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La histórica disculpa del Rey

La histórica disculpa del Rey

jueves 19 de abril de 2012, 08:01h
Estamos en tiempos de los que una vez fueron calificados "de infarto", con noticiones, y hasta sustos, de gran envergadura. Un día se nos recorta en diez mil millones el gasto sanitario y educativo, otro día se anuncia la expropiación de YPF,  otro día se anuncia el copago farmacéutico incluso para los pensionistas... Pero sobre todas estas informaciones de primera magnitud, las palabras del Rey, no por menos esperadas, han causado vivísima sensación. Este jueves ocupan los espacios preferentes en las primeras páginas de los diarios, aunque ya desde la una del mediodía del miércoles han sido unas pocas palabras muchas veces repetidas en todos los medios audiovisuales: Lo siendo mucho, me he equivocado y  no volverá a ocurrir", decía el Rey don Juan Carlos, cuando se disponía a abandonar la clínica en la que le fue reparada la cadera, tras el traspiés que sufrió en Botswana, adonde viajó, en visita privada, para cazar elefantes. Don Juan Carlos contestaba a la pregunta del informador de TVE, Luis Lianes: ¿Cómo se encuentra, Majestad", le preguntó el periodista. Y el Rey pronunció esas tres frases con toda certeza muy pensadas y elaboradas en las horas, y hasta en los días precedentes. Don Juan Carlos ha seguido muy de cerca su propia la evolución de su propia enfermedad y las reacciones que ha suscitado en la opinión pública, particularmente en las redes sociales, en las que el viaje llegó a merecer severísimo trato. Hasta el punto de haberse convencido de la necesidad de pedir disculpas, del modo más humilde, a los ciudadanos españoles, en un mensaje público modélico y sin precedentes. Y así sucedía al mediodía del miércoles, cuando abandonaba  el hospital y se dirigía a "retomar sus obligaciones", como él mismo señalaba.  Los diarios de este jueves son unánimes en reproducir esas tres frases y la circunstancia en que se pronuncian:  don Juan carlos intenta frenar la crisis institucional con una disculpa histórica. Cambio de rumbo en la Casa del Rey para evitar los viajes secretos y los safaris de lujo", deduce El País. Titula El Mundo: Cuando reinar consiste en saber decir Lo siento. Amplio respaldo de los partidos políticos a la petición de disculpas del Rey don Juan Carlos.  La humildad del Rey, dice ABC. Explica La Vanguardia que el Rey pide disculpas por su viaje a Botsuana al salir de la clínica tras la operación de cadera. Revela La Vanguardia que don Juan Carlos había anticipado sus intenciones a Rajoy y Rubalcaba, que dan por zanjada la polémica.. Dice El Periódico de Cataluña que el Rey reconoce que se equivocó con el safari de Botsuana y se disculpa. Y cree saber El Periódico que el Príncipe impulsó este gesto inédito que alivia al Gobierno del PP.  Valora La Razón "el valor de la Monarquía", y coincide en que don Felipe acordó  con el Rey pedir disculpas. También emplea la formula de "gesto histórico" del Rey, al pedir perdón a los españoles por la polémica desatada por su viaje a África. Añade este diario que ele Príncipe se muestra partidario de un estatuto que regule las funciones de la familia real.  Dice La Voz de Galicia que Gobierno, PP y PSOE consideran suficientes las disculpas del Rey...

¿Y ahora, qué? Pues, pronunciada la disculpa histórica y sin precedentes en la historia de España, corresponde un borrón y cuentas nuevas en el ejercicio de la Monarquía Constitucional que, con bastante probabilidad, forzará al Jefe de la Casa Real a comportamientos mucho más exigentes  en muchos ámbitos de su vida, incluida la vida privada. ¿Se ha alejado la tormenta por virtud de lastres frases regias? Eso es más difícil de predecir. No hay duda de que el episodio de los elefantes africanos habrá marcado un antes y un después, por las implicaciones que tiene: Un safari de lujo cuando el país es invitado a apretarse el cinturón, cuando el número de parados y de familias sin subvención de ninguna clase crecen sin final previsible... Eso es de muy difícil comprensión, sobre todo, cuando el propio Rey se había encargado, reiteradamente, de emitir esos mismos mensajes en favor de una mayor austeridad y ejemplaridad pública y privada. Todo eso, y posiblemente también su relación matrimonial, materia ésta que no parece interesar o preocupar a los españoles, que en cambio, sí exigen del Rey un cumplimiento de sus obligaciones y una coherencia con sus mensajes, como primero de los ciudadanos españoles.

El Rey se ha disculpado, por sugerencia de algunos y por propia convicción. Hay coincidencia en que "el Rey ha actuado bien", como debía haberlo hecho, y que con eso se salva una situación muy delicada. Ahora se reclama una mayor transparencia en los actos de la Casa Real, y la elaboración de normas para la sucesión a la Corona en la persona de su hijo don Felipe.


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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    5793 | Rosa Paredes - 20/04/2012 @ 12:30:45 (GMT+1)
    Confieso que viendo a nuestro rey Don Juan Carlos pidiendo disculpas ante sus súbditos, sentí una rara sensación y la imaginación me trasladó de sitio. El lugar donde acontecieron los hechos, fué en la vieja escuela de mi infancia. ¡ Tiempos de colegiala ! Y yo me pregunto: ¿Quién no ha hecho travesuras en su vida? Nos gustaba jugar, en las horas del recreo, a las tabas. Lo malo es que la ambición nos tentaba y nos hacía cometer pecados veniales y mortales. Las enseñanzas que nos impartían en el Catecismo, no siempre surtían el efecto deseado. De vez en cuando estirábamos la mano y mangábamos las tabas de otras compañeras. Claro que el delito que se intentaba esconder, por una causa u otra, terminaba descubriéndose. Era entonces cuando la ira de la profesora caía sobre la que había cometido ese terrible pecado. Se nos instaba a que alargásemos las manos con el fin de darnos fuertes reglazos en las mismas para apllicarnos el castigo correspondiente. A pesas del tiempo transcurrido, puedo recordar las súplicas que le hacía a la señora maestra. Prometía y volvía a prometer, que "nunca mais" iba a cometer fechorías. El perdón solicitado, no era para librarme de los golpes merecidos. No, lo pedía para no perder la merienda del recreo, consistente en un trozo de queso amarillo rabioso, y leche en polvo. Eran tiempos difíciles y la manduca escaseaba. No se podía perder, bajo ningún concepto, lo que nos permitía sobrevivir. Por otro lado me horrorizaba la decepción que pudiese causarles a los mios ante la expulsión, por mala conducta, de la vieja escuela. ¡ Eran otros tiempos! http://rosaparedes-rosa.blogspot.com

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