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'La fiesta': dolor, incomunicación, monotonía y violencia en familia

'La fiesta': dolor, incomunicación, monotonía y violencia en familia

jueves 14 de abril de 2016, 10:18h

“Si naciste pa martillo, del cielo te caen los clavos” podría haber sido el lema del neorrealismo italiano o español, pero no lo es. Rubén Blades hablaba en estos términos de su Pedro Navaja, aquelantihéroe musical cuyo diente de oro iba alumbrando toda la avenida,las manos siempre en los bolsillos de su gabán/pa que no sepan en cuál de ellas lleva el puñal”. Y es que hay mucho de neorrealismo y de ese determinismo fatalista que lleva siempre consigo la pobreza en ‘La fiesta’, de Spiro Scimone, y en versión de Álvaro Vicente, en excelente montaje dirigido por Jorge Muñoz en la Cineteca-Naves del Español, de Matadero (Madrid).

En el centro del escenario, y rodeada por el público en sus cuatro lados, una minúscula cocina de apenas dos por dos metros cuadrados, con una mesa y dos sillas de formica destartaladas, sobre una plataforma ligeramente elevada. Luces de todos los colores alumbran el espacio, que más parece una verbena, porque está a punto de celebrarse el vigésimo aniversario de una pareja, con un único hijo, que también vive en esa casa cuyo paisaje interior no parece haber cambiado en todo ese tiempo. Alrededor, ropa por doblar, olor a café y leche calientes y periódicos -¡periódicos por todas partes!- que, a falta de la Enciclopedia Británica, se consultan a diario para empaparse de todo un poco: noticias de ayer (para que las noticias “estén más confirmadas” hoy), y la adquisición de conocimientos pseudocientíficos que ayudan a regir la monótona, tensa, dura, violenta y dolorosa vida familiar.

La dominación del padre y la sumisión de la madre, resignada ya a padecer todo tipo de vejaciones verbales, desconsideraciones y olvidos, atraviesa la vida doméstica de esa familia, cuyo destino parece labrado a hierro y fuego por los siglos de los siglos. La madre, encarnada aquí por una magnífica Marta Betriu, repite intermitente las mismas historias, en donde busca encontrar un hálito de esperanza para que todo cambie. Pero no, no va a cambiar nada. El padre, ocioso, borrachín y jugador (“Tu padre no sabe ni roncar”, le dice la madre a su hijo), no sirve más que para ejercer su violencia patriarcal, cuyo modelo hatransmitido también al hijo, que se comporta del mismo modo (dominante, despectivo, chulo, nadacolaborador, indolente…) ante su madre. Al hijo tampoco se le conoce oficio, pero trasnocha y se lleva a casa a las chicas que conoce, y que se van dejando las braguitas insinuantes en el baño (a destacar la escena en la que la madre, a escondidas, se prueba la braguita roja de encaje olvidada por la chica de la noche anterior). Jorge Basanta adopta los dos papeles y da una réplica apropiada y a la altura que marca su compañera de reparto.

El montaje dirigido por Jorge Muñoz es tan arriesgado como acertado. Comenzando con la forzada proximidad del público que marca la escenografía -por cierto, diseñada también por Jorge Muñoz-, lo que le hace padecer en mayor grado la tensión, la fragilidad, la incomunicación y el patetismo de la situación que allí se vive; la estudiadísima evolución de los actores en poco más de cuatro metros cuadrados, que ha marcado María Martínez; el espacio sonoro y musical que potencia sincronizadamente cada golpe sobre la mesa de padre e hijo -¡…y son varios!- y en donde resuenan bellísimas melodías y canciones mediterráneas; la iluminación vintage de la multitud de bombillas de colores sobre esa cocina, cuyos únicos “excesos” decorativos son una fotografía enmarcada con los tres miembros del clan, y un calendario transparente, cuyas letras sirvena la madre para calibrar la agudeza visual de su marido.Y, fuera deella,un perchero lleno de ropa que sirve para cambiarse de atuendo y de personaje a Jorge Basanta.

Al fin, la fiesta se hace realidad. Tarta de chocolate (la favorita del hijo), champán, gorritos, regalos… Cae confeti. Suena la música (¡maravillosa!), y la pareja baila. Solo por ver esa escena tan poética, estremecedora y esperanzadora, merecería la pena acudir a la función. Los dos, entrelazados, danzan al son de la música. La expresión de la cara de la madre es de una felicidad radiante. Dura poco. Enseguida comienzan los dos a llorar amargamente... Y es que “si naciste pa martillo…”.

No te la pierdas.

‘La fiesta’, de Spiro Scimone (Versión de Álvaro Vicente)

Dirección: Jorge Muñoz

Reparto: Marta Betriu, Jorge Basanta/Carles Moreu

Vestuario: Ana Rodrigo

Iluminación: Luz. E.T.

Fotografía: Jorge Muñoz

Cineteca-Naves del Español – Matadero (Madrid)

Hasta el 24 de abril de 2016

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