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2008: un año en que viviremos en el conflicto

2008: un año en que viviremos en el conflicto

Todo parece indicar que el 2008 será en Chile un año en que viviremos bajo el signo del conflicto.

Se trata del tercer y penúltimo año de la Presidenta Bachelet y todos los actores políticos parecen empeñados en tensar las cuerdas, lo que en buen chileno  se llama “hacerle vida imposible” a la Mandataria.

La ofensiva se inició antes del Año Nuevo, pero con la llegada del 2008 se observa un estado febril

Desde luego, es sumamente sospechoso  el origen de los apagones que sufrieron miles de hogares de la capital chilena en la última noche del 2007, generando un estado de molestar ciudadano, de crítica a la autoridad y de demanda de “mano dura”.

Los trabajadores subcontratistas del cobre, orientados por el Partido Comunista, iniciaron movilizaciones y al margen de sus razones, amenazan con “tomarse” los yacimientos mineros, para demostrar sus músculos.

El Partido Humanista- que está asumiendo la representación de todos los grupos de ultraizquierda, incluyendo los ex insurgentes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez más grupos anarquistas- proyecta un año “en movilización”.

La colectividad “naranja” estima que “se nos vienen meses donde las manifestaciones sociales concentrarían una fuerza importante en las calles. Un 2008 en clave humanista”, y afirma que “estamos ad portas de un desborde social”.

Las movilizaciones “de verano”, de los mapuches, que llevaron a un trágico saldo de un joven universitario muerto, cuando participaba a un ataque incendiario contra un fundo de la zona de Vilcún, en pleno corazón de las comunidades indígenas, en la región de la Araucanía, marcaron también el comienzo de este año inquieto.

Por su parte el presidente de la CUT, Arturo Martínez, ha afirmado que ''el 2007 sembramos, por lo que este año vamos a cosechar”.

Organizaciones estudiantiles  de secundarios y universitarios, por su lado, han   explicitado su rechazo a las propuestas de reforma educacional, surgidas de la Comisión Presidencial que surgió tras la movilización de los “pingüinos” (así se conoce popularmente a los alumnos de la educación secundaria) en abril mayo de 2006, y anuncian nuevas “movilizaciones”.

Por su parte, las fuerzas de oposición de derecha, la Alianza por Chile (partidos Renovación Nacional y Unión Demócrata Independiente) y algunos líderes empresariales, han dejado de lado las formas, y actúan “sin dar ni pedir cuartel”, rechazando los llamados del Gobierno y de la Presidenta Michelle Bachelet “a privilegiar los acuerdos, el diálogo y “desterrar la intolerancia” y la violencia.

El todo es desafiante, las acciones asumen cada vez más carácter violento, y parece que la táctica es el irrespeto a las normas de convivencia, apostar al conflicto, y avanzar tanto como se pueda, aprovechando claro, el orden democrático, para subvertirlo.

La argumentación de que los problemas son acuciantes, de que “ya no se puede más”, de que “la paciencia se agota”, y que “nadie hace nada”, y la práctica de caldear el ambiente, de andar en el límite de la legalidad, parece imponerse dentro de una estrategia general impulsada por anarquistas, ex insurgentes y otros grupos claramente minoritarios.

Los conflictos, que sin duda existen y es necesario enfrentar y resolver, son amplificados y estimulados por la prensa y determinados sectores políticos, y las contradicciones se llevan hasta la exacerbación y al límite.

Es difícil pensar que los políticos y el gobierno no se dan cuenta de a dónde puede conducir esta vorágine y cuantas fuerzas y acontecimientos pueden desatarse

Para el gobierno de la presidenta Bachelet el desafío será  resolver los problemas, adelantándose a los conflictos, desactivándolos antes de que entren en una espiral sin retorno.

La estrategia de negar el problema, reducir su significado, hacerse los lesos  –no verlo- frente a la violencia, las acciones paramilitares, el desafío a la autoridad y la ley, la falta de respeto-no parece ser la respuesta adecuada.

El “segundo tiempo” de la administración, con más autoridad y más iniciativas, con intensificación de las acción gubernamental  en lo que respecta al cumplimiento de su programa social anunciado por la presidenta Michelle Bachelet, podría verse frustrado si la Moneda es llevada a una guerrilla de desgaste constante.

Un gobierno desafiado, a la defensiva, atajando goles,  carecerá de capacidad de maniobra y, mucho menos de iniciativa, para cumplir con sus objetivos, y si de términos futbolísticos se trata, no podrá dominar el balón y convertir en el arco contrario y su defensa será sobrepasada.

Con el riesgo, además, que las “barras bravas” puedan incluso irrumpir en el campo de juego e impongan su lógica de la violencia y la provocación.

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Marcel Garcés
Periodista
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