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Encrucijada esencial

viernes 04 de septiembre de 2020, 14:21h

Dejar de ser. La disolución del “yo”. Y es que nos cuesta mucho aceptar la lucidez. Esta es una sociedad angustiada, embargada por la sensación de indefensión.

Sí, una sociedad narcisista, de acción, consumista, en búsqueda de diversión, de relación. Una sociedad impulsiva.

Estamos muy alejados de El Quijote, que no siente miedo, pues sus ideales están muy por encima de todo, aún de la derrota.

Nos cuesta mostrar en público un criterio minoritario, que gradúa, que matiza, que exige valor. Y en este punto debemos preguntarnos, ¿qué pensamientos transmitimos? Sí, es hora de pensar la complejidad, de atisbar que estamos perdiendo la libertad, en una sociedad donde se impone la seguridad.

Esta sociedad ansiógena, de temor, se puede precipitar hacia un miedo paralizante. Hemos de aprender a vivir con lo imprevisto y a propugnar la fraternidad universal.

Asumamos que alcanzar una vida cumplida, realizada en el día a día, esa es la forma de afrontar la muerte.

Muerte que hemos de reflexionarla, mientras en la vida hacemos lo que pensamos.

Seamos conscientes de que la ciencia está devastada por la hiperespecialización, y que el miedo a la muerte no desaparece con la respuesta paliativa.

Es claro y manifiesto, que la pandemia Covid19 ha desbordado los conocimientos y aún los consejos de la ciencia. Padecemos con el saber científico un espejismo de curación, y cuando no puede ser así, le solicitamos que nos facilite una muerte dulce, indolora.

Ciertamente no somos ajenos a nuestra condición mortal, a la incertidumbre para creyentes, agnósticos, ateos, del después de la muerte.

Y es que nos da pánico la Nada. ¿Y la eternidad? Este mundo no quiere enfrentar la muerte, siendo que como en acertada metáfora nos comentó en los Cursos de Verano de San Sebastián, Juan Manuel de Prada, «al igual que el bosque nos da miedo, más cuanto más inexplorado, así acontece con la muerte».

¿Qué ha cambiado del antes al ahora? Que había un apoyo colectivo en el trance a la muerte; que las religiones (en pareciera decadencia), daban plenitud, más allá de la vida, entendiendo la vida, como la de un gusano que da paso a una crisálida.

Somos conocedores de que la evolución de la sociedad ha ido de la mano de las epidemias. El riesgo está, en instigar el miedo, pues puede devenir en destruir el nexo social; la colectividad puede interiorizar la demonización del otro.

Que la espiral de temores, no convierta la vida en una locura paranoica.


En Madrid, a 3 de septiembre de 2020


Javier Urra

Dr. en Psicología y Dr. en Ciencias de la Salud

Académico de Número de la Academia de Psicología de España

Javier Urra

Psicólogo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Primer Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid. Académico de Número de la Academia de Psicología de España.

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