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Irán, casi medio siglo después

lunes 02 de febrero de 2026, 08:58h

Ya lo dijo el clásico: "Todo lo que puede empeorar acaba empeorando". Irán no iba a ser la excepción. En 1979, al malo malísimo y corrupto Sha Reza Pahleví lo superó con creces el ayatolá Jomeini y, ya en 2026, su sucesor Jamenei, dentro del régimen de los mulás, ha dejado a sus antecesores a la altura de los zapatos en materia de corrupción y represión.

Jamenei, en efecto, ha combinado a la perfección el fanatismo religioso con la represión brutal a la población iraní, que ha dejado en las últimas semanas varios miles de muertos en las calles –algunas fuentes sitúan la cifra en los 30.000–, y docenas de miles de detenidos más en las manifestaciones contra el régimen.

Iniciadas el 28 de diciembre del año pasado en el Gran Bazar de Teherán para protestar por la carestía creciente de la vida (la inflación supera el 40 por ciento, el rial se ha desplomado, el desempleo juvenil roza ya el 30 por ciento y un tercio de sus más de 90 millones de habitantes vive en situación de pobreza), las manifestaciones se han extendido rápidamente a más de cien ciudades y han ido mutando, poco a poco, en un rechazo frontal al sistema, basado en un régimen de terror, represión, miseria y violación sistemática de los derechos humanos que los ayatolás llevan casi medio siglo ejerciendo sobre los iraníes.

Por esta vez, la Europa de los 27 no se ha limitado a actuar como espectador de primera fila en esta nueva crisis internacional y, el jueves de la semana pasada, acordó en Bruselas la inclusión de la Guardia Revolucionaria iraní –o, lo que es lo mismo, el principal aparato represor del régimen– en su lista negra de organizaciones terroristas.

El malestar de la población iraní ha prendido también entre las mujeres, que han vuelto a revivir la muerte de la joven Mahsa Amini en 2022, detenida por no llevar el hiyab de acuerdo a los cánones impuestos por el régimen teocrático y golpeada hasta la muerte por la policía "moral". En estas manifestaciones son muchas las mujeres que se quitan el velo públicamente (un gesto castigado incluso con la muerte), se ponen pantalones vaqueros y camisetas o se sueltan el pelo y fuman en la calle, costumbres occidentales y, por tanto, más que satanizadas por los ayatolás.

Pero, siendo todo esto así, no es fácil concluir en que este puede ser el inicio de una deriva revolucionaria que, más tarde o más temprano, acabe con el régimen. Una observadora privilegiada, Ana Palacio (exministra de Exteriores con el Partido Popular), escribía el sábado 17 de enero en las páginas de El Mundo que "Muchos iraníes rechazan el estado de las cosas, pero no ven qué podría sustituir al régimen ni a qué coste". No esperemos, pues, el colapso inmediato del régimen de Jamenei únicamente por las protestas desde el interior. Y las reacciones de las grandes potencias, al menos hasta la fecha, han sido más bien tibias tanto por parte de China como de Rusia o Corea del Norte (sus máximos aliados), que no han denunciado la represión iraní en ningún momento. La Casa Blanca, por su parte, sigue instalada en una cierta ambigüedad que combina posibles ataques selectivos a puntos clave del régimen con aranceles del 25 por ciento a los países que mantengan relaciones comerciales con Irán. Con todo, hoy el grupo aeronaval del portaaviones norteamericano Abraham Lincoln ya está en el Golfo Pérsico y los EE.UU. cuentan con unos 50.000 militares en la región. ¿Seguirá Irán el mismo camino que Venezuela? La respuesta la tendremos muy pronto, quizás ya en los próximos días.

Y España, ¿qué?

A todo esto, y volviendo ya la mirada hacia nuestro país, lo que es más que llamativo es la hipocresía de ciertos feminismos progres a través de sus silencios cómplices con el régimen teocrático iraní. A Irene Montero, Ione Belarra, Yolanda Díaz o a la misma ministra socialista de Igualdad, Ana Redondo, les traen al pairo las persecuciones de mujeres o de homosexuales iraníes que, sin embargo, tanto les preocupan en España, aún a sabiendas de que los derechos de unas y otros están aquí más que reconocidos por las leyes. Justamente al contrario de lo que sucede en Irán, donde las niñas deben ponerse el velo desde los nueve años o se impone la pena de lapidación a las mujeres adúlteras.

Nada de esto, sin embargo, impidió a Pablo Iglesias, el supremo líder fáctico de Podemos, admitir la financiación del régimen iraní a su productora 360 Global Media, una razón poderosa para seguir callado frente a estas terribles masacres.

José-Miguel Vila

Columnista y crítico teatral

Periodista desde hace más de 4 décadas, ensayista y crítico de Artes Escénicas, José-Miguel Vila ha trabajado en todas las áreas de la comunicación (prensa, agencias, radio, TV y direcciones de comunicación). Es autor de Con otra mirada (2003), Mujeres del mundo (2005), Prostitución: Vidas quebradas (2008), Dios, ahora (2010), Modas infames (2013), Ucrania frente a Putin (2015), Teatro a ciegas (2017), Cuarenta años de cultura en la España democrática 1977/2017 (2017), Del Rey abajo, cualquiera (2018), En primera fila (2020), Antología de soledades (2022), Putin contra Ucrania y Occidente (2022), Sanchismo, mentiras e ingeniería social (2022), y Territorios escénicos (2023) LInkedIn: https://www.linkedin.com/in/josé-miguel-vila-8642271a/

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