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Cómo gestionar la frustración en nuestros hijos
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(Foto: Pixabay)

Cómo gestionar la frustración en nuestros hijos

martes 13 de noviembre de 2018, 09:50h

Cuando hace unos días Garbiñe Muguruza perdía en semifinales del WTA Elite Trophy y su entrenador le pedía que dejara de estar enfadada, representó para mí la frustración en todo su esplendor. Más en un deporte individual como el tenis, donde ganar sirve para recompensar el trabajo realizado así como motivar en futuros partidos y campeonatos, y sin embargo, perder supone un fracaso.

A otro nivel, pero cuando mi hija de 2º de infantil dice “no me sale el 3”, esta frase cargada de ira, decepción, enfado, lloros, gritos y lamentos, muestra una gran cantidad de emociones difíciles de gestionar. La frustración se produce cuando nuestras expectativas no coinciden con los hechos. La tolerancia a la frustración es la capacidad de enfrentar esas situaciones adversas asumiéndolas y esto permite gestionar mejores soluciones. En el caso de los niños/as recoge su incapacidad para soportar contratiempos, desilusiones o deseos insatisfechos de forma inmediata. Y ahí entramos nosotros, los padres en el caso de los hijos y los entrenadores, los coach, la familia, en el caso de los deportistas.

Los sentimientos frustrantes dependen en gran medida de cada uno, es decir, hay un umbral de tolerancia, y cada individuo se posicionará en un punto determinado, dependiendo de sus características temperamentales y de su interacción con el contexto. Pero además de su personalidad, hay que llenarles de recursos. Son necesarios para hacerles más fuertes. Toca adquirirlos desde la infancia y así, de mayores, sufrirán menos porque serán fuertes y no tendrán la necesidad de tenerlo todo “aquí y ahora”.

La pregunta, entonces, es qué hacer con estas rabietas. Señoras y señores, saber esperar es muy positivo: Escuchar, comprender, explicar, proponer, son estrategias que ayudan a ayudar a gestionar la explosión del enfado. Hay que expresar las emociones y no nos queda otra que armarnos de paciencia y darles mucho cariño, pero ¿y cuándo dan portazos y de paso rompen algo? Es evidente que el enfado le sobrepasa y la reacción es desproporcionada. Cuando ya esté más sereno, es importante analizar con él qué ha pasado, qué le llevó a esta reacción, qué sintió durante y después de lo ocurrido, y qué podemos hacer en el futuro. La identificación de las emociones es fundamental, el enfado no llega de repente, sino que sentimos cómo va en aumento y aparece un nuevo caso de baja tolerancia a la frustración.

Por supuesto hay que aprender a sentir todas las emociones, las negativas también, pero no debemos permitir las reacciones violentas, ni verbales ni conductuales. Aquí entra el control mediante la relajación, la comunicación y la resolución de problemas. Nos toca poner límites, ellos no los conciben y los cuestionan, pero con los años lo agradecerán. No olviden el aprendizaje vicario, el modelaje, la imitación, en definitiva, enseñar con el ejemplo. Lo que nosotros les mostramos, es una de las mayores fuentes de aprendizaje de nuestros hijos e hijas.

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