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Naturaleza nacional en peligro

El pueblo siente que el gobierno lo traiciona

El pueblo siente que el gobierno lo traiciona

Manglares, bosques, el fondo del mar y naturaleza que permaneció durante milenios en perfecto estado de conservación, son arrasadas sin que quienes administran los patrimonios naturales de Panamá los protejan.

El presidente Torrijos será el orador de fondo en la Conferencia Internacional de Trabajo, en Ginebra, mientras en Panamá los arquitectos y urbanistas de su gobierno se ponen de acuerdo con empresarios inmobiliarios, para invadir las áreas boscosas que permanecieron ocultas a la ambición urbanizadora durante 100 años.

Si algo le tenemos que agradecer a los gringos fue haber protegido -porque significaban la vida del Canal- las extensas áreas de bosque tropical lluvioso que escoltan la ruta interoceánica. “El mayor uso colectivo posible”, dijo Omar, padre del actual presidente Torrijos, cuando recuperó para los panameños las casi 30 mil hectáreas que ocuparon los norteamericanos desde 1904 hasta 1999. Aquel ideal no se ha cumplido en absoluto.

Hace tan solo unos meses un amigo personal del presidente casi logra edificar inmuebles sobre un patrimonio cultural del planeta: EL Camino de Cruces, que fue el primer intento de unir los océanos.  De hecho, una parte del Corredor Norte invadió parte de ese camino, en nombre del progreso. Pero ahora el presidente es cómplice -o víctima- de un madrugonazo de la asamblea de diputados, al sancionar una ley que coló un artículo para que el fragor inmobiliario invada definitivamente las áreas revertidas.

Mientras, hacia el noreste de la ciudad, lomas con extraordinarias vistas de mar esperan que la sensatez de los inversionistas las urbanicen para beneficio de nuestro patrimonio natural, al proteger selvas y manglares.

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