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Todo un laberinto de emociones en 'El coleccionista', de John Fowles, en magnífica adaptación al teatro de Carlos Martínez-Abarca
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Todo un laberinto de emociones en 'El coleccionista', de John Fowles, en magnífica adaptación al teatro de Carlos Martínez-Abarca

miércoles 09 de diciembre de 2015, 15:53h

En 1965 ‘El coleccionista’, una novela de John Fowles, pasó al cine dirigida por William Wyler (con Terence Stamp y Samantha Eggar), y la compañía de la sala Arte&Desmayo decidió arriesgar y subirla también al escenario teatral, en la sede de la compañía (Baleares, 14, metro Marqués de Vadillo), donde ha permanecido más de dos años. A partir del mes de febrero próximo la propuesta salta a este otro lado del Manzanares y, con toda probabilidad, volverá a exhibirse en un teatro muy próximo a la Gran Vía madrileña.

Carlos Martínez-Abarca es el responsable de la estupenda dirección y versión que el espectador puede disfrutar, pero sin olvidar en todo caso que la obra es un thriller en donde la violencia externa e interna, la que se ve y la que no se ve, está presente del principio al final del montaje. ¿Cómo, si no, podría calificarse al secuestro de una mujer por un hombre que, además, es un psicópata?

Juanma Gómez es Frederick, un joven solitario coleccionista de mariposas. Un golpe de suerte le hace ganar un premio importante en las quinielas y decide abandonar su trabajo y alejarse de Londres, la ciudad donde vive, para comprar una casa de campo, alejada del mundanal ruido de la metrópoli. Pero no le gusta nada estar solo y secuestra a Miranda-papel que representaCristina Arranz-,una joven estudiante, hija de un médico, a quien Frederick lleva siguiendo ya hace tiempo y con la que está obsesionado. Poco amigo de los preámbulos en la conquista amorosa, el joven secuestra a la estudiante y la recluye en el sótano de la casa de campo que acaba de comprar, en donde ambos generarán una relación turbia y contaminada por la situación de poder que se establece entre secuestrador y secuestrada. Él la considera una pieza más de su colección, mientras que ella tiene un único objetivo: escapar de allí a toda costa.

En el transcurso de varias semanas que dura el secuestro, la mujer y el carcelero van a tener tiempo de hablar mucho en torno a temas tan nucleares como la libertad, la represión sexual (Miranda averigua que Frederick es impotente…), las injusticias sociales o la condición humana. Pero siempre en una situación de desigualdad patente, porque uno decide si se abre o no una puerta para subiral piso de arriba en donde, al menos, corre algo de aire, y entra la luz del sol, o si la secuestrada puede o no tomar un baño… La situación límite que plantea John Fowles es percibida por Carlos Martínez-Abarca, a través de los ojos de Heráclito: «es mejor que los hombres no tengan todo aquello que desean».

El montaje

Antes de comenzar propiamente la representación, mientras los últimos espectadores van acomodándose en la sala, se oyen voces y sollozos de una chica amordazada, mientras que en escena aparece Frederick Clegg, repeinado, con una caja de cartón donde guarda un libro, unos animalitos con los que juega, una cajita pequeña de donde saca unos naipes con los que hace un solitario. Cada vez que suenan las voces de la chica, sonríe. Su aspecto y su comportamiento hacen pensar en otro personaje con muchas afinidades psicológicas con él: Norman Bates, el personaje de ‘Psicosis’. Con gestos lentos, extremadamente meticuloso y con una mirada turbia, de psicópata, el espectador se apercibe desde el primer momento que no se encuentra ante un hombre normal y corriente. Mientras, suena música de piano.

A lo largo de todo el montaje suenan las Variaciones Goldberg,de Bach, cuya perfección, elegancia y armonía contrastan con la situación de violencia y terror que un personaje provoca en el otro de principio a fin de la obra. Juanma Gómez y Cristina Arranz hacen un ejercicio excelente de construcción y deconstrucción de la personalidad de sus dos personajes. Gómez, incluso, se desdobla en el papel de narrador y de personaje protagonista de la obra, con la misma facilidad con que el entomólogo inserta en su lugar la nueva mariposa capturada, como si tal cosa… Y ambos se manifiestan en la medida justa que impide al espectador salirse de una situación enmarañada y tensa, de la que únicamente se libera cuando laluz funde a negro y conoce el desenlace final del secuestro.

La dirección de Carlos Martinez-Abarca es excepcional. Plantea dos espacios, el inmediato y más cercano al espectador con apenas un camastro que sirve de lugar de reposo para la mujer secuestrada, y otro más alejado, con dos sillas de salón, que lo traslada a la planta de arriba, a la que alguna vez el secuestrador permite subir maniatada a la secuestrada, para “celebrar” algún acontecimiento generado entre la pareja. Al mismo tiempo, cíclicamente y cuando conviene en función de lo que sucede en primer o segundo plano de escena, al fondo se proyectan también la colección de mariposas de Frederick o las fotos que este toma a Miranda… (“Cuando fotografías algo, muere”, le dice Miranda).

“No se puede comprar la felicidad”, dice Frederick. “No somos más que insectos. Vivimos un poco y luego morimos”, añade. El montaje provoca una tensión y una sensación de claustrofobia crecientes que el espectador vive paralelamente a las que sufre Miranda en ese complejo laberinto de emociones por los que Martínez-Abarca ha sido capaz de hacer que transiten ambos actores a lo largo de casi dos horas en ‘El coleccionista’. Un montaje más que recomendable, pero sabiendo -como hemos intentado transmitir nosotros- que lo que se va a ver en escena no es precisamente una alta comedia donde el jijí, jajá es el resumen de cuanto sucede…No, ni mucho menos.

El director y la protagonista, Carlos y Cristina, nos lo contaron así en la TV de Diario Crítico, poco antes de que asistiésemos a la función:

“La obsesión, la manipulación y las relaciones humanas protagonistas de ‘El coleccionista’”

‘El coleccionista’

Autor: John Fowles

Traducción: Brígida López, a partir de la adaptación de Mark Healy

Versión,Dirección y Espacio escénico: Carlos Martínez-Abarca

Intérpretes: Juanma Gómez, Cristina Arranz

Voz en off de George Paston: Fernando Sansegundo

Iluminación y audiovisuales: Álvaro Gómez

Vestuario: Arte&Desmayo

Diseño gráfico: Roque Domínguez

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