Bueno, pues como sí… Y que no se pongan pesados. Que hoy el socialisterío zetaperil, haciendo de tripas corazón, está de celebración de los cien primeros días de su segundo gobierno. ¿Pero tienen algo que celebrar?, os preguntaréis ustedes/vosotros amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y centesimozetapeados niños y niñas que me leéis. Pues como que sí, y lo siento por el peperío de observancia rajoyiana que utiliza el argumentario de que ZetaPé y su gente están poco menos que en plan autista o más despistados que un pasajero de vuelos baratos en la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas.
Parece mentira que, a estas alturas de la historia económica de la Humanidad nadie caiga en el detalle de lo que para unos es crisis, para otros son beneficios. De hecho, papá y tío Arturo, en esta actual coyuntura, están un tanto preocupados por los excedentes de liquidez que nuestros discretos banqueros de Ginebra y Zürich dicen que tenemos. Y, en tiempos revueltos, no resulta tan fácil invertir adecuadamente. Vamos, que con tanto ladrillo suelto, no alcanzas a colocar adecuadamente tu dinero, por más que las inmobiliarias—ese gran invento español en el que la gente se forra o se arruina con dineros ajenos, caso Martinsa/Fadesa, verbi gratia—fuesen, en su momento, un buen negocio. Desde los tiempos de Atapuerca hasta nuestros días, la síntesis de la economía –aunque se diga que es, ¡je, je, je!, social de mercado— está en comprar barato y vender caro. Un comerciante atapuerqueño de hace 50.000 años sólo se diferencia de Florentino Pérez (ya sabéis, constructora ACS y venta turbo de las acciones de Unión Fenosa para realizar plusvalías) en que el primero iba a trabajar sin corbata (talmente como Miguel Sebastián)…
Estábamos pues, pequeñines/as míos/as, en que en las crisis unos ganan (los de la selecta minoría a la que pertenezco) y otros pierden (todos los demás). Y es lo que está ocurriendo ahorita mismo. Ciertamente las inmobiliarias de cartón piedra y adosados en páramos castellano-manchegos o castellano-leoneses, las están pasando tirando a canutas. Y, debido a esto, los números de la macroeconomía se resienten cosa mala para desesperación de Pedro Solbes, siempre tan meticuloso con las cuentas. Es la contemplación de la botella medio llena o medio vacía. La cantidad de líquido es la misma, sólo varía el punto de vista del observador. Pero hay que tener una visión amplia y un sentido de la síntesis. El sector inmobiliario está hecho unos zorros. Lo reconoce hasta la vicepresi María Teresa Fernández de la Vega. Bueno, ¿y qué?. Hay otros sectores que van viento en popa y a toda vela. El hipotecario, sin ir más lejos. Y las sinergias que crea, por ejemplo, en el sector farmacéutico, que está repuntando con la venta masiva –receta por medio—de ansiolíticos para los atrapados en la hipoteca acelerada, que son millones.
Pero, al tener que apretarse el cinturón los de las clases bajas, hay otras ventajas de valor añadió, especialmente en el capítulo de gasto público. Sin ir más lejos, disminuye el consumo de alcohol y la gente, además, restringe el consumo de tabaco. Y esto, en cien días, es un logro del que se va a beneficiar Bernat Soria, el ministro de Sanidad. Los españoles seréis –esperemos que sólo coyunturalmente—más pobres. Pero estáis mucho más sanos. Luego, habrá menos gasto público. O sea, es un intangible bastante tangible.
Dicen que los de las clases bajas circuláis menos en vuestros automóviles. Que no podéis pagar el precio de los combustibles. Eso conlleva una mayor seguridad vial y, también, un aire más limpio. No hay mal que por bien no venga. Con menos caravana de automóviles en los anillos de las grandes zonas urbanas españolas, yo, al menos, gano en rapidez circulatoria.
Y en cuanto a las compañías aéreas, que restringen flota, plantillas y número de vuelos. ¡Por favooor! Es una excelente noticia para el mantenimiento de la capa de ozono.
Conclusión, amadísimos/as de mi paterno corazón: ZetaPé y su alegre muchachada tienen motivos para celebrar estos primeros cien días de Gobierno. O sea, ¡¡¡centenario feliz!!!... Y el que se queje, aparte de ser un pesimista, es un antipatriota…