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Hacer un partido no es tan fácil

Hacer un partido no es tan fácil

viernes 27 de febrero de 2015, 09:50h
Dice Alberto Garzón, el nuevo líder de Izquierda Unida, que Podemos carece aún de la experiencia y los cuadros suficientes. Tiene razón el joven diputado andaluz: el PCE, que integra la sustancia de IU, ha sufrido años de clandestinidad y de penurias para mantener una infraestructura desde sus iniciales posiciones clandestinas. Y casi lo mismo cabría decir del PSOE, que hubo de reconstruirse y rejuvenecerse al escindirse en 1974 entre el exilio de Llopis y la 'renovación' del clan sevillano dirigido por Felipe González. De lo que ocurrió con UCD, creada en apenas dos meses desde el poder y disuelta como un azucarillo cinco años después, ya ni hablamos. Y recuerdo que alguna vez Manuel Fraga me habló de sus angustias para mantener una estructura partidaria en la Alianza Popular que dio paso al Partido Popular. Y es que me parece que hemos perdido una perspectiva esencial: una cosa es que desde las tertulias televisivas se generen estrellas de la política. Y otra, muy distinta, que los partidos que esas jóvenes promesas generen nazcan ya consolidados y con candidatos de prestigio para, por poner un ejemplo, ocupar las alcaldías de Socuéllamos, o Torrelavega, o Punta Umbría, o...Y en esas estamos en estos momentos: en la necesidad de consolidar los edificios que se han comenzado por el tejado del líder, pero sin paredes militantes.
 
Regreso, así, de un viaje relámpago a Coruña, donde pude mantener un encuentro informativo de alto interés con un grupo de miembros de Ciudadanos, desesperados sus integrantes por las luchas internas desatadas, en busca de poder, por otro grupo recientemente afiliado al partido, tan emergente, de Albert Rivera. Y me da la impresión de que lo que ocurre en Ciudadanos, tan mimado por las expectativas de las encuestas, es más o menos lo que adivinamos al bucear en las tripas de Podemos, Ganemos, la Marea o todos esos colectivos que surgen al calor del desencanto ciudadano con los grandes partidos tradicionales: una cosa es el atractivo de Pablo Iglesias, o de Rivera, o de Ada Colau, y otra, muy distinta, que sus organizaciones tengan eso, una organización verdaderamente digna de tal nombre.
 
Elecciones primarias internas, aluvión de gentes que se afilian llenas de buena voluntad unas, buscando un escaño o una alcaldía fácil otras, nos hablan de centenares de personas que llegan de refresco a la política, provocando una renovación necesaria, sí, pero tal vez excesivamente precipitada y poco selectiva: una empresa, un periódico, un club de fútbol, cualquier iniciativa, necesita de años de maduración, y es impensable un triunfo súbito e inmediato a raíz de la mera constitución de tales emprendimientos. Hacen falta, como advertía Garzón a Podemos -con el que no tendrá otro remedio que acabar confluyendo, sin embargo-, cuadros, gente que sepa de organización política, de coordinación de personas, de elaboración de programas, de trato con los medios de comunicación y hasta de alquiler de sedes. Y de esto no hay ni en Ciudadanos, con sede en Barcelona, ni en Podemos, con sede en Madrid, ni en Ganemos, con el epicentro también en la Ciudad Condal, ni en La Marea, que radica en Santiago, ni en ninguno de los restantes emergentes, que, si analizamos las cosas con calma, están provocando un saludable revuelo, pero también una enfermiza confusión, en el suelo de la política nacional.
 
Y ni Rivera en sus giras triunfales por toda España -ahora, sobre todo, por razones obvias, por Andalucía-, ni Pablo Iglesias, que tiene que atender al frente del Europarlamento al tiempo que a la construcción interna de su formación, tienen, creo, ni tiempo ni ganas de saber de esas cosas que ocurren a ras de suelo. Ni los periodistas solemos tampoco estar atentos a estos 'detalles' que ocurren en la base y que, sin embargo, van a influir muy mucho en la calidad de las personas políticas en el futuro inmediato. Y ya digo: algunas de las cosas que me contaron los de Ciudadanos en Coruña ponen los pelos de punta, y me parece que asuntos similares estallan, desde la oscuridad y el silencio, en otros muchos puntos de España. Puede que solamente nos demos cuenta cabal de los resultados cuando conozcamos algunas listas ganadoras de poder local o autonómico tras las urnas de mayo. O cuando comprobemos que no es lo mismo lo que el ciudadano proclama al ser preguntado en los sondeos que lo que hace al enfrentarse en solitario, y tras unas campañas electorales que se adivinan algo alteradas, a la urna.


El blog de Fernando Jáuregui: 'Cenáculos y mentideros'>>
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