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Los asesinatos rituales: la persecución del albinismo en África

Los asesinatos rituales: la persecución del albinismo en África
(Foto: EP)
lunes 21 de noviembre de 2016, 14:25h
Es pleno invierno en Busoni, una pequeña comuna al norte de Burundi. En el interior de una choza duerme apaciblemente Cimpaye, una niña de 4 años. En la estancia contigua se encuentran sus padres, el Sr. Nyabenda Pascal y su esposa Modeste Rwasa.

El silencio de la noche se interrumpe con un fuerte estruendo. Se oyen voces. Tres hombres desconocidos se encuentran en el interior de su casa. El matrimonio, alertado, sale de su habitación. Pero ya es demasiado tarde.

Los hombres tienen a su hija, y se dirigen hacia el exterior. Son tres, armados con machetes, y uno de ellos lleva una camisa militar de las Fuerzas de Defensa Nacional. La pareja decide pedir ayuda a los vecinos, quienes inician la búsqueda.

Encuentran el cuerpo sin vida de Cimpaye apenas a treinta metros de la choza. Le han amputado los brazos cuando aún permanecía con vida y se los han llevado, dejando su cuerpo a la intemperie.

Cimpaye es albina. Sus extremidades serán utilizadas para elaborar “muti”, un brebaje cuyas supuestas facultades son procurar suerte y felicidad al que lo consume. Se trata de uno de los numerosos ataques rituales cometidos por los llamados “cazadores”, grupos de mercenarios que vagan en busca de albinos a los que asesinan o mutilan, para vender sus miembros corporales a hechiceros muti.

Un plan regional que acabe con la masacre

Un grupo de quince países africanos ultima un plan regional de acción para frenar la persecución de las personas albinas a través de medidas concretas que mermen su discriminación social y castiguen a las redes criminales que los asesinan para vender sus cuerpos a los brujos.

El plan fue presentado el pasado miércoles en Naoirobi, y prevé una serie de medidas concretas destinadas a aumentar la seguridad de este colectivo. Algunas de estas medidas son tan sencillas como la instalación de barras de hierro en las ventanas, y cerraduras en las puertas.

Entre ellas, destaca el reparto de cemento para cubrir las tumbas de albinos fallecidos, con el objetivo de que sus restos no sean exhumados y utilizados para practicar rituales.

También se pretende instaurar mecanismos para acelerar los procesos judiciales contra los atacantes de los albinos. Así como la inversión en recursos que permitan la reinserción inmediata y segura de las personas desplazadas por los ataques.

Un albino en áfrica no sólo tiene que luchar día a día contra el sol, también con una sociedad que, en el mejor de los casos, les da la espalda. La discriminación y la inseguridad son dificultades a las que una persona con albinismo debe hacer frente a lo largo de su vida.

Amnistía Internacional ha denunciado recientemente que "miles de personas con albinismo están en riesgo grave de secuestro y asesinato por parte de individuos y bandas criminales". En un informe emitido el pasado junio, que se centra en la situación de Malawi, se advierte que “la mayoría de los crímenes siguen sin resolverse, y los cargos y las penas no suelen ser acordes a la gravedad de los delitos, por lo que existe un clima de impunidad”.

Los mitos sobre el albinismo

Para comenzar a analizar el problema es necesario que hagamos un repaso de las creencias asociadas al albinismo que existen desde el origen de los tiempos, y que se han ido modificando con la aparición de diversas variables en el entorno.

A grandes rasgos, estos son los mitos más generalizados sobre las personas con albinismo: La idea más común es que el albino es un brujo, y tiene el poder de crear y transmitir enfermedades a las personas que les hacen mal. Este tipo de acusaciones son habituales no solo a personas con albinismo, sino a otras que crean tensión en la comunidad.

Se trata de una especie de mecanismo de reequilibrio social. También es habitual que se viertan acusaciones de esta naturaleza como venganza ante determinados conflictos personales. En este sentido, la mayor parte de los afectados por esa situación son las mujeres y las personas con alguna condición que les hace diferentes.

Otro mito es que el albinismo es la consecuencia de una maldición de los dioses y de los antepasados fallecidos. Normalmente se entendía como un castigo divino por alguna conducta realizada por la madre.

Con la aparición de VIH surgió la creencia de que mantener relaciones sexuales con personas albinas curaba la enfermedad. Esto desencadenó numerosas violaciones a mujeres albinas, que en muchos casos terminaban en asesinato.

Por último, la creencia en pociones o brebajes hechos con partes del cuerpo de albinos que proveen buena suerte y éxito económico a quien las consume están plenamente vigentes en muchas zonas de África, especialmente en Tanzania.

Resulta extremadamente complicado definir el comienzo de los ataques contra las personas con albinismo en África: debido a la multiplicidad de prácticas culturales y etnias de la región y ausencia de registros formales de los ataques.

Este tipo de actos se cometen desde tiempos inmemoriales para esas sociedades. Algunos antropólogos les han otorgado más de dos siglos de antigüedad, pero en realidad es imposible saberlo con certeza.

El fenómeno se podría explicar a través de la teoría de la causación: la atribución a las personas albinas de los males o infortunios que acaecían en la comunidad que no podían ser explicados. Se trata de un mecanismo que aporta seguridad al grupo: resuelve las controversias y elimina la incertidumbre.

No debemos olvidar tampoco el papel fundamental que ocupa el aprendizaje y la transmisión de esos conocimientos de generación en generación. De tal modo que era común (y todavía siendo habitual en algunas tribus) que se matara al niño albino nada más nacer: era la partera en muchos casos, en complicidad con la madre, la que se encargaba de matarlo, por considerarlo una maldición divina.

En otras ocasiones, los recién nacidos eran sometidos a determinadas pruebas que demostraban si realmente eran humanos; por ejemplo, lanzarlo al río, o dejarlo en la estepa a su suerte. Sólo si lograban sobrevivir (lo cual no ocurría prácticamente nunca) eran considerados personas. Estos ritos, junto con otros asociados a la brujería muti, se han enseñado y transmitido a lo largo de los años, pero no han permanecido inalterables: la brujería se ha ido adaptando a cada época y se ha modificado para responder a las variables necesidades sociales de cada momento. El cambio más sustancial se ha producido en los últimos tiempos con la llegada el capitalismo; que al contrario de lo que podría pensarse a priori, ha intensificado este fenómeno.

Una explicación multicausal

Se trata de un fenómeno de difícil datación: la práctica de este tipo de rituales tiene un origen difuso que se remonta a épocas inmemoriales, sin embargo, determinados factores políticos y socioeconómicos han motivado la renovación de determinados patrones culturales y la introducción de nuevas creencias que han acrecentado de forma drástica el problema.

En este sentido, debemos ser muy precisos al diferenciar esta nueva oleada de ataques (desde el año 2007) estrechamente conectados con factores políticos y económicos, con los acaecidos anteriormente.

En el informe de Under de Same Sun, titulado “History of Attacks against Persons with Albinisme”, publicado el 15 de Julio de 2013, se mencionan dos objetivos o intereses claves que están en el trasfondo de la proliferación de este tipo de crímenes, experimentada en los últimos años: Por un lado, el éxito político. Altas instancias políticas han utilizado este tipo de rituales bajo la convicción de que les llevarán a una victoria electoral. Son muchos los ejemplos que podríamos poner para ilustrar la situación; el propio informe mencionado expone algunos de los casos, que se suceden en numerosos países africanos. De este modo, en Ghana, el jeque Rashid Salawati reveló como algunos políticos en el país habían enterrado niños vivos para progresar en su carrera.

En Senegal, el presidente Abdoulaye Wade afirmó que miembros de la oposición habían participado en la desaparición de 2 niñas albinas en el año 1989. Información que posteriormente fue publicada en WikiLeaks.

En el año 2013, brujos de Tanzania admitían prestar sus servicios a políticos keniatas durante el desarrollo de las elecciones. La inmensa inseguridad a la que se enfrentan las personas con albinismo, en especial en periodo electoral, se puede constatar con el testimonio tanto de cargos públicos que han presenciado la situación, como el de las propias víctimas: muchos albinos han tenido que permanecer largos periodos de tiempo escondidos, perseguidos por grupos sectarios que pretendían matarlos.

Por otro lado, el segundo factor sería la introducción del modelo de economía capitalista en este tipo de países: la magia y la hechicería se convierten en un negocio. En el informe se hace alusión a dos grupos, como los principales benefactores y responsables de la situación: En primer lugar está una gran parte de la población, poco instruida y con arraigadas creencias mágicas, que ve en la brujería la única salida a su situación de precariedad económica, o como el único camino hacia el éxito y la acumulación de fortuna.

Esta situación es consecuencia del contexto de caos económico existente en estos territorios de gran riqueza natural, que son explotados por las grandes potencias, distorsionando los mercados locales. Tanzania es el ejemplo perfecto al respecto: el drástico cambio de una economía de base socialista al libre mercado capitalista, ha propiciado un aumento de la desigualdad social: en el sector de la minería se hace todavía más visible esta realidad, ya que los mineros tradicionales del norte se ven obligados a competir con grandes empresas multinacionales, estando sometidos a una alta competitividad que no pueden afrontar.

Esta situación desesperada conduce a los mineros a comprar amuletos y utilizar la brujería para intentar cambiar su fortuna. Los amuletos (algunos de ellos confeccionados con partes del cuerpo de albinos) son enterrados por los mineros en sus lugares de trabajo.

Sucede algo similar con los pescadores del lago Victoria, que tejen pelo de albinos a sus redes para mejorar su suerte, y poder subsistir en un mercado en absoluto declive (como es el de la industria pesquera en la zona).

En segundo lugar, se encuentran los hechiceros y los que les proporcionan los medios materiales para su negocio. Dentro de este grupo se encuentran también los llamados “cazadores”, grupos de mercenarios que se dedican a matar a personas con albinismo para después vender sus partes corporales a los hechiceros.

Se aprovechan de la desesperación y la ignorancia de una sociedad para obtener un beneficio económico. Son los propios hechiceros los que se aseguran de propagar y mantener este tipo de mitos: los que se encargan de deshumanizar la figura del albino, para poder continuar con prácticas. En Tanzania, un “set” completo de partes del cuerpo de albino (las extremidades, nariz, lengua, orejas y genitales) puede valer alrededor de 75.000 dólares.

Los asesinatos rituales: la persecución del albinismo en África
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