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Paco Vilariño

El adiós de Castro

El adiós de Castro

Paco Vilariño

 

El adiós de Castro

 

La noticia, que saltaba al filo de las nueve de esta mañana, hizo saltar todos los informativos audiovisuales españoles. Fidel Castro, aquejado --ahora- de grafomanía como antaño lo estuviera de verborrea, anuncia en un artículo en el diario Gramma --su foro habitual desde que fuera hospitalizado hace 19 meses-- su retirada.

Dice el octogenario líder cubano que ya no se presentará a su reelección a los cargos de presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros en la próxima sesión de la Asamblea Nacional que se constituye el próximo domingo 24 de febrero. Alega Castro que se encuentra muy disminuido físicamente y que, por tanto, ya no está en condiciones de seguir como mascarón de proa de la Revolución.

En
Cuba, quiérase o no, se ha puesto en marcha el reloj del cambio. Quedan en puestos claves, como recoge Fidel en su artículo, elementos de la vieja guardia revolucionaria, de los de Sierra Maestra, tal que su hermano Raúl, jefe de las Fuerzas Armadas y  virtual número uno del régimen.

Pero hay también toda una generación de cuadros, entre los 40 y los 50 años de edad, que han hecho toda su carrera durante el medio siglo de castrismo. Como también hay oposición interior, con bastantes más posibilidades de influencia que la tradicional, folklórica y dividida de Miami. El algo más que superficial paralelismo con la transición española está servido. Del castrismo a la democracia. Como por estos pagos fuimos del franquismo a ella.

En Cuba, lo mismo que en España, no sirve aquello de la sucesión: “Después de Castro (Franco en nuestro caso) las instituciones”. En ambos casos la tozuda realidad acabará imponiéndose. No puede haber transición sin ruptura. Eso sí, habría que esperar que se hiciera sin estridencias. La nueva generación del castrismo está por el cambio, aunque sólo sea por meras cuestiones de supervivencia. Como están por el cambio sin traumas innecesarios los opositores del interior. Son ambos sectores quienes, dentro de Cuba, están llamados a ponerse de acuerdo.

Fidel Castro Ruz, con sus miserias y con sus grandezas, con sus fobias y con sus filias, con los aciertos y con los errores de su Revolución, deja de ser el Comandante para quedarse como compañero Fidel. Han sido 48 años de poder personal. Su futuro es el que determinen su edad y su nada boyante estado de salud. Ahora sólo falta saber si su hermano menor, Raúl Castro, puede ser el Adolfo Suárez que Cuba y su transición necesitan. Que esta es otra.

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