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Entre gallegos anda el juego

martes 27 de septiembre de 2016, 13:24h

El que mejor entiende al gallego Rajoy es el gallego Feijóo. Entre gallegos anda el juego en el Partido Popular. Cumple con la norma establecida el reciente vencedor de sus elecciones y asegura que su objetivo para los próximos cuatro años es servir a Galicia desde la presidencia de la Xunta. Lo dice porque debe hacerlo y porque conoce la forma de hacer política del presidente de su partido, basada en la paciencia, la frialdad y el agotamiento que produce en sus rivales, tanto en los de otros partidos como en los que tiene en el interior del suyo.

Si alguien hubiese escrito el guión político de cómo hacer que la izquierda española se rompiese en pedazos, para así dejar que una derecha acorralada por las medidas contra la crisis económica y los casos de corrupción se mantuviera en el poder ganando de forma sucesiva y en tan sólo un año tres elecciones generales, esa persona o grupo de personas merecería el Gran Premio Maquiavelo, un galardón que "sin existir, haberlo haylo".

Alberto Núñez Feijóo es tan paciente como Mariano Rajoy y tan gallego de "escalera" como él. Los dos se mueven y muy bien en los descansillos del poder. Los dos son presidentes, los dos llevan en cargos y puestos de la Administración la mayor parte de su vida de adultos, y los dos han ganado por mayoría absoluta el poder del que disfrutan. El primero tiene que esperar al futuro para cumplir con su máximo y legítimo sueño. Y el segundo está administrando el presente para conseguir un futuro en el que bata todos los records, esos que tiene el socialista Felipe Gonzàles con cuatro victorias y 14 años en La Moncloa.

La mera existencia de Podemos impidió que el PSOE, de forma natural y con los equilibrios que existían en la política nacional hasta ese momento, ganase las elecciones de diciembre de 2015. Luego se sucedieron los errores, las ambiciones personales, los intereses y cálculos de tiempos y citas con las urnas en el seno del socialismo y el PP se encontró con que sus propios problemas quedaban por debajo de los que arrastraban a ojos del electorado sus rivales.

Tras lo sucedido desde el mes de mayo de 2015 en las elecciones municipales y autonómicas hasta los resultados del domingo 25 de septiembre de 2016, la conclusión global que sacan Mariano Rajoy y su equipo es clara: a nivel nacional no tienen rival, todos han " muerto", y a los que vengan les espera eso, una larga espera para conquistar el poder.

Si hay terceras elecciones el 18 de diciembre y el presidente en funciones las gana - que las ganarà - con los escaños suficientes para formar gobierno - por sí sólo o con la pequeña ayuda de Ciudadanos - y comenzar una nueva Legislatura se cuatro años que le llevaría hasta diciembre de 2020, ¿ qué o quienes le impedirían volver a presentarse y con evidentes posibilidades se victoria?.

Recomponer un centro izquierda que pueda disputarle el poder al PP y a Mariano Rajoy pasa por la " disminución política" de Podemos en favor sel PSOE, por la desintegración de éste y el cambio estratègico del partido morado, o por una serie de " fusiones" autonómicas" que permitan una suma de escaños superior a los que tenga el partido único y nacional en el centro derecha que, hoy por hoy, es el PP.

Puede que pensar a cuatro años vista en la política nacional y en los cambios que se van a dar en la misma en cuanto a personas y situaciones tenga un mucho de política ficción. O no, si plagiamos a Mariano Rajoy en su expresión favorita. Dando por hecho que lo posible es también probable, el hombre que ya ganado tres elecciones y està a punto de ganar la cuarta - con lo que empataría con Felipe González y doblaría lo conseguido por José María Aznar - puede plantarse en 2020 como candidato para lograr su quinto entorchado de ganador y de record e igualar en el tiempo al líder socialista. Conseguido todo lo que se puede conseguir en política desde sus lejanos tiempos de concejal en Galicia, tan sólo se trata de mirar a la historia, que es una sucesión de paciencias, algo en lo que los españoles estamos acreditados.

Con ese panorama en su cerebro y su primera paternidad por delante a los 55 años, el orensano Feijóo puede que tenga que centrarse en batir records en Galicia mientras su paisano galaico lo hace en España. Es el premio y el castigo de las meigas.

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