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La propuesta de Felipe

lunes 12 de septiembre de 2016, 12:22h

El bloqueo político ha llegado a un punto que pasará a ser insoportable caso de tener que repetir las elecciones con los mismos lideres que cada uno en su registro ya dio de sí lo que sabemos. Muy poco. Dudo que haya quien pueda esperar un resultado que difiera mucho del alumbrado por las urnas en los dos últimos comicios. Aquí el problema reside en la falta de verdadero espíritu democrático de quienes al conocer sus respectivos fracasos -ahora matizaré esta cuestión-, no han tenido la decencia de presentar la dimisión. Hablo de Mariano Rajoy y de Pedro Sánchez y excluyo a Iglesias y Rivera por ser cabezas de formaciones recién llegadas al Parlamento.

En el caso de Sánchez, vista la humillante derrota del 20D -el PSOE obtuvo el peor resultado de su historia- debería haber puesto aquella misma noche su cargo a disposición del partido. Que se la hubieran aceptado o no es otra cuestión. Pero él debería haber renunciado como lo hizo en su día Joaquín Almunia, pese a haber conseguido cuarenta y cinco diputados más que Sánchez. Si la renuncia ya estaba justificada en diciembre ¡qué decir tras el nuevo fracaso de 26 de junio! En cualquier caso, donde ya no quedaba duda en términos de coherencia política -no de ambición que es otra cuestión-, fue no renunciar tras perder la investidura. Si llamativo es el "autismo" político de Sánchez parejo parece el que practica Mariano Rajoy instalado en el limbo del Gobierno en funciones.

El PP que preside perdió tres millones y medio de votos y una cincuentena de escaños el 20D. Pese a ser la lista más votada declinó presentarse a la investidura para ahorrarse el trago de una derrota en el Congreso. La derrota vino después, pese al apoyo de Ciudadanos. Pero esa derrota en la sesión de investidura dada su condición de Presidente del Gobierno, aunque sea en funciones, equivale a una auténtica moción de censura de la Cámara.

En buena práctica democrática, debería haber tomado nota del rechazo por parte de la mayoría y haber dimitido. Dimitir cediendo el liderazgo a otro dirigente de su partido. No lo hizo. Al igual que Sánchez -que día que pasa día que debe considerar un triunfo-, Mariano Rajoy también sigue aferrado al sillón. En su caso no se sabe si es por apego al poder o por miedo al futuro, visto el horizonte judicial que enfrenta su partido. Así las cosas cobra sentido la propuesta de Felipe González. Que se vayan y cedan el paso a otros con menos ambición y más sentido democrático.

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