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De rarezas y tonterías en vísperas

domingo 09 de agosto de 2015, 11:05h

Definitivamente estamos ante un verano que, como diría el padre de Julio Iglesias, está siendo “rrraro, rraro, rraro”. Después de cincuenta días ininterumpidos de sucesivas olas de calor que, además de tenernos asfixiados nos van acostar un riñón cuando Endesa nos mande la factura de la luz y el aire acondicionado en septiembre, llegan ahora anticipadamente las tormentas de otoño y nos devuelven esas noches de tarraza y tinto de verano que tanto hemos echado en falta durante julio y agosto. Si estuviéramos en la Roma de los césares todos estos fenómenos meteorológicos se hubieran interpretado como un aviso de los dioses, como un mal augurio de lo que nos espera a los españoles en los meses venideros.

Tanto es así que si yo fuese Mariano Rajoy le encargaría a su oráculo de Delfos particular, que no es otro que Pedro Arriola “El demoscópico”, que analizara el vuelo de los cuervos sobre la Moncloa y las vísceras de los pollos y los patos que le están sirviendo en el arroz en Doñana. Porque no me extrañaría nada que los augures encontraran señales inequívocas del “nefas” que apuntarían a un mal otoño y a un dramático invierno. Como le avisaran a Julio César, tendrían que advertir a Rajoy que se guardase y mucho de las calendas de septiembre y diciembre en las que sus enemigos, desde Arturo Mas a Pedro Sánchez, pasando por Pablo Iglesias y Alberto Garzón, están prestos para unir sus fuerzas, sacar los gladios y darle las cuarenta puñaladas preceptivas en las escaleras del Congreso. Como pueden observar, estoy aprovechando bien estos días la lectura de las novelas históricas que mi estimado Yiyi ha metido en mi e-book. .

Hablando de Pedro Sánchez, les comento que un amigo arjonero con el que suelo charlar de estos asuntos de política me lo definia ayer a la perfección cuando yo le señalaba que es una especie de Zapatero bis. “No te engañes, me decía, es bastante peor. Zapatero es como decimos en Arjona, un “tonto vestío” o un “tonto con balcones a la calle” como le llamais en Sevilla, en decir, un tonto tonto, mientras Pedro Sánchez es de momento un tonto en vísperas”. Cuando le pedí que me aclarara la expresión, me lo definió en escasas palabras. “Un tonto en vísperas es uno que aún no es gilipollas pero que está haciendo serias oposiciones a serlo con todas las de la ley en un breve periodo de tiempo. Y eso es Pedro Sánchez, un tonto en vísperas que trata de imitar a su antecesor y a superarlo si es posible”.

Lo único cierto es que como consiga hacerse con la Presidencia del Gobierno de España en las elecciones de diciembre con el apoyo tácito o encubierto de los muchachos de Podemos nos quedan a todos aguantar cuatro años de coco y huevo, dilapidando de un plumazo todos los esfuerzos realizados para sacar a este país de la crisis. No hay peor cosa que un tonto que se cree genial. Y es una pena porque hay que reconocer que Sánchez tiene toda la pinta de un líder carismático. Pero como contaba la fábula de Samaniego sobre lo que le decía la zorra y el busto después de olerlo, “su cabeza es hermosa pero sin seso”.

Aunque en esto de la ausencia de seso, la escasez no afecta solo al PSOE sino también al PP. Viendo la lista que los populares presentaron en Arjona en las últimas elecciones municipales uno llega a entender claramente por qué fracasan una y otra vez en los pueblos del interior de Andalucía, en esa Andalucía profunda en la que. según ellos, los socialistas mantienen una tupida red de clientelismo. Eso puede ser cierto, pero es que, además, el PP no hace nada por impedirlo, al contrario, le hacen el juego. En lugar de captar a jóvenes preparados e ilusionados que se pateen la calle y seduzcan al electorado con mensajes atractivos, suelen colocar en las listas al primero que se ofrece y rellenarla con advenedizos de fuera a los que nadie conoce. No es de extrañar que no ganen, algo que se da por supuesto, lo extraño es que no hayan desaparecido ya de los ayuntamientos.

En fin, que ya he cumplido el acuador de mi estancia en éste mi pueblo y espero que en los días que me quedan para volver a Sevilla cambie radicalmente el panorama tanto meteorológico como ambiental. Parece que soplan nuevos aires y que podré salir del enclaustramiento al que me había autosometido. Un concierto en Santa María, una comida de hermandad, una vuelta por los olivares de mi madre, el traslado de Reliquias y la llegada de mi hijo van a hacerme despertar de la somnolecia en que me había sumido. Seguiré contándoles.

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