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'Tiempo de silencio', tiempo de anestesia, tiempo de miseria moral

'Tiempo de silencio', tiempo de anestesia, tiempo de miseria moral

viernes 04 de mayo de 2018, 09:28h

Luis Martín Santos (1924-1964), psiquiatra y escritor español, es el autor de la novela Tiempo de silencio con la que se inicia la renovación de la novela social española de la década de 1960. De su actividad como psiquiatra y su interés por la filosofía existencialista, especialmente por Sartre, hablan tanto su tesis sobre Dilthey, Jaspers y la comprensión del enfermo mental (1955) como el ensayo Libertad, temporalidad y transferencia en el psicoanálisis existencial (1964). Pero su obra fundamental es la novela Tiempo de silencio (1962), que supera la estética de la novela social y, recuperando tópicos de la Odisea de Homero, se vale de las nuevas técnicas, como el uso de la segunda persona y el monólogo interior, lo que le ha valido ser comparado con James Joyce. La continuación, Tiempo de destrucción, quedó inconclusa por la pronta muerte en accidente de tráfico del escritor y psiquiatra.

‘Tiempo de silencio’ se convierte ahora, y por vez primera, en propuesta dramática bajo la dirección de Rafael Sánchez, un dramaturgo suizo-alemán de ascendencia española. La versión, realizada desde el texto publicado en alemán y traducida luego al español, es obra del autor austriaco Eberhard Petschinka, estrecho colaborador de Sánchez. El montaje puede verse, hasta el próximo 3 de junio, en la Sala Juan de la Cruz del Teatro de la Abadía que completa así todo un ciclo dedicado durante esta temporada teatral a la memoria histórica en España, tras la recuperación de dos montajes, también estupendos, dirigidos e interpretados por José Luis Gómez, Unamuno: venceréis pero no convenceréis, y Azaña, una pasión española.

Dan vida en escena a los principales personajes de la novela de Martín Santos siete actores -cuatro hombres y tres mujeres- que, en su mayor parte, duplican personajes en ese tiempo y ese mundo opaco, gris, en ese “tiempo de anestesia” que supuso la década de los 40 del siglo pasado en España. Ellos son Sergio Adillo, Lola Casamayor, Julio Cortázar, Roberto Mori, Lidia Otón, Fernando Soto y Carmen Valverde. Todos ellos están formidables en su labor de dar voz a la vez a los personajes, que se convierten también en narradores de su época. Un curioso juego que ha coincidido en la escena madrileña con, al menos, otros dos interesantes montajes que funden lo teatral y lo narrativo, Ilusiones (Teatro Pavón Kamikaze), dirigido por Miguel del Arco y El corazón de las tinieblas (Teatros del Canal), dirigido por Darío Facal. De uno hablamos en estas mismas páginas hace solo unos días, y del otro lo haremos la semana próxima.

Investigar en España

En ‘Tiempo de silencio’ se narra la historia de Don Pedro, un investigador médico de la posguerra española que estudia el carácter hereditario del cáncer, y se queda sin ratones para proseguir sus experimentos. Ante el contratiempo surgido, se ve obligado por las circunstancias a la búsqueda de nuevos ejemplares en un barrio marginal. En esa búsqueda visitará pensiones, burdeles o chabolas, en lugar de institutos de investigación, facultades o laboratorios, porque en aquella sórdida España era mucho más fácil encontrarse con lo uno que con lo otro. En ese periplo Don Pedro verá incestos, se verá envuelto en una operación de aborto, se iniciará sexualmente con prostitutas de tres al cuarto, oirá como la navaja rasga la carne humana, verá de cerca la cárcel y la muerte, y será literalmente cazado por la menor de las hijas de la patrona de la pensión en donde se ve abocado a residir en su malhadada aventura madrileña.

Intérpretes y narradores se alternan en escena para dar continuidad a un relato estremecedor que marca el aislamiento personal y social en el que se encontraban España y los españoles después de la guerra civil y que, posiblemente, tenga también muchos puntos en común -bien es verdad, que por muy distintas razones- en la de nuestros días, conquistada por el individualismo y la virtualidad de las relaciones humanas que nos han impuesto las redes sociales e internet.

Todo sucede ante un inmenso muro destartalado y claustrofóbico situado en medio del escenario y con los siete actores delante de él durante las casi dos horas de función. El muro revela y esconde a la vez todos los espacios que transita la historia: una pensión, un laboratorio, un prostíbulo y un poblado chabolista. Las gentes -los personajes- que habitan ese Madrid de posguerra y sus voces interiores son los verdaderos protagonistas de un montaje valiente y arriesgado que recoge lo mejor y más profundo de la novela de Martín Santos e invita a quienes aún no lo han hecho, a adentrarse de lleno en ella. Escenografía y vestuario son obra de Ikerne Giménez.

Y en medio de esa sordidez, de esa miseria moral que atraviesa ese tiempo, surgen asuntos que todavía hoy no están resueltos en nuestra sociedad: el papel de la mujer, que va mucho más allá de la sexualidad o la maternidad; la violencia de género que sigue haciéndola víctima propiciatoria de la frustración y la derrota personal o social del macho; la falta de medios para mantener la investigación y el desarrollo científico e industrial, que obliga a nuestros jóvenes, en el mejor de los casos, a tener que emigrar a otros países y, en el peor, a sumirse en un estado de apatía y desilusión que los anula como personas.

Rafael Sánchez no ha podido entrar con mejor pie entre nosotros, aportando una visión cercana -no olvidemos que desciende de padres españoles-, y objetiva a la vez. Su propuesta nos pone delante un espejo que demuestra que la frustración personal y social no es patrimonio de una época y que, para superarla, o nos ponemos todos a remar en la misma dirección y en el mismo sentido, o volveremos a reproducir la misma sordidez y el mismo esperpento en que, desgraciadamente, nos hemos visto envueltos durante muchos años de nuestra historia, si ya lejana en el tiempo, no tanto en las consecuencias.

‘Tiempo de silencio’

A partir de la novela de Luis Martín Santos

Dirección: Rafael Sánchez

Versión: Eberhard Petschinka

Intérpretes: Sergio Adillo, Roberto Mori, Lola Casamayor, Julio Cortázar, Lidia Otón, Fernando Soto y Carmen Valverde

Escenografía y vestuario: Ikerne Giménez

Iluminación: Carlos Marquerie

Espacio sonoro: Nilo Gallego

Ayudante de dirección: Andrea Delicado

Fotografía: Sergio Parra

Teatro de La Abadía, Madrid

Hasta el 3 de junio de 2018

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