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'Los caminos de Federico': amor, pasión, emoción y frenesí sobre el escenario
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'Los caminos de Federico': amor, pasión, emoción y frenesí sobre el escenario

Lorca y Saraví, Flor y Federico, una actriz y un poeta -el poeta por excelencia-, frente a frente. Poesía en estado puro y a corazón abierto. Voz, palabra y canción, cuerpo, gesto, pasión y sentimiento que una actriz, Flor Saraví, dirigida por Samuel Blanco, recoge de Federico y generosa y abiertamente, con toda la emoción del mundo, las comparte durante poco más de una hora en las tablas de El Umbral de Primavera. Un espectáculo puro, de raíz, delicioso, conmovedor que estremece al espectador que, sencillamente, se deja llevar por la voz del poeta encarnada en esta soberbia actriz.

¡Cómo es posible que ocho décadas después de escritas, las palabras de Lorca suenen como si hubieran sido escritas ayer mismo! Lluis Pascual -que firma la dramaturgia del montaje- escudriñó en las obras de Federico, poesía y drama, y escogió una serie de textos de ‘Poeta en Nueva York’, ‘El Romancero gitano,Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías’, entre otras obras del poeta granadino, los hilvanó, y los recreó en un ambiente apropiado para ser recitados al tiempo que representados sobre un escenario. El actor Alfredo Alcón, el legendario actor argentino (¡Dios mío, aún me estremece el recuerdo de su voz!) y Lluis Pascual lo subieron al María Guerrero hace ya 26 años, en 1989.

Ahora, Flor Saraví, una actriz argentina, aunque afincada entre nosotros hace ya 15 años, ha tenido la iniciativa de rescatar el espectáculo, junto a Samuel Blanco, para devolver, de alguna manera, todo lo que ella debe a García Lorca y a Alfredo Alcón. Del primero conserva todavía sus obras completas, que alguna vez adquirió cuando aún estaba en la Escuela de Arte Dramático de Buenos Aires, en la que estudió a finales de los 90. El descubrimiento de Lorca se transformó pronto en placer y, poco después, en pasión. Hoy todavía lee sobre esa misma edición, con los subrayados y anotaciones de entonces, a los que se han ido sumando muchos otros después a lo largo de los años, porque la voz de Federico sigue hablando fuerte y claro al oído y al corazón de la argentina. Y Alfredo Alcón, aunque muerto también, sigue ahí, en el recuerdo de Flor que lo vio en ese montaje, que ella siempre quiso hacer…

Con esas premisas no es extraño que la actriz haga suyos emoción y sentimiento del poeta y los inocule en vena al espectador en un viaje de placer especialmente pensado para su imaginación y su corazón que no se cansa de golpear una y otra vez. El espectáculo está lleno de matices, de sutilezas, tan lleno de poesía como de gestos o de luz, de música como de silencios, de aire como de agua, de hielo como de sol… Todo eso discurre desde el mismo momento en que For Saraví nos recibe, sentada en la mesa de escritorio, único elemento de la escenografía construida por Mili Paredes y Leo Tortul -que se irá transformando en mesa de zapatero, jaca andaluza, plaza de toros y muchos otros escenarios más a lo largo de la obra-, con los pies metidos en el cajón del escritorio y jugando con una caja de música. Está ataviada con un vestido de novia, de color indefinido que oscila en la gama del blanco al crema (Tatiana de Sarabia ha hecho el vestuario), con su larga melena recogida.

El público

“Siempre que hablo ante mucha gente me parece que me he equivocado de público. Pero unas manos amigas me han empujado y aquí estoy. La mitad de la gente va perdida entre telones, árboles pintados y fuentes de hojalata, y cuando creen encontrar su cuarto, o el círculo de tibio sol, se encuentran con un caimán que se los traga... O con el púbico, como yo en este momento”. Parece que estas son palabras surgidas del dramaturgo o de la actriz, para comenzar empatizando con el público al iniciar el espectacúlo, pero no. Son palabras de Federico, todas son palabras del poeta, de principio a fin del montaje, que pián piano, poquito a poquito, envuelven, embelesan, fascinan, mecen y estremecen. Y así durante los cinco actos que, separados con un gong metálico, todo discurre en unsantiamén entre poema y poema. Y todos ellos dramatizados con el gesto, la curvatura del cuerpo entero (cabeza, brazos, piernas, tronco…) adecuados para facilitar su interiorización en el espectador. Y todo sin que el ritmo, la cadencia, el tono se salgan un milímetro de lo mil veces pautado entre director y actriz, y con la luz y el sonido precisos.

“Amor, amor herido…/Amor, estoy herido, /Herido de amor, herido…/ muerto de amor...”. “Dame el pañuelo, que voy a llorar hasta que de mis ojos salga una muchedumbre de siemprevivas”… Y por allí van discurriendo, poema tras poema, personaje tras personaje: Como en el 'Romance de la talabartera’, de ‘La zapatera prodigiosa’,con el zapatero y su joven esposa, la zapatera; el amante de ésta y su caballo. O el de una titiritera que descubre la ciudad de los gitanos y mueve la luna, el sol, la Virgen y San José, como marionetas de ‘Romance de la guardia civil española’. Y los famosos ‘Verde que te quiero verde’ y ‘Anda jaleo, jaleo’ transformados en copla y con música también de Federico.

Y así hasta el final con aquel íntimo poema lorquiano: “Si muero, Dejad el balcón abierto…”.

La intensidad del texto, la pasión de la actriz sobre el escenario y la actitud receptiva del público se dan siempre en esta función que lleva ya más de un año saltando de escenario en escenario regalando belleza, calor, amor y calidad. Estamos seguros de que muy pronto podremos verlo sobre cualquier otro, dentro o fuera de Madrid. Flor y Federico seguirán eternamente abriendo su pecho y dejando que surja la palabra. Espectáculo total, estremecedor, imprescindible.

Los caminos de Federico’.

Dramaturgia: Lluis Pascual

Dirección: Samuel Blanco

Escenografía: Mili Paredes y Leo Tortul

Vestuario: Tatiana de Sarabia

Diseño, fotografía e imagen: David Ruiz

El Umbral de Primavera (C/Primavera, 11. Metro Lavapiés)

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