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Un Ayuntamiento del siglo XXI

Este miércoles el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, y su equipo de gestión han abierto las puertas a la ciudadanía del que algunos ya denominan como el "nuevo Ayuntamiento" de la capital, con motivo de otra edición de lectura pública de la Constitución Española de 1978. Muchas personas han aprovechado la ocasión para conocer por dentro la sede central de su Administración local.

Sin menospreciar el significado histórico y el valor arquitectónico de la Casa de la Villa y de sus edificios adyacentes, se puede afirmar que el Palacio de Cibeles es o será, cuando finalicen los trabajos de traslado y asentamiento de funcionarios y políticos, un edificio acorde con el Madrid del siglo XXI. A primera vista, su interior transmite amplitud y luminosidad. Y también me quedo con la satisfacción con que sus nuevos inquilinos mostraban las distintas dependencias a los visitantes ocasionales.

Otra cosa es la factura de la obra, que como siempre pagarán o pagaremos igualmente los de siempre. La jornada sirvió también para que algunas personas, que minutos antes habían contemplado el belén municipal, preguntaran si las ratas existían realmente o si se trataba de otra leyenda urbana. Con esta reforma y con la acometida en pasadas legislaturas en la Real Casa de Correos, Ruiz-Gallardón y su equipo han demostrado que si algún día no tienen cabida en la vida política, esa firma comercial que todos conocemos puede contratarlos, con total garantía, como reformistas y decoradores de edificios. Eso sí, deben ser edificios con solera.

Tras la visita, todo transcurría con normalidad hasta que nos llegó la noticia del fallecimiento del segundo guardia civil herido en el atentado terrorista del pasado día 1 en el suroeste de Francia. Los agentes Raúl Centeno, de 24 años, y Fernando Trapero, de 23 años, madrileños los dos, ya nunca conocerán como sede municipal el Palacio de Cibeles, y éste ha quedado en sus memorias, para la eternidad, como el Palacio de las Telecomunicaciones que fue antaño. Algunas culturas utilizan las armas, o la pólvora, solamente en determinados festejos sociales. Ojalá aquí no se utilicen más las armas, ni siquiera para matar a las supuestas ratas del Palacio de Cibeles.

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