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Ese PP que Rajoy no quiere renovar

Ese PP que Rajoy no quiere renovar

domingo 02 de marzo de 2014, 14:17h
Concluyó en Sevilla, sin pena ni demasiada gloria, el congreso del Partido Popular en Andalucía y comienza ahora, con casi ninguna gloria y sí bastantes penas, el congreso del PP vasco, que discurrirá de manera simultánea con el del Partido Popular Europeo, este en Dublín. Son varias oportunidades las que el partido que sustenta al Gobierno de España ha tenido para regenerarse, darse una nueva imagen y, de paso, ofrecer un nuevo concepto de hacer política. Pero ni Mariano Rajoy, fuente de todo poder, ni, por supuesto, sus segundos escalones, han mostrado la más mínima voluntad de propiciar cambios a fondo.
 
Y, así, hemos asistido al penoso espectáculo de ese congreso de los 'populares' andaluces eligiendo, por un 98 por ciento, a su nuevo líder y candidato a enfrentarse a la socialista Susana Díaz para la presidencia de la Junta. Juan Manuel Moreno Bonilla sería, lo conozco desde hace tiempo, un buen candidato si realmente hubiese sido elegido desde las bases, en un proceso de primarias que hubiese ilusionado a una militancia escandalizada por el juego de poderes entre la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, y el vicesecretario, Javier Arenas. Un juego de dos personajes que ya ni se hablan, lastrando el funcionamiento del 'cuartel general' del partido, en la madrileña calle Génova, y en el que ha tenido que terciar, con el consiguiente desgaste, el mismísimo Rajoy.
 
Las heridas no están cerradas en la organización 'popular' andaluza, pese a ese 98 por ciento aplastante de 'síes' a la candidatura de un Moreno que no tiene enemigos, pero tampoco 'fans' fervorosos y a quien las encuestas no le auguran demasiado espacio frente a la arrolladora y ambiciosa 'estrella' de los socialistas. Ni están cerradas tampoco las heridas en el PP vasco, donde la presidenta Arantza Quiroga va a relevar al secretario general, Iñaki Oyarzábal, por algo así como incompatibilidad de caracteres, provocando el disgusto de figuras tan importantes en la organización como Alfonso Alonso o el alcalde de Vitoria, Javier Maroto. Rajoy, y la propia Cospedal, se han cuidado muy mucho, contra lo que ha ocurrido en Andalucía, de meterse en el avispero vasco, pero consta el disgusto con el que en Génova y en Moncloa se contemplan las desavenencias -disimuladas, claro-entre los por otra parte sufridos dirigentes vascos.
 
Así, los frentes abiertos en el ámbito nacional son importantes -lo que ocurre en Madrid y Valencia, a la busca de candidatos para las autonómicas y locales, mejor ni mencionarlo--, como importantes son en la esfera internacional. Cierto es que Rajoy ha comenzado, al fin, a volcarse en las cuestiones europeas, y que es un líder respetado crecientemente en los ámbitos de la UE; pero no menos verdad es que la capacidad de influencia del presidente español, muy respaldado por el secretario general del Partido Popular Europeo, Antonio López-Istúriz, es aún mucho menor de la que correspondería a un país como España.
 
Por eso, existe mucha expectación por ver qué ocurre esta semana en el congreso del PPE en la capital irlandesa, donde quizá se dé a conocer el nombre de quien será el candidato de los conservadores europeos a la presidencia de la Comisión -Jean Claude Juncker es el que más suena, aunque no entusiasme a la cancillería española-e incluso el de quien encabece la candidatura del PP español en las elecciones europeas del 25 de mayo. El nombre del ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, es el que más se cita, sin que despierte recelos en ninguno de los 'sectores' del PP; inexplicablemente, Rajoy se ha resistido hasta ahora a desvelar quién será 'su' cabeza de lista, acentuando los perfiles personalistas con los que está conduciendo el partido que preside, cada vez con menor aceptación de críticas y sugerencias. Lo que no significa, por cierto, que no se escuchen críticas y sugerencias por doquier, de quienes reclaman, desde cargos intermedios, un nuevo funcionamiento en esta formación, introduciendo, como han hecho ya otras, elecciones primarias, limitación de mandatos, mayor transparencia de cara a la ciudadanía y otra manera de elaborar las candidaturas.
 
Pero Rajoy, a quien hay que reconocerle una actuación de prudencia, sentido común y buen manejo de los tiempos en el ámbito estrictamente económico, sigue, en política, con sus viejos esquemas de dejar que las cosas se pudran. No parece querer mover más músculos de los estrictamente imprescindibles y, salvo sorpresas que dejarían  boquiabiertos hasta a sus más cercanos colaboradores, se mantendrá en el inmovilismo que ya empieza a serle característico. Lo cierto es que las vías de agua en el PP son más importantes de lo que parece, y que el funcionamiento de un partido que es, numéricamente, el más importante de España, es, opinan muchos en el 'cuartel general' de Génova, muy mejorable.

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