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Metafísica y poesía, armas de la izquierda para vencer al PP

Metafísica y poesía, armas de la izquierda para vencer al PP

domingo 01 de marzo de 2015, 13:42h
Un donostiarra y un granadino, catedráticos ambos, que se respetan mutuamente y que pueden terminar formando parte de un mismo gobierno autonómico en Madrid si el PP pierde la mayoría absoluta que detenta, son las nuevas bazas del PSOE y de IU para sobrevivir en medio de esa " pinza virtual" que forman los seguidores de Mariano Rajoy y Pablo Iglesias.
Si durante 30 años la política española ha estado partida en dos mitades, una del centro hacia la derecha y otra del centro hacia la izquierda, al margen de los nombres que se han ido poniendo en esos anchos territorios, una de ellas, la segunda, ha decidido que para ganar la batalla más importante que se va a celebrar dentro de la guerra electoral del próximo 24 de mayo, que es la de Madrid, va a emplear dos armas inéditas hasta ahora en las citas con las urnas: la metafísica que enseña el candidato del PSOE, y la poesía que practica el candidato de Izquierda Unida. Puede que ambos terminen pactando para gobernar y puede, incluso, que inviten a los acuerdos postelectorales a otros profesores universitarios como ellos, los que lideran Podemos.

Ángel Gabilondo, que pasó de fraile a catedrático, de catedrático a rector, y de rector a ministro  para volver a la docencia universitaria es la gran baza del socialismo madrileño para salir de las catacumbas en las que esta metido desde hace veinte años. El inesperado y necesario hachazo de Pedro Sánchez sobre la cúpula del PSM le ha llevado a encabezar una lista que había ganado Tomás Gómez y que, según todos los sondeos, se encaminaba a una nueva, más abultada y más destructiva derrota, superada por dos e incluso por tres formaciones políticas, desde el Partido Popular a Ciudadanos.


El antiguo fraile de los Hermanos del Sagrado Corazón cumple este primero de marzo 66 años y afronta su mayor reto y compromiso político con la esperanza de ganar para el PSOE unos cientos de miles de votos, y para él el sillón de mando de la antigua Casa de Correos de la Puerta del Sol. La metafísica que enseña en la Universidad Autónoma no le impide definirse como un hombre práctico y realista dispuesto a cambiar las formas frente a sus rivales, y el fondo en el gobierno, si es que lo consigue. Lo que no sabemos y posiblemente tampoco lo sepa él mismo es lo que hará si lo que le deparan las urnas es un puesto en las bancadas de la oposición.

A su lado, corriendo en paralelo hacia las urnas, está el poeta y profesor de Lengua española, Luis García Montero, que acaba de pasar por la cinta que marcan los 56 años y que, al igual que le ha pasado a Gabilondo, no era la primera opción de Izquierda Unida y ha tenido que esperar a la crisis desatada por los antiguos dirigentes de esta formación en Madrid, Ángel Perez y Gregorio Gordo, contra Tania Sánchez para suceder a ésta tras su renuncia y fuga de la coalición para formar ( o intentarlo ) un nuevo grupo y unas nuevas siglas.

La izquierda madrileña ha apostado por la Universidad, el profesorado y la cultura como fórmula para desprenderse ante la sociedad de los vicios del pasado, e intentar que los electores perciban que el cambio que demandan está en esa mitad de la población mientras que en el PP se mantienen las mismas caras, todos ellos opositores en diversos puestos y alturas de la estructura del estado, ya se llamen Esperanza Aguirre, Ignacio González, Soraya Sáenz de Santamaría, Cristina Cifuentes o Lucía Figar. Si lo miramos bien unos y otros funcionarios de la Administración y muy lejos de lo que fueron en otros tiempos los ingenieros y economistas que dirigieron los asuntos públicos.

De lo que suceda en el territorio de la Comunidad de Madrid y en especial en el Ayuntamiento de la capital depende una buena parte del futuro político de varios líderes de los partidos. Si Gabilondo mejora los resultados que consiguió Gómez en 2011, que es fácil, y además gobierna la consolidación de Pedro Sánchez al frente del PSOE será un hecho hasta las elecciones generales, ocurra lo que ocurra en otras partes de España. Algo similar se puede decir de Alberto Garzón, el líder de IU tras el paso atrás de Cayo Lara, que necesita victorias para no ser " deglutido" por Podemos. 


Por el lado contrario, la pérdida de Madrid será el más duro de los varapalos que puede recibir Mariano Rajoy a finales de mayo: si pierde con Esperanza como cabeza visible del resto de las candidaturas podrá decir que ha sido la "líderesa" quien ha perdido. Si la cambia será él el culpable de la derrota y afectará a sus decisiones para los comicios generales. No quiere el presidente del gobierno un Madrid convertido en la Baviera española, pero es mucho peor perder una de las enseñas del partido desde que Alberto Ruiz-Gallardón  derrotara en las urnas a Joaquín Leguina en el ya lejano 1995. Al tercer intento fue la vencida.
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