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Fenómeno sociológico

viernes 09 de diciembre de 2022, 10:48h

El fútbol lo es todo durante estos días de celebración del Mundial de Qatar. Y seguro que hay argumentos para asegurar que también acapara gran parte de la atención por la Liga en cada país, y, por supuesto, por la Champions en Europa y en cada continente. No es una exageración considerar que el Fútbol lo es todo como fenómeno sociológico que consigue aglutinar todo tipo de intereses y desahogo de frustraciones. Es una evidencia que estamos comprobando en cada partido. Conviene destacar algunos aspectos más relevantes que se dan cita en los mundiales porque enfrentan a equipos de diferentes países y continentes. A quienes nos gusta el buen fútbol, además de querer siempre que gane nuestro equipo, el Mundial nos descubre jugadores, trabajo táctico de conjunto, esfuerzos y sacrificios más que ejemplares y, también, algunas mezquindades, actitudes bochornosas y teatros deleznables para engañar al árbitro.

Más allá de lo deportivo, donde hay que tener muy en cuenta cómo han desaparecido las diferencias entre países de uno u otro continente, lo más destacado a primera vista es el gran negocio que mueve el Fútbol por encima de principios, valores, derechos humanos y espíritu deportivo. Muchísimo dinero que se produce por algo esencial: la capacidad que tiene este deporte del balón para congregar a millones de personas de todo el mundo gracias a la televisión. Y en este apartado hay que subrayar el papel fundamental que desempeñan los buenos jugadores, no solo las grandes estrellas. Pero lo que prevalece es el deseo ferviente de que gane tu equipo promoviendo un orgullo propio, una adhesión y uso de los símbolos y unas masivas manifestaciones de identidad nacional. Podemos criticar que algunos utilizan el fútbol como pan y circo para distraer a las masas, pero hemos visto como ese fenómeno se produce en los países considerados más desarrollados, económica y socialmente. Cualquier país que gane la Copa del Mundo va a salir a la calle para celebrarlo. Sea europeo, americano o africano. Sería un gran sueño que Marruecos, primer país africano en llegar tan lejos en un Mundial, pudiera lograr el triunfo final, aunque ya disfruta de haber eliminado a Bélgica y a España. Su imagen internacional mejora notablemente, el fútbol se convierte en un nuevo signo de la evidente modernización del país en todos sus sectores mientras el orgullo nacional permite una mayor cohesión social.

El rey Mohamed VI se unió en las calles de Rabat a las celebraciones multitudinarias con un júbilo total en todas las ciudades marroquíes y en el extranjero. En España, la celebración de los marroquíes eufóricos se produjo sin incidentes, sirviendo de ejemplo frente a una exigua minoría que hace mucho ruido en las redes sociales, crea un cierto ambiente de falso enfrentamiento, pero en realidad se ve ignorada y rechazada por una realidad que demuestra una buene convivencia. No fue el caso, por desgracia, en ciudades belgas con algunos disturbios muestra de que la integración migratoria sigue pendiente en segundas y terceras generaciones.

En Qatar hemos asistido a encuentros con mucho morbo por sus connotaciones políticas extras. La gran superpotencia norteamericana sufrió para ganar a Irán en lo que se presentó como más que un partido de fútbol. Como ocurrió en el Suiza-Serbia donde las cuentas pendientes se dieron cita una vez más sin que se sobrepasaran los cauces deportivos.

La repercusión no fue más allá de las gradas de los estadios que tanto sufrimiento ha costado para su construcción. Otras circunstancias de la vida en Qatar han ido quedando en el olvido.

Al final, se ha demostrado que lo único que ha interesado cuando ha rodado el balón es que ganara mi equipo y mi orgullo nacional. Eso sí, unos ganan y otros perdemos y el fútbol deja de acaparar toda la atención de una sociedad con muchos problemas. Pero sigue siendo el gran fenómeno sociológico.

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