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'Elizabeth Nietzsche en Paraguay o Dios ha muerto o La voluntad de poder': la funesta manía de pensar

'Elizabeth Nietzsche en Paraguay o Dios ha muerto o La voluntad de poder': la funesta manía de pensar

lunes 17 de mayo de 2021, 13:08h

Friedrich Nietzsche (1844-1900), filósofo, poeta y filólogo alemán, fue quizás el hombre que más influyó en la filosofía del siglo XX. Ciento veintiún años después de su muerte, todavía resuena en las mentes del hombre de hoy su tajante proclamación: “Dios ha muerto”. Y es que Nietzsche estaba convencido de que los valores que habían venido rigiendo las conciencias, los ideales del hombre de su tiempo representaban una “moralidad esclava”, una moralidad creada por personas débiles y resentidas que fomentaban comportamientos como la sumisión y el conformismo.

Ahora el psiquiatra y dramaturgo chileno Marco Antonio de la Parra reaviva el viejo dilema en ‘Elizabeth Nietzsche en Paraguay o Dios ha muerto o La voluntad de poder’, una de sus últimas obras, cuyo estreno en Europa tuvo lugar el pasado viernes 14 de mayo en el Paraninfo de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid en un montaje llevado a cabo por su Laboratorio de Prácticas Performativas, que coordina la Prof. Nieves Martínez de Olcoz, con dirección de Cristian Figueroa, y con un elenco formado por doctores y doctorandos de la Facultad: Sonia Sánchez (Elizabeth Nietzsche, hermana del filósofdo), Juan Claudio Burgos (Profesor), Fran Otero (Joven) y Sergio Herrero (El Viejo, supuestamente loco, el propio Nietzsche en sus últimos años de vida).

Con este drama filosófico, despejar la incógnita sobre el axioma radical de Nietzsche (“Dios ha muerto”), De la Parra intenta poner nuevamente sobre la mesa las preguntas esenciales, los elementos suficientes sobre el escenario, para que el ser humano de hoy se plantee seriamente su situación frente a la propia existencia: ¿Qué quedan realmente de aquellos ideales de libertad, lealtad, fraternidad, igualdad, heroísmo, dignidad, progreso y hasta amor por el semejante en estos albores del siglo XXI?

La fábula se sitúa en Paraguay, tal vez, o en Buenos Aires en llamas, también. El clima dramático lo pinta el autor con precisión de cirujano: “Clima de fin de siglo occidental. Oscuro, electrónico, metálico. Sucio. Distintas ciudades de un mismo continente. Tal vez escenarios simultáneos: un cuarto, una estación de tren, la calle, la casa adinerada, el automóvil bajo la lluvia, una plaza de juegos infantiles”. Al dramaturgo le bastan cuatro personajes para plantear la acción de la fábula. El Profesor da las últimas instrucciones al Joven para llevar a cabo un atentado letal contra esa “señora alemana que cuida a un viejo loco”, y a su hermano, que está en silla de ruedas.

“Joven: ¿Por qué ellos? / Profesor: No se te ocurra repetir esa pregunta. No hay razón. Ninguna. Necesitamos que sea un acto gratuito. Casual. Inútil. Que ellos no lo entiendan. Que rompa todo plan. Que demuestre que no hay ni existe proyecto superior de demiurgo alguno. Que deje bien en claro de una vez por todas que el hombre escribe su propio destino. Que escandalice. Que despierte a esa plebe de borregos, ese rebaño de imbéciles que puebla la ciudad. Debe ser horroroso. Y cruel. E inesperado”.

Los 75 minutos del montaje, estupendamente interpretado por los cuatro actores, van creciendo en intensidad a medida que se desarrolla el drama. El lenguaje es sencillo porque, palabra a palabra, no hay ninguna de ellas que le resulten lejanas al espectador, pero la profundidad de las ideas que contienen, le obligan a permanecer muy atento de principio a fin. Sería, incluso, aconsejable que se leyese con antelación, aunque -que sepamos-, no está publicado aún de forma independiente, aunque sí formando parte del libro sobre el dramaturgo chileno recientemente presentado en Filología, La tragedia del lenguaje, coordinado por Nieves Martínez de Olcoz y Sonia Sánchez Fariña (Ed. Libros de la Resistencia. Madrid, 2021).

La puesta en escena, aunque modesta en medios, fue rotunda en los resultados gracias a la entrega del equipo artístico y técnico del montaje, y me remito a las pruebas ya que fue retransmitida en directo a través de streaming, y la grabación puede verse aquí.

Aunque, como digo, los cuatro actores dan auténticamente la talla de los complejos personajes, es quizás Sonia Sánchez Fariña quien más emoción, intensidad y sutileza aporta a Elizabeth (delicioso, sublime ese tango que suena en un viejo tocadiscos y que Elizabeth se marca con el Joven), y Juan Claudio Burgos, que dibuja también a un Profesor pragmático y metódico que no quiere dejar al albur de los acontecimientos y las casualidades el destino que él ha fijado para el resto de los personajes que comparten con él la escena.

Y, como siempre, acaso sea ese Viejo, supuestamente loco quién defina con más lucidez este pedazo de vida que es ‘Elizabeth Nietzsche en Paraguay o Dios ha muerto o La voluntad de poder’, cuando, casi al término del drama, viene a afirmar que el final del curso no es la muerte sino la locura.

Un drama, en fin, brillante, intenso, exigente, complejo y solo apto para espectadores inteligentes.

‘Elizabeth Nietzsche en Paraguay o Dios ha muerto o La voluntad de poder’

Texto: Marco Antonio de la Parra

Directora del proyecto: Nieves Martínez de Olcoz

Dirección: Cristian Figueroa

Intérpretes: Fran Otero, Juan Claudio Burgos, Sonia Sánchez y Sergio Herrero

Escenografía: María José Martínez

Iluminación: Cova Mejía

Vestuario: Victoria García

Documentación: Beatriz García Rodríguez

Música: Gaspard Chambon

Ayudante de dirección: José Francisco García

Ayudantes de producción: Leonor Ferreira Crespo y Sergio Álvarez Torres

Paraninfo de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid, 14 de mayo de 2021

Próxima representación: 22 de mayo de 2021 en la biblioteca Pública Iván de Vargas

(Preinscripciones en B.P Iván de Vargas: https://cutt.ly/xbTpUuv)

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