casos..

Lo que ha ocurrido en Cataluña se veía venir desde que se empezó a hablar del nuevo Estatuto. Fue entonces cuando los lideres de las diferentes formaciones tendrían que haber tomado el pulso a sus representados. Sólo entonces se habrían dado cuenta de que era una pequeña minoría la que estaba por la labor de cambiar un Estatuto que funcionaba, que no chirriaba, que había cumplido los objetivos para el que fue concebido.

Pero no, todos querían hacerse la foto, todos querían ser protagonistas de una historia que ha abierto cicatrices difíciles de restañar. ¿O acaso creía Maragall que todos sus votantes eran igual de catalanistas que él? Ni mucho menos. ¿ Y Más? ¿quién le dijo a Mas que por el hecho de haber sido recibido por Zapatero en la Moncloa, iba a ser el ganador indiscutible de la contienda electoral? ¿Acaso su olfato político? Pues si fue así, tienen la nariz taponada. Algo que me llama poderosamente la atención tratándose de hombres que han nacido y crecido en política.

Ahora -y una vez que todos sin excepción han digerido que ningún partido podrá gobernar en solitario-tienen que empezar a desandar lo andado, sin prisa pero sin pausa porque para Artur Mas, José Montilla, Carod Rovira, Josep Piqué, Joan Saura, y Albert Rivera, ha sonado la hora de la verdad.

Tendrán que demostrar si valen o no, si son capaces o no de dar respuesta a los numerosos problemas que tiene planteados la sociedad catalana, y que son muchos y algunos acuciantes, como el tema de la vivienda, la sanidad y la inmigración. De manera que fájense todos y demuestren que están ahí por algo que no es sólo el interés partidista, algo por lo que les podamos recordarles en un futuro. Animo y al tajo.

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